Del Dios Toro. Por Barquerito: "Una desigual corrida de Pereda".

Domingo, 11 de Abril de 2010 00:00
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DEL DIOS TORO. 10 de abril. Diario de Sevilla.

 Tensión con los dos últimos de festejo · Un armadísimo quinto con toda la carga propia del toro cinqueño y un sexto incierto porque fue exageradamente mirón

Dos toros de mucha emoción

 A los  toros se les pide un mínimo que es a su vez un máximo. Al territorio común de máximos y mínimos se le llama emoción, que es un sentimiento de frontera. La emoción es el riesgo. O viceversa. Sobre esos dos pilares, la emoción y el riesgo, se tienen las funciones de toros. Por tanto, no será gratuito hablar de toros de emoción, que no son capítulo aparte sino la razón mayor del argumento.

 

 

Dentro de la corrida de José Luis Pereda saltaron dos toros de particular emoción  porque uno y otro, muy armados, fueron de particular riesgo. Se hicieron esperar porque el sorteo quiso que salieran de quinto y sexto, y cerrando un festejo que no estaba resultando ni opaco ni brillante. El quinto, por su personalidad tan distintiva de cinqueño, y porque tenía un escalofriante pitón derecho, y el sexto, por incierto y por mirón, fueron aparatosos.

No es que no fueran toros de emoción los cuatro primeros. Sólo que no tanto. Si un toro se distrae, o si tiembla o parece temblar como si estuviera a punto de perder las manos, la intensidad de la emoción baja de grados. Que es lo que pasó con el primero. Cuando el toro se asentó, pegó cabezazos, que es lo que hacen tantos toros sin fuerzas cuando pretenden resistir en pie.

El segundo de corrida se estiró de salida con gran estilo pero el ruedo de la Maestranza se les hace a algunos toros inmensamente grande y este segundo se acabó perdiendo un poco. A esa clase de toros conviene taparlos. Pero antes o después canta la gallina y se rajan con más o menos disimulo. Hay toros que llevan dentro una gallina que canta. Parece mentira. El tercero se encampanaba ligeramente. La estampa del toro encampanado es más propia del campo donde se cría que de la plaza donde se lidia. Encampanarse es señal casi inequívoca de bravura. No fue completo ese tercer toro, ni el de más emoción, pero, cuando embistió, lo hizo descolgado. Y aunque hubo que ayudarlo más de la cuenta, repitió. En el perfil de un toro pone el torero una parte mayor. Ese toro tercero, de línea y condición muy distintos a los de los otros cinco, se vio bien porque lo toreó muy bien uno de Albacete que era nuevo en Sevilla. Se llama Miguel Tendero y no sabe matar los toros, o eso parece, pero los entiende y los templa.

Un bondadoso cuarto fue demasiado frágil y, en fin, los dos toros de emoción, los últimos, llenaron  la escena con el vértigo propio. En un descuido se llevó una cornada menos grave Miguel Ángel Delgado, tan firme toda la tarde. El sexto ponía nervioso cualquiera. No a Tendero, que más firme que nadie, se atrevió a meter en cintura al toro. Muleta al hocico, muleta por delante en el viaje de vuelta. No se mueva nadie, peligra la vida del artista.

Última actualización en Domingo, 11 de Abril de 2010 09:23