TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Madrid- Crónica de Barquerito: Una extraordinaria corrida de Fuente Ymbro

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Seria, brava y noble, con tres toros de particular nota: un tercero de exquisita cadencia, un segundo de aire agresivo y un quinto por momentos torrencial

 

Discreto papel de Perera, desbordado Ureña, entrega y disposición de Fernando Adrián


Madrid, domingo, 17 de mayo de 2026. (COLPISA, Barquerito).- 8ª de San Isidro. Soleado, fresco. No hay billetes. 23.700 almas. Dos horas y media de función.

Seis toros de Fuente Ymbro (Ricardo Gallardo). El sexto bis, sobrero.

Miguel Ángel Perera, silencio tras aviso en los dos. Paco Ureña, saludos tras aviso y silencio tras aviso. Fernando Adrián, saludos tras aviso y silencio tras aviso.

CASTIGADA tan solo por un descomunal, disparatado sobrero que se metió vencido por la mano diestra y cerró festejo, la corrida de Fuente Ymbro fue la más completa de las ocho jugadas desde el comienzo de San Isidro. Variada de hechuras, de muy serias caras sin excepción, brava en el caballo, pronta. Entrega, fijeza, ganas de pelea. Con plaza y pies de salida, pronta en banderillas, no hubo toro que no descolgara.  El quinto, de particular codicia, lo hizo luego de los tres estatuarios con que Paco Ureña acababa de abrir faena. Humillar y repetir como código de bravura. Y una singular y regular resistencia. Ni asomo de venirse abajo. Hasta el último aliento de faenas mucho más prolijas que intensas, sembradas de pausas y castigadas con avisos, seis, uno por toro.

Dentro de la bravura común entraron los obligados distingos. Las calidades del tercero, el más noble de todos, fueron particulares por la suavidad de las embestidas, el ritmo pautado y sostenido fuera cual fuera el trazo del muletazo de un Fernando Adrián serio y dispuesto, castigado por los censores de la plaza.  Una faena que acabó contando como la única de las seis celebrada por el público nómada y de fácil contentar de los domingos de San Isidro. Postura aplomada del torero de Torres de la Alameda, incluso coqueteando con momentos de forzado postureo, y logros desiguales, mejores principios que finales, algún muletazo envarado, por fuera a veces, desplantes de adorno, un solo terreno. Todo lo hizo bien el toro. Un pinchazo y una estocada soltando el engaño. En el arrastre, una comedida ovación para el toro, merecedor de algo más.

Abanto de partida, el primero de lote de Paco Ureña, el de más serio cuajo, fue también el más agresivo de los seis. Complicado por la mano izquierda, tuvo por la otra recorrido y son. En la apertura de faena en tablas, el toro vino a placer en largos viajes. La repentina decisión de salirse Ureña a las rayas no tuvo mayor sentido. Despegado pero apurado, dudas sensibles, la emoción del trasteo incierto, un terco empeño en busca de una tanda completa que no llegó, un desarme, un pinchazo, un aviso y una estocada sin puntilla.

Se fue ese toro y se fue un sencillo cuarto con el que Perera se aplicó en una faena demasiado mecánica y plana, de oficio seguro pero monótona, seguida con manifiesta distancia, ni a favor ni a la contra del toro. Y se fue un quinto de formidable arboladura que rompió a embestir con un fondo fuera de lo normal. Ni siquiera los enganchones de muleta parecieron perturbarle. Pese a sentirse desbordado, Ureña se empeñó en largo trasteo con sus muchas pausas. Una estocada defectuosa pero letal. Antes de que estallara el festín, un incómodo primer toro abierto de cuerna que después de remolonear en el caballo y acusar un exceso de capa rompió en serio en la muleta por la mano derecha. Fue además toro celoso, no dio tregua. Pendiente del viento, tardó en confiarse Perera, pero cortó cuando los derrotes del toro por la izquierda fueron aviso. El violento sobrero, aire de recelosa mansedumbre, fue otra historia. No volvió la cara Adrián, que cobró estocada desprendida y no acertó con el verduguillo hasta la quinta.

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Cuaderno de Bitácora.- A las seis de la tarde picaba el sol, soplaba viento sur y el cielo de Vicálvaro estaba muy cerrado. "No lloverá", dijo un aficionado. Pero refrescó. "Nunca llueve a gusto de todos..." "Si los toros hablaran..." Lo de siempre.

Había desertado la mayoría de los feriantes. Los feriantes se llaman a sí mismos "vendedores ambulantes", que es lo que son. De las Ventas al Metropolitano. Por ahí caería la tormenta. Jugaba el Atleti.

Última actualización en Domingo, 17 de Mayo de 2026 21:06