TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Sevilla. Crónica de Barquerito: Brillante estreno de Aarón Palacio.

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Una faena de gran corazón del joven torero aragonés.

 

Corrida distinguida, propicia y rica en matices de Santiago Domecq

 

Cuatro toros de muy buen juego

 

Sevilla, 15 abr. (COLPISA, Barquerito).- 4ª de abono. Veraniego. La bandera de la Maestranza, a plomo. 6.500 almas. Dos horas y veinte minutos de función.

Seis toros de Santiago Domecq.

Perera, una oreja y aplausos. David Galván, una oreja y palmas. Aarón Palacio, aplausos y una oreja.

EN LA CORRIDA de dispares hechuras de Santiago Domecq contaron para bien cuatro toros de aire diferente. Un primero de pobre trapío, pronto, sencillo, noble y de supina bondad- Un segundo de finas cañas, llamativa pinta colorada casi albahío, chorreado y calcetero, de muy elegante porte y excelente estilo por la mano izquierda. Un hondo cuarto, más toro que todos los demás, bravo en el caballo y con el punto temperamental, sin exagerar, tan propio de la ganadería. Y un sexto con poca cara pero muy rico fondo, desbordante codicia, entrega sin reservas y dechado de bravura a la clásica manera.

De otra manera fue un tercero belicoso de partida, sin la calidad distintiva de los otros cuatro: el único que cabeceó en la muleta cuando vino a toques bruscos o cuando flojeó de las manos o llegó a perderlas. Y un quinto, enmorrillado y ensillado, con más carnes que los demás, pero sin el cuajo del cuarto. Sin contar el quinto, la corrida promedió los 500 kilos casi justos. Ese quinto frisó los 550. Frágil, de muy malos apoyos, rodó en dos costaladas en banderillas y al comienzo de faena. El borrón de una corrida de notable movilidad: se paró.

De bravo murió el cuarto. Su muerte, resistida como la de los héroes de leyenda, levantó una ovación de clamor. A tablas se fueron a morir tercero y quinto. En tarde de seis estocadas -ni un solo pinchazo, tan solo los seis golpes de verduguillo para despenar Aarón Palacio al tercero-, las hubo para todos los gustos. David Galván mató por arriba a los dos de lote. Imponente el sopapo con que tumbó al infausto quinto. Con maneras de gran espadachín al buen segundo, el más astifino de los seis. La estocada trasera con que Aarón mató al sexto fue artículo de fe. Perera soltó el engaño al cruzar con el primero y estuvo certero con el toro de la sufrida agonía, que fue por si sola un espectáculo.

Galván, que firmó con el capote, en su turno y en un quite al primero, las mejores verónicas de una corrida que se prestó al toreo de capa, se acopló con el notable segundo, con la mano izquierda. Encajado, suelto, muleta bien volada. El remate por trincherillas antes de la igualada, y la estocada perfecta, tuvo particular torería.

La hierba en la boca, la tarde de su presentación en Sevilla como matador de alternativa, sin más bagaje que media docena de corridas desde la toma, Aarón Palacio salió a comerse el mundo. No hubo que esperar ni medio minuto para verlo plantarse de rodillas y librar en el recibo del tercero dos largas afaroladas de rodillas. Y un galleo gracioso para llevarlo al caballo. Determinado, al ataque, se pasó por la faja el toro en una primera faena de ritmo decreciente pero rumboso comienzo. Fue capaz de remontar con la diestra y dejar probado su valor sin fisuras. Indiscutible firmeza.

Casi una osadía en torero nuevo el recibo del sexto con lances embraguetados de manos altas, cosidos sin ceder terreno. La corrida había perdido tensión a partir del cuarto toro, que a Perera ni le convino ni le provocó, y más todavía después de jugarse el quinto. Le tocó a Aarón levantarla con un arrebato muy particular, sin perder la cabeza, apostando por el bravo sexto con insolente frescura. Seguida, hilvanada, caliente, una densa faena de grandes logros: la apertura de rodillas con ayudados por alto, el descaro en los medios, donde más pesaba el toro, el toreo ligado con la zurda, muletazos de buen compás, desplantes de riesgo pero sin el menor temblor y, en fin, el dominio de la escena. El vuelco del ambiente no fue mérito menor. Muy celebrada la faena de Perera con el toro de mazapán que abrió el desfile. Alardes en la apertura de rodillas para cambiar el toro por detrás, una trenza final con cambios de manos y el cogollo de una faena más plana que brillante.

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Cuaderno de Bitácora.- En los paisajes desde el tren, de los que van de Madrid al sur abundan los encinares y los olivares en cuanto sales de La Sagra, empiezas a cruzar la provincia de Toledo en línea recta y llegas a Brazatortas, la nueva capital ferroviaria de la provincia de Ciudad Real. Antes de la invención de la Alta Velocidad, la capital era Alcázar de San Juan, con sus dos estaciones hermanadas en una sola. Ahí se bifurcaban las líneas de Levante y la del Sur. El inmenso Sur. No debe hablarse de decadencia en el caso de Alcázar, pero sí en el de Sevilla porque la Alta Velocidad se llevó por delante dos estaciones de tanta historia como la llamada "de Córdoba", estación terminal ahora convertida en un zoco comercial, y la menos célebre de San Bernardo, que era y sigue siendo el nombre de un barrio casta de la ciudad. Barrio aparte, iglesia monumental, una cofradía célebre, una dinastía de toreros igual de célebre y un banderillero de inigualable categoría: Manuel Rodríguez, alias Tito de San Bernardo.

Después de Brazatortas el mundo cambia. Cruzar los túneles de Sierra Morena es un deporte recomendable, pero frustrante, porque los túneles se suceden demasiado deprisa, como los muñecos de tiro al blanco de las viejas ferias y las escopetas de perdigones.

La estación de Córdoba, sin comillas, fue soterrada. En cuanto entras en la provincia de Sevilla aparecen los campos de naranjos.Cientos de naranjos alineados en formación militar.

Última actualización en Miércoles, 15 de Abril de 2026 21:05