Corrida accidentada de cuatro hierros y tres sobreros, pero también tres toros de muy buen juego
Superado por el ambiente, el torero sevillano remonta con dos de los buenos pero ni redondea ni remata
Madrid, domingo, 7 junio 2026. (COLPISA, Barquerito).- Corrida In memoriam Ignacio Sánchez Mejías. Estival. No hay billetes. 23.700 almas. Dos horas y media de función.
Dos toros -1º y 3º bis, sobrero- de Domingo Hernández, dos -4º y 6º- de Toros de Cortés (Ricardo del Río), uno -2º bis, sobrero- de Victoriano del Río y uno -5 bis, sobrero- de El Torero (María Domecq). Devueltos en el ruedo, por inválidos, tres de los toros sorteados, dos de Domingo Hernández y uno de Toros de Cortés.
Borja Jiménez, único espada: Palmas tras aviso, silencio, silencio, vuelta, saludos tras aviso y silencio.
Álvaro de la Calle y Salvador Ruano, sobresalientes, no fueron invitados a intervenir.
Un vaquero ayudante en los corrales resultó contusionado cuando el quintó entró por la boca central de los chiqueros y empujó desde dentro la puerta mal cerrada golpeó fuertemente al vaquero hasta, perder el conocimiento. Tuvo que ser rápidamente trasladado a la enfermería, donde recuperó la consciencia. Ha sido llevado al hospital para realizarle pruebas que determinen su estado.
EN CORRIDA de único espada fue impropio y arriesgado el comienzo: Borja Jiménez, a porta gayola, para recibir al primero de los tres toros anunciados de Domingo Hernández. Desarmado al volar el capote en larga, salió por pies, perseguido y apurado para saltar la barrera. Contra las tablas se estrelló el toro, que se enceló en el caballo sin empujar, tomó capa con son y tuvo en la muleta buen aire mientras duró. Duró entero dos docenas de viajes y cuatro tandas, una primera manojo mixto de banderas y trincherillas, dos en redondo de cuatro y el remate de trincherillas -lograda la primera, forzada la segunda- y una con la zurda despatarrado de cinco naturales ligados y abrochados con el desdén. Y entonces se echó el toro. Borja se animó a seguir, al hilo, encima, de frente, no salió nada y nada contó. Corrió el tiempo, estocada delantera, un aviso. Aplausos corteses.
Se torció la corrida enseguida. El primero de los tres de Toros de Cortés, apenas picado, falto de fuerzas, se derrumbó antes de banderillas. Devuelto. Al primer sobrero de Victoriano del Río, un cuatreño cabezudo de 600 kilos, se fue a recibirlo a porta gayola. Decisión precipitada, luego se vio que inconveniente. Frágil, cargado de cuartos traseros, rebrincado, convertido desde el principio de faena en pieza sacrificial. Se censuró la renuncia de Borja a descabellar tras entera hasta el puño con el toro aculado en tablas.
Con el ambiente a punto de torcerse saltó un tercero de Domingo Hernández pobre de cara, entre renco y acalambrado, claudicante después de una segunda vara mínima, coro de miaus, el tendido 7 amotinado y segunda devolución. Un segundo sobrero a escena, de Domingo Hernández, apertura de faena con alardes -cambios por la espalda, contraproducentes-, intentos de toreo enganchado y el toro, obligado, perdió las manos. Finalmente, una costalada. Cuanto peor, mejor. Casi hora y media de festejo. No se había cumplido la ley de las corridas de único espada: sentido de la lidia, tensión serena, brevedad, variedad, diligencia, resolución.
Un cuarto toro con nombre de reata ilustre en la casa de Victoriano del Río. Soleares, iba a cambiar el signo de la cosa. A porta gayola por tercera vez Borja. El toro más claro de los nueve que acabaron saltando. Noble, codicioso, repetidor, embestidas humilladas y prontas. Faena ambiciosa, decidida, angustiosa también, de acumular, de echarse el toro encima en dos tandas en redondo después de una apertura de rodillas, de forzar la figura con la izquierda y bajar entonces ritmo y tono hasta irse desvaneciendo poco a poco. Unas manoletinas baratitas, media estocada en la suerte contraria, no cundió la petición de oreja.
El quinto de Domingo Hernández completó el trío de las devoluciones. El tercer sobrero, de El Torero, justo de fuerzas, nobleza infinita, castigado en dobladas cautelares en la apertura, se llevó puesta una primera tanda despaciosa y embraguetada, y otras dos rehiladas más que ligadas. A pulso después, encima Borja del toro, tomado en corto cortísimo en la que fue la faenas más redonda y más celebrada de la tarde. A punto de afligirse el toro, extenuado al cabo de tanto viaje con el hocico a ras de arena. No pasó Borja con la espada. Cuatro pinchazos, media, un aviso, un descabello, un aviso. Se esfumó la oportunidad más propicia. Ya estaba sentenciada la fiesta cuando asomó un noveno toro, sexto de sorteo, manejable sin más. Tocó abreviar.
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Cuaderno de Bitácora.- Sobre el curso de las vías del desaparecido tren de Almorox -o tren de Villa del Prado o tren de Navalcarnero- creció la calle de Sepúlveda, trazada en paralelo relativo con el paseo de Extremadura, pero a nivel menor. Sepúlveda lleva desde la ronda del río hasta el barrio de Aluche, que es otro mundo. Sepúlveda y el paseo embolsan casi todos los poblados y pequeñas barriadas de la Puerta del Ángel, el Alto y el Medio Extremadura. Dos viaductos en Sepúlveda Uno de los dos, con salida por Triana, que es el nombre de una calle. El parque de Caramuel cae sobre Sepúlveda. Y la Cuña Verde también. Para ver la nueva cornisa de Madrid, vista desde el sudoeste, el mirador de la Cuña, donde antes fue el Cerro de la Mica. El terrible Cerro.





