Álvaro Serrano, apabullante en la apertura de San Fermín
El novillero de Nava del Rey confirma en Pamplona el alto nivel del día de su revelación en San Isidro
Mario Vilau, una apuesta por el repertorio popular y excelente con la espada, le corta las orejas al mejor ejemplar de una novillada muy desigual de Pincha
Pamplona, lunes, 6 julio de 2026. (COLPISA, Barquerito).- EN LA JORNADA VESPERTINA del 5 de julio inauguró abono en Pamplona una novillada del hierro de Pincha. Lo viene haciendo desde 2018, cuando la Casa de Misericordia decidió retomar la costumbre perdida de anunciar ganaderías navarras en la Feria del Toro. Una ganadería, la de Pincha, radicada en Lodosa, una de las señeras capitales agrícolas de la Ribera y lugar de vieja tradición en la crianza del llamado “toro de la tierra”. Del áspero e indómito toro de la tierra -legendaria la fiereza de las vacas autóctonas- se fue pasando a la regla colonial Domecq, pero manteniendo viva y por separado la reserva original.
Por séptima vez consecutiva volvieron a escena los pinchas de José Antonio Baigorri, que ha moldeado la ganadería sobre dos bases fiables: Gerardo Ortega y Marqués de Domecq. En el aire y el tipo del toro clásico toro del Marqués -entre taurinos, basta con decir Marqués para entender de qué se trata- saltó el tercero de un sexteto de varia traza. Bien pero desigualmente armados los seis. El más ofensivo, ese tercero, armado por delante pero cerrando las puntas lo justo. Fue con diferencia el de mejor nota. Bravo en el caballo y en banderillas, fijo y pronto, entrega humillada por las dos manos. Decidido, aparatoso, emotivo, temerario en apariencia, brillante en un par de logrados pasajes, desplantado con y sin armas cuando convino echar leña al fuego, Mario Vilau, catalán de l’Hospitalet de Llobregat, 19 años, le cortó las orejas, la segunda, para reconocer la ley de una estocada sin puntilla y fulminante porque el toro rodó a sus pies. La taleguilla de seda aguamarina y oro, ensangrentada con un inmenso brochazo. Sangre de un duro y certero puyazo, cobrado por un acreditado piquero del país, el tudelano Juan Manuel Sangüesa.
No tuvieron trato regular ni un primero de feas hechuras, la cara entre las manos, sin golpe de riñón, ni un amplio y cuajado cuarto que se quedó por sistema a mitad de viaje y se revolvía debajo, y eso antes de pararse, ni un sexto encelado sin remedio en el peto de pica que se derrumbó tras un segundo puyazo, perdió mucho las manos y echó exangüe los bofes. Emiliano Osornio, el décimo diestro mexicano anunciado en San Fermín, según el infalible banco de datos de Manuel Sagüés, se estrelló contra el muro del novillo de la apertura -lo mató por arriba- y se compuso con firmeza y formas clásicas ante el revoltoso y pegajoso cuarto. Los doblones ayudados de apertura vaciando la embestida por arriba fueron la joya rara de la tarde-noche. Durante la lidia del cuarto, a pesar de no ser hora lógica de merienda, la inmensa mayoría cumplió con el rito obligado de zampar en los toros. Y ajenos al espectáculo.
El hombre de la tarde fue Álvaro Serrano, que pareció de todo menos un torero nuevo. Debutante en el pasado San Isidro -causó sensación, premiado unánimemente por los jurados- y de estreno en Pamplona, adonde volverá en su día como matador de alternativa. Hecho, seguro, suelto, capaz, académico incluso por exceso, fue dueño de la situación. Poderoso para someter los viajes de un segundo con tendencia a puntear y que fue metiendo en la muleta con notable inteligencia. Una estocada atravesada y tres golpes de verduguillo dejaron la faena en reconocimiento menor. Llegó a torear a placer al quinto, a traérselo por los vuelos, a jugar con el toreo de brazos como si fuera lo mas sencillo del mundo. Solo el error de pasarse de faena y de insistir cuando el toro, cornicorto y cornialto, ya estaba vacío. El capote de brega de Iván García, balsámico, había hecho parecer a los dos novillos mejor de lo que fueron. Fue tarde de muchos quites. Tan solo en el sexto toro se abstuvieron. La palma se la llevó con su deslumbrante variedad Serrano, distinguido en el toreo de recibo. Por navarras, por caleseras, por la verónica ampulosa -gasta capote grande. Osornio, por delantales. Vilau, descarado a la verónica de rodillas, la socorrida chicuelina y, en fin, dos largas de rodillas a porta gayola que, ciegos de salida, ninguno de sus toros atendió.
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Cuaderno de Bitácora.- La calle o avenida de Serapio Huici es la continuación en el casco de Villava de la calle Mayor de Burlada. Están separadas o unidas por una rotonda pelada. Un cartel avisa al caminante de que entra en Villava/Atarrabia (la denomBurlada no tiene edificios de esa categoría. Tampoco un personaje tan interesante y mundano como Serapio Huici, natural de Villava, ingeniero de Caminos, empresario hiperactivo que alentó el nacimiento del diario El Sol -el primer periñodico europeísta y liberal, modernizador en la España de 1917- que prohibió, por cierto, las reseñas de toros. Un prohombre don Serafín. En Burlada, la gloria de don Hilarión Eslava, que no es poco. Y la de su sobrino Bonifacio, que levantó en Madrid el Teatro Eslava. Teatro de larga interesante vida. Lo conocí en sus días de teatro en verso. Excelente nivel bajo la dirección de Luis Escobar.inación en euskera) y poniendo en realce la fecha de la fundación de la villa. 1184. Si haces el camino de vuelta, el cartel avisa de que entras en Burlada
Burlada no tiene edificios de esa categoría. Tampoco un personaje tan interesante y mundano como Serapio Huici, natural de Villava, ingeniero de Caminos, empresario hiperactivo que alentó el nacimiento del diario El Sol -el primer periódico europeísta y liberal, modernizador en la España de 1917- que prohibió, por cierto, las reseñas de toros. Un prohombre don Serafín. En Burlada, la gloria de don Hilarión Eslava, que no es poco. Y la de su sobrino Bonifacio, que levantó en Madrid el Teatro Eslava. Teatro de larga interesante vida. Lo conocí en sus días de teatro en verso. Excelente nivel bajo la dirección de Luis Escobar.





