TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Madrid. Crónica de Barquerito: Épica de Damián Castaño con una fiera de Escolar.

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Tremenda pelea de emociones sin cuento


Corrida castigada por el viento, dura de manos, de mala nota en el caballo, con solo un sexto notable


Gómez del Pilar, templado pese al viento


Dos tandas espléndidas de Pepe Moral al natural


Herido de gravedad el banderillero Rubén Sánchez


Madrid, 2 jun. (COLPISA, Barquerito). 22ª de San Isidro. Veraniego, pasajes ventosos. 19.553 almas. Dos horas y veinte minutos de función.

Seis toros de José Escolar. Pepe Moral, silencio tras aviso y silencio. Damián Castaño, silencio y vuelta al ruedo. Gómez del Pilar, pitos tras dos avisos y aplausos tras dos avisos.

El banderillero Rubén Sánchez, cogido por el quinto en la labor de brega en el tercio de banderillas, resultó herido de gravedad, dos cornadas de 10 y 15 cm, en el hueco poplíteo derecho y fractura nasal. Fue operado en la enfermería de la plaza.

AGRIA, DURA DE manos, resistencia numantina antes de doblar, bien armada. reservona, correosa o incierta o apagada -de todo hubo-, de pobre nota en el caballo, la corrida de Escolar, variada de hechuras, se vendió tan cara como suele. Contadas embestidas por derecho, ninguna de ellas regalada.

De ese guión en parte prestablecido, se salieron dos de los seis toros. Un quinto predador, particularmente agresivo y eléctrico, en el estilo de lo que fueron en su día las llamadas alimañas de Albaserrada, especie en vías de extinción. Y un sexto de armónico remate y noble aire que descolgó y humilló, y, aunque apoyado en las manos en los primeros compases, acabó tomando engaño con son.

La lidia del quinto se vivió en clima de continuas emociones desatadas porque Damián Castaño, tragando lo indecible, encima del toro para adivinar y anticipar sus segundas intenciones, estuvo en peligro permanente, no a merced del toro, pero siempre en el centro de la diana, esgrimiendo el tiroteo con agilidad casi tan felina como la del propio toro. No fue la versión clásica del toreo sobre las piernas, que habría sido una difícil opción, sino sobre los pies, única vía de escape cada vez que el toro amenazó con echársele encima, desarmarlo y partirlo en dos. El empeño por meter el toro en el engaño, misión imposible, se convirtió en una porfía descompensada. Marcó territorio el toro, que defendió con uñas y dientes su terreno.Para enredar más la pelea cara a cara, el viento descubrió a Damián en bazas decisivas, cuando en vano trató de ligar dos muletazos seguidos echando el engaño abajo. Cuando se llegó a la barrera para cambiar de espada, Damián se destocó -había estado luchando con la montera calada, según costumbre- y pareció rendido. Ni el aliento incondicional de sus muchos fieles de las Ventas sería consuelo en esos momentos. De donde fuera sacó ánimos para cuadrar el toro, agarrar un pinchazo y en seguida media estocada de la que salió perseguido. Hizo hilo el toro con él y, reclamado por una punta de capote, le pasó por encima. Un certero descabello.

El sexto fue la otra cara de la moneda. Descubierto por el viento, Gómez del Pilar se fue acoplando con él, abriéndolo mucho -apenas ajustado por la mano izquierda-, trayéndoselo toreado, trato suave por sistema y un pero que no es en su caso novedad: lo largo del trasteo, castigado con un primer aviso antes de la igualada y con uno más después de cobrar media estocada sin muerte. Ruedas de peones y dos descabellos. Los cortes y los golpes de viento restaron a la faena el debido ritmo.

Tercero, quinto y sexto fueron los toros mejor rematados, El cuarto, dos imponentes agujas, el más ofensivo con diferencia, pero el de menos cuajo. Fue, además, el de menos interés, punteó, vino al paso y se echó antes de doblar. Pepe Moral se había atragantado con el descabello tras pinchazo y media. Al primero, un toro muy parado, lo tumbó de excelente estocada. Le había sacado con brazos en el recibo y al cabo de una larga porfía llegó a pegarle con la mano izquierda los mejores muletazos de la tarde en dos tandas de última hora al abrigo del viento.

El segundo se quedó debajo una y otra vez, y entonces vivió Castaño los primeros sobresaltos de una tarde que tardará en olvidar. El tercero fue muy mirón y correoso, una inquietante manera de desparramar, medias embestidas frenadas. Cuatro pinchazos, Gómez del Pilar se precipitó al coger el descabello. Diez intentos, dos avisos.

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Cuaderno de Bitácora.- Desde los cruces a pie de puente hasta la cumbre de la cuesta, el paseo de Extremadura, antiguo camino de Móstoles, está bien arbolado por sus dos márgenes. Acacias frondosas, algunas de ellas viejas y resistentes como atestiguan las dimensiones de sus troncos y su altura; Mimosas y prunos.

Contados ligustres en flor. En la mediana divisoria que se construyó para separar en dos vías los seis carriles también plantaron árboles de pobre porte. Para no cegar´a los conductores. Y un pequeño parche de flores a espaldas del monumento de Beatriz Galindo, La Latina, que da nombre oficial al distrito. La estatua, bueno, la estatua... Discutible. La sabia doctora, sedente. Imagen pesada.

Última actualización en Martes, 02 de Junio de 2026 21:32