TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Sevilla. Crónica de Barquerito: Dos brillantes faenas de Borja Jiménez.

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Con los dos mejores toros de una corrida de Victorino lastrada por la irrelevancia de un quinto muy protestado


El desacierto con la espada frustra un éxito sonado


Mano a mano artificial


Escribano, perjudicado en el sorteo


Sevilla, sábado, 18 abril de 2026. (COLPISA, Barquerito).- 8ª de abono. Veraniego. Ni hay billetes. 12.500 almas. Dos horas y tres cuartos de función.

Seis toros de Victorino Martín.

Mano a mano. Manuel Escribano, saludos tras aviso, silencio tras aviso y silencio. Borja

Jiménez, vuelta tras aviso, vuelta y silencio.

Fernández Pineda, sobresaliente, no fue invitado a intervenir.

LOS TRES MEJORES TOROS de la corrida de Victorino entraron en el lote de Borja Jiménez. De hechuras, condición y fortuna diferentes. Común a los tres fueron la nobleza y la fijeza en llamativo grado. El sexto, cárdeno, hondo, astifino, de espléndido remate, se empleó en dos duras varas con excelente estilo. Romaneó en la primera, estrelló al toro contra las tablas y desmontó al piquero Vicente González. En la segunda estuvo a punto de mandar al callejón al propio caballo. Lo evitaron la pericia y la sangre fría del picador. Demasiado sangrado, castigado en exceso por la dureza de la pelea, aún sacó en banderillas pronta alegría, pero llegó a la muleta exhausto, casi vacío, claudicante. Apagado, exhausto, aguantó más de una docena de muletazos a pulso, embebido en el engaño dócilmente.

Segundo y cuarto, en cambio, fueron a más. Escobillado, el uno, y por eso protestado de salida, se empleó en el caballo, pero se salió suelto, pronto en banderillas, metió la cara por las dos manos y humilló por la izquierda con el estilo inconfundible de la veta Saltillo de la ganadería, su marca mayor. Tal vez le faltara un punto de fuerza, no de entrega en las repeticiones. Hizo el surco y siguió el señuelo del engaño hasta detrás de la cadera. Fueron entonces lo muletazos más logrados de toda la tarde. Enganchados por el hocico, trazados a pulso, rematados detrás. No propiamente ligados, pero de una soberana lentitud.

El cuarto echó aparatosamente las manos por delante en el recibo. Cinqueño, como toda la corrida a excepción de primero y sexto, serio, romaneó en la primera vara y cortó en banderillas, pero fue en la muleta el más completo de los tres del lote de Borja. Ni complejo ni difícil, claro son, se avino a términos con Borja, que optó por la distancia corta, demasiado encima, pero donde se encontró más seguro el matador, pendiente del público tanto como del toro, un punto tenso también. Uno a uno brotaron muletazos de riguroso dibujo. Se quedó corta la apuesta por la mano diestra. Aplaudidos en el arrastre, el segundo y especialmente el cuarto, los dos toros se fueron con las orejas al desolladero. Al uno lo despenó Borja de estocada caída; al otro, de media, pinchazo soltando y un descabello.

En el lote de Escribano entró un quinto muy escurrido, sin carnes, fuera de tipo, con muy poquito respeto. Recibido con protestas desde un tendido de sol, fue incluso castigado con algún miau. Se movió a saltos, ni un solo viaje descolgado. Escribano, que había esperado la salida a porta gayola durante cuatro minutos, no quiso entender que la bronca creciente contra el toro aconsejaba abreviar. La persistencia fue carga negativa para el espectáculo que hasta entonces se había mantenido en niveles de interés.

Y entonces se cayó en la cuenta de que el mano a mano carecía de lógica. Ni sombra de rivalidad. Ni un quite. Escribano brindó a Borja la muerte del tercero, un toro cortito y degollado, tardo y receloso, al que pegó de salida lances espectaculares tras un recibo a porta gayola, y que se lo pensó mucho. Llegó a distraerse porque la faena estuvo sembrada de pausas gratuitas e intermitencias. Con paciencia de conocedor de la ganadería y con oficio bien sabido, Escribano, seguro y firme, supo dar con el punto escondido del primero y se lo trajo enganchado en una segunda mitad de faena de gran autoridad.

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Cuaderno de Bitácora.- Todavía chirrían las ruedas en la cera incrustada en el adoquinado de la calle Gravina. La cera de la Pasión. Podrá con ella este calor prematuro no sé si impropio. Han estado podando los naranjos de Canalejas. Los vi podar el jueves a mediodía. Es proverbial la habilidad, es decir el arte, de los operarios de Sevilla. No se admiten comparaciones. Hasta para hacer caer el ramaje podado sin apenas dejarlo llegar al suelo. No han podado los naranjos de la calle perpendicular, la de González Abreu conocida por ser la sede de Radio Sevilla.

Sevilla es una ciudad de radio. La emisora está instalada en un palacio de aire regionalista. No es el único de la calle. ¿Palacios, palacetes. caserones....? Para dar y tomar. El turismo de pisos, invasor del casco viejo de Sevilla, ha servido para rehabilitar edificios que tenían contados los días de vida. O sea.

Última actualización en Sábado, 18 de Abril de 2026 21:25