TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Madrid. Crónica de Barquerito: Fortes firma por naturales una soberbia faena.

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Corrida diversa, seria y brava de El Torero

 

Con un tercero perfecto y un fiero sexto, triunfo, generosamente recompensado, de Fernando Adrián, que salió a hombros por la Puerta Grande

 

Diego Urdiales deja su firma toreando al natural


Madrid, Viernes, 15 de mayo de 2026. (COLPISA, Barquerito).- 7ª de San Isidro. Frío, soleado, algo de viento. No hay billetes. 23.700 almas. Dos horas y diez minutos de función.

Seis toros de “Toros de El Torero” (Lola Domecq)

Diego Urdiales, silencio y saludos. Fortes, saludos y una oreja. Fernando Adrián, oreja protestada y oreja. A hombros por la puerta grande.

A LA colección de toros sobresalientes de San Isidro -tres. de Cuvillo, La Quinta y Mayalde- vino a sumarse en parecidos términos el tercero de una corrida cinqueña de Lola Domecq de particular personalidad. La bravura desafiante del sexto, de fantástico porte, descaradísimo, muy enmorrillado, fue privativa y original. Con ese grado de fiereza no se había visto ningún otro. Tampoco se había visto torear al natural con tanta cadencia, tanto ajuste y tan seguro gobierno como el de Saúl Fortes. Su firma y su huella en la segunda de sus dos bazas con un bondadoso quinto de corrida.

Los muletazos más distinguidos de la semana. Serían una docena. Alguno más. Valieron por toda la corrida. El primero de ellos llegó casi por sorpresa en el remate de una primera tanda de todavía tanteo, trinchera de apertura, ayudados después y de pronto un natural enroscado y a pulso, a cámara lenta. El broche fue jalón, modelo y guía de loa que llegaron después, de uno en uno en una primera serie, de dos más uno en las sucesivas porque lo que no pudo ser fue ligar sin rectificar postura ni terrenos el tercero de tanda, sino coserlo con su pausa previa y el de pecho después. Cites en pureza, los flecos de la muleta como imán, sueltos brazo y muñeca. Y una tanda frontal del mismo cupo de dos más uno que levantó a la gente.

El desgarro comedido -su acento paulista también- fue seña de la faena, planteada y resuelta por la mano izquierda. Tal derroche tuvo la rúbrica de una estocada sin puntilla. El segundo de la tarde, cornalón, le había cogido dos veces. Primero, al venírsele encima por la mano izquierda precisamente después de la segunda vara. Y luego, en los primeros compases de faena cuando Saúl trataba de someterlo. Esta segunda cogida fue tremenda, de arrollar de lleno. Lo tuvo el toro en el suelo entre las manos sin intención de soltar la presa. Quite masivo y a tiempo. Fortes se repuso en la boca de un burladero y volvió a la cara del toro sin un solo gesto de más. Llevaba en el gemelo una cornada de la que fue operado con anestesia local en la enfermería. De ella salió para enredarse a placer con el toro de su gran triunfo.

Hubo unas cuantas cosas más. Una de ellas, trágica: la cogida de Curro Javier el prender el tercer par de banderillas al fiero sexto, que lo cazó antes de salir de la reunión, lo echó al suelo y lo levantó y zarandeó hasta tres veces. Y otra feliz y dichosa, que fue ver torear a Diego Urdiales primorosamente el natural a un cuarto toro que se dejó mucha vida en el caballo y llegó a la muleta con las fuerzas justas. La manera de medir esas fuerzas y de medir además el trazo del muletazo fue además propia de un torero de estilo reconocible.

Con el lote de la corrida, tercero y sexto, de temperatura tan diferente, Fernando Adriàn se empleó y empeñó con más tesón que acierto en el caso del espléndido tercero, que a todo quiso, por las dos manos, y con ese son que Álvaro Domecq calificó en su día de “temple”, y con obligada seriedad en el turno del fiero toro que acababa de herir a Curro Javier, descolgó, humilló y repitió como los grandes, pero cada embestida era de riesgo. Larguísima la faena del tercero, ligerita y desigual, calentada por pases cambiados de alarde jaleados por la mayoría. Mucho más breve la pelea sincera pero no a cara de perro con el sexto, que fue para el ganadero indicio de un filón de bravura. En esta corrida tan viva de El Torero solo desentonó un primero con mucha cara que ni descolgó ni permitió a Urdiales tomarse confianzas. Fue corrida de seis estocadas. La de Diego al cuarto y la de rúbrica de Fortes, las de mejor nota.

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Última actualización en Viernes, 15 de Mayo de 2026 20:41