TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Madrid. Crónica de Barquerito: Entrega prometedora de Jarocho

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Faena de riesgo, corazón y cabeza con el toro más bravo y poderoso de una desigual corrida gigantesca de Pedraza de Yeltes


Porfías de mérito de Isaac Fonseca y José Fernando Molina sin apenas reconocimiento


Madrid, Miércoles, 27 mayo de 2026. (COLPISA, Barquerito).- 17ª de San Isidro. Veraniego. 19.058 almas. Dos horas y media de función.

Seis toros de Pedraza de Yeltes (Luis Uranga)

Isaac Fonseca, saludos tras aviso y silencio tras dos avisos. José Fernando Molina, silencio tras aviso en los dos. Jarocho, saludos y aplausos.

Un quite providencial de Raúl Ruiz a Isaac Fonseca, caído inerme en la cara del cuarto toro. Cogido y volteado aparatosamente en banderillas por el quinto Víctor Manuel Martínez a la salida del segundo par. En la enfermería, por fortuna, no se le apreciaron heridas por asta de toro y únicamente distintas contusiones pendientes de estudio radiológico. Pronóstico reservado.

CINQUEÑA, grande, grandísima, la corrida de Pedraza de Yeltes, 610 kilos de promedio, bien armada pero tan ofensiva por cuajo y volumen como por la cara. Largo y estilizado, el cuarto, único cuatreño del envío, tuvo hechuras propias, pero fondo común a los otros cinco. Por aparatosa fue corrida de público, pero solo un tercero bravo en dos varas, listo en banderillas -siete pasadas de los banderilleros-, pronto y temperamental, turbulento también, fue ovacionado en el arrastre. Codicioso y repetidor, vencido a veces por su propio peso, fue el de mejor nota. El más difícil también. Con él cuajó Jarocho una firme y descarada faena de rigor y mérito, la de mayor riesgo por su planteamiento -apertura de largo en los medios sin tanteos previos-, la de más segura determinación. En cada embestida se hizo sentir el fondo agresivo del toro, descolgado desde la partida y solo enterado al final de un trasteo tenso e intenso, que tuvo por la mano izquierda su momento cumbre. Faena de corazón, pero de buena cabeza. Un pinchazo y una estocada caída le negaron mayor reconocimiento.

No hubo toro que no pusiera a prueba la doma de la cuadra de caballos, que aguantó chocazos como los del tercero y peleas de entrega como las de primero y último. El altísimo quinto, el de peor nota y estilo, derribó en el primer ataque, se volvió contra el caballo caído en un arreón y sembró el desconcierto. La brigada de monosabios expuso. Se tardó un mundo en levantar el caballo, ya a tercio cambiado. De vuelta al patio por el callejón, el caballo, ileso, se llevó una ovación de despedida. El toro, picado a salida tapada en terreno de chiqueros, cortó en banderillas y cogió e hirió al banderillero Víctor Manuel Martínez. Arrollado por el cuarto al abrir faena sin llegar a componerse, Isaac Fonseca salió indemne de una voltereta monumental. Un capotazo providencial de Raúl Ruiz lo libró de otro percance al resbalar y caer descubierto a la salida de un tercer pinchazo en ese mismo toro.

Tanto Fonseca como José Fernando Molina libraron porfías valerosas con toros de distinta condición. Probón, tardo y noble el primero, que a última hora acabó metiendo la cara y repitiendo en dos tandas bien tiradas por Fonseca, pura entrega ciega. Castigado en el caballo, el segundo, ajeno y distraído, suelto al salir de suerte, celoso por la mano izquierda, fue toro ingrato. Tranquilo, entero Molina, muy hábil con la espada. Temerario Fonseca con el cuarto: recién levantado de la voltereta, le pegó al cuarto en el mismo platillo una tanda ligada de redondos de rodillas. A menos el toro, que se apoyó en las manos, y a menos la faena mal rematada con la espada. Ímprobo esfuerzo de Molina, decidido y consentidor con el manso quinto, que, alzada gigante aparte, se movió en la media altura y sin fijeza. Y un bonito y cumplido trasteo de Jarocho con el sexto, que punteó rebrincado, pero vino metido en la muleta y templado propiamente. Una seria y prometedora faena.

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Cuaderno de Bitácora.- Se dice Alto Extremadura a la parte del paseo que sube desde la primitiva estación término del tranvía hasta lo que fue el castillo de Bofarulll, que hace cumbre de la avenida y fue límite del municipio. Dos de las calles del Alto llevan nombre de arquitectos ilustres: Repullés (y) Vargas y José Espelius. Coritas y perpendiculares. Los dos tienen obra reconocida en Madrid. Repullés, la Bolsa, por ejemplo. Espelius, el ministerio de Marina y, además, la plaza de toros de Las Ventas. (Continuará).
La calle de Repullés es llana como la palma de la mano. La de Espelius tiene una rampa final dura de salvar a pie, imposible para ciclistas urbanos.
Última actualización en Miércoles, 27 de Mayo de 2026 22:08