TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Pamplona. Cróica de Barquerito: Una dificilísima corrida de Escolar.

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Armada hasta los dientes, mayoría de toros al acecho. Solo un sexto de buena condición


Fonseca le corta una oreja de mérito


Ferrera, pésimo con la espada, corazón y ciencia, se acaba imponiendo con autoridad a un cuarto muy complicado


Pamplona, sábado, 11 julio de 2026. (COLPISA, Barquerito).- 7ª de San Fermín. Calor tropical. 37 grados a la sombra. Lleno. 19.700 almas. Dos horas y diez minutos de función.

Antonio Ferrera, pitos tras aviso y silencio tras aviso. Juan de Castilla, silencio y, tras aviso, aplausos que recogió al retirarse por su propio paso a la enfermería. Isaac Fonseca, silencio tras aviso y una oreja.

Pares muy meritorios de Fernando Sánchez, Miguelín Murillo y Felipe Gravito.

DESCARADOS, paliabiertos, playeros, cornalones, todos cuatreños salvo un sexto cinqueño, ningún cárdeno claro, mayoría de entrepelaos, 595 kilos de promedio: esas fueron las formas de los seis toros de Escolar, su singular escaparate. El fondo: salida con aire de general fiereza; ninguno se dolió, pero tampoco se empleó en el caballo, casi todos cortaron en banderillas, fueron en la muleta un saco de problemas, mirones, esperaron en la igualada midiendo la espada y pendientes de quien la blandía. No duros, sino durísimos de manos para morir.

Con una obligada excepción: el sexto, el mejor hecho de la corrida, el más asaltillado, el más ligero también, fue el único que descolgó de partida y tomó capa por los vuelos, el de más fijeza en los engaños, el más pronto, el de más pies. Con la estocada enterrada pegó un arreón formidable, hizo hilo ciego con Isaac Fonseca y, si no lo distrae el toque de no se sabe qué capote, lo atraviesa contra las tablas. En ellas quedó sentado a horcajadas en tablas junto al burladero de capotes el torero de Morelia, su pundonor de siempre, esperando que el toro doblara ya porque iba herido de muerte.

Se había desplantado de frente y de rodillas un par de veces con él en señal de confianza y al cabo de un tenaz trasteo planteado en un solo terreno -el único de los seis toros que se sujetó sin duelo- y resuelto con cierta seguridad. El toro vino al paso por la mano derecha, pero metió la cara por la otra. Ayudándose de la espada, Fonseca sacó muletazos templaditos entonces. Abrochó dos tandas. La apertura se atuvo al código irrenunciable de temeridades sanfermineras: de rodillas, un cambio por la espalda, el molinete de urgencia y el gesto cómplice de alivio y aliento. Había venido Isaac por todas. Las peñas se apuntaron a la causa. No es fácil descifrar la clave del resorte que provoca el encendido de las peñas de sol, que gobiernan el ambiente de la plaza con su artillería sonora. Necesario pero no imprescindible el consenso tácito de la sombra en ocasiones como esta. Una oreja. Y no de las de regalo.

Este último toro de refresco llegó a última hora. Demasiado tarde. La corrida venia marcada por el quinario que vivió con la espada Antonio Ferrera, que despenó al primero de la tarde, el más manifiestamente manso de lo que va de feria, de media atravesada, entera desprendida, descabello, tres pinchazos, entera caída y siete golpes de cruceta. No tenía intención de morir el toro, que se fue de engaño y recorrió la plaza toda sin que Ferrera se animara a machetear de pitón a pitón, que parecía la única opción. El palmarés de Ferrera en Pamplona incluye unas cuantas hazañas épicas. Pero le cayó una bronca épica también. Se sacó la espina con el cuarto, cornalón, abierto, cornipaso, incierto, frenado, encampanado al salir de suerte, revoltoso en los remates, probón. A pesar de todo, lo acabó domando sin vender humo ni aladear. Fue cuestión de amor propio. Volcó el ambiente, pero el colofón fueron cuatro pinchazos y media en los bajos. Por si quedaba alguna duda sobre el amor propio de Ferrera, sacó al sexto del caballo en su turno y lo redondeó con un quite por las afueras de acento propio.

Lo demás fue sufrir, no poco, y sobresaltos, muchos. Un segundo toro tan playero que no cabía en la muleta y que no dejó asentarse a un voluntarioso y tozudo Juan de Castilla. Un tercero de sobresaliente envergadura, predador, que se vino al pecho por la mano derecha y parecía pensar. Fonseca anduvo, como Castilla, expeditivo con la espada. Y un quinto de corrida, que navegó entre dos aguas. Tardo, obedeció a toques, pero se enteraba y acabó prendiendo feamente al torero colombiano. A sangre y fuego la pelea, cojeando el matador, que no se resignaba. Media y entera. Grogui camino de la enfermería antes de arrastrarse el toro. Se había levantado dos veces después de echarse.

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Cuaderno de Bitácora.- El calor está dejando desiertas las calles. Aglomeraciones en las paradas de las villavesas en Burlada. Las que vienen de Villava y Huarte. Las dos recorren el tramo de Serapio Huici y la calle Mayor de Burlada de punta a cabo. En el cabo final sentido Francia, a mano izquierda, junto a la rotonda de enlace, estuvo abandonada durante muchos años la fábrica de embutidos Mina. La fama del chorizo punteado de Pamplona se fue diluyendo con el tiempo. Pero la del fuagrás de Mina sigue vigente.

No se puede decir fuagrás, porque no lo es, pero sea lo que sea, este paté de casa Mina alimenta, sacia, engorda pero no mata y no se sabe por qué arte de magia tiene una textura suavecísima. No indigesta. En Cataluña hacen cosas parecidas y hasta más refinadas, porque el puerco es un animal sagrado para los charcuteros catalanes, que son de envidiar. Ahora están construyendo en el solar de Mina viviendas de cierto nivel, no de protección oficial. Del precio no he preguntado. El solar es enorme.

La población de Burlada sigue creciendo. Acaba de pasar en número de habitantes a Barañain, que parecía un imposible. He entrado en la página web del Ayuntamiento y me ha hecho gracia descubrir cómo se denominan oficialmente los barrios de la ciudad. No sé cuál es el mío. Dado el volumen de Burlada y Villava, deberían instalarse por los puntos principales paneles con el callejero urbano. Como el mapa de la estación de Abando en Bilbao, por ejemplo.

Mientras hacía un reposo esta mañana en la isla de sombra de plátanos del barrio de  San Juan, he escuchado a dos jubilados comentar que se ha publicado un libro con fotos de burladeses de todas las edades y fotos también de las calles y lugares anteriores al crecimiento de la ciudad. Nostalgia de los dos: Burlada ya no es lo que era, ay!

(Pamplona es un pañuelo. En la plaza de toros me he encontrado con dos primas de mi pueblo. Y luego he sabido que había en un tendido de sombra otro. O sea, cuatro de Gomeznarro en sanfermines. Oriundos.)
Última actualización en Sábado, 11 de Julio de 2026 21:53