TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Madrid. Crónica de Barquerito. Espléndido Gómez del Pilar, gran corrida de Escolar.

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Una sabia faena de rica factura con un toro cinqueño de 650 kilos templado y toreado a modo


Dos toros de formidables hechuras y noble fondo, y solo una alimaña, indispensable en el menú de la casa


Madrid, martes, 3 junio de 2025. (COLPISA, Barquerito).- 22ª de San Isidro. Nublado, revuelto, primaveral. 17.219 almas. Dos horas y veinte minutos de función.

Seis toros de José Escolar. Esaú Fernández, silencio y división. Gómez del Pilar, silencio tras aviso y una oreja tras aviso. Miguel de Pablo, silencio y silencio tras aviso.

Juan Manuel Sangüesa picó a modo al quinto y fue ovacionado. Víctor del Pozo le puso dos pares de mérito.

 

ELÁSTICO PERO correoso, pegajoso también, abierto de cara, 600 kilos, cuatreño recién cumplido, bravo en el caballo, el primer toro de la imponente corrida de José Escolar se enteró en seguida, revoltoso, punteó engaño, tuvo trato por la mano izquierda -Esaú Fernández se puso por ella sin sufrir ni forzar- y pasó sin más.

El segundo, cornialto, hocico de rata pero bellas hechuras, finas cañas, gateó, se quitó el palo en la segunda vara tras una primera que tomó corrida, y después de picado pareció enterarse de todo. Con todo estaba. Receloso, mirón, apalancado, tan distraído como probón, fue el más difícil de la corrida. Fiereza latente: llegó a arrancarle de la mano la muleta a Gómez del Pilar, que, después de vanos intentos, tuvo la feliz idea de doblarse con impecables muletazos de pitón a pitón.

El signo de la corrida cambió de repente e inesperadamente: un tercero playero y casi cornipaso, lomiliso y sin enmorrillar -el toro con menos plaza de los seis- cabeceó con genio en el caballo, cortó en banderillas, miraba y medía por encima de las esclavinas de los capotes y tan solo al segundo muletazo enterró un pitón. La vuelta de campana y el batacazo obraron el milagro de dejarlo suave. Solo un problema: venirse gazapeando. A cambio, su sorprendente nobleza, su manera de meter la cara también. El colmenareño Miguel de Pablo, nuevo en San Isidro, no se entendió con él. Primero de los toros aplaudidos en el arrastre. Para cuarto y quinto, ovaciones de gala. Y para el sexto, trapío y belleza sobresalientes, la ovación de salida más sonora de lo que va de feria. Dieron juego los tres.

Cinqueños los tres, bravos en varas, llevaban la edad en la cara y en el gesto. De estampa formidable el cuarto, remangado, imponente. Gigantesco, fuera de proporción, alzada exagerada, el quinto, el más alto de la feria, 656 kilos, fue toro mutante como buen albaserrada y tuvo la fortuna de caer en manos de un Gómez del Pilar tan inspirado como seguro, de verdad resuelto. La lidia del toro en varas fue modélica. La mejor de toda la feria a cargo de un matador, encarecida por la dificultad de un toro mole, escarbador de partida y tan agarrado al piso que parecía misión titánica llegarle.

Para general sorpresa Noé Gómez del Pilar brindó al público la que iba a ser una de las faenas más sabias, arriesgadas y plenas de San Isidro. Abierta entre rayas frente al 7 con seis doblones espléndidos y el de pecho -y el toro respondió a resorte-, cobró cuerpo con una primera tanda de seis en redondo ligados, con el de pecho. Y una segunda de cuatro abrochada con un recorte a pies juntos. Por el pitón izquierdo, la cara arriba, protestó el toro, que por el derecho había descolgado y hasta habría venido en tromba de no ser por el temple empapado de Noé.

Tener en la mano tanto toro fue de asombro. Y más cuando el torero se empeñó en pegarle una intensa tanda arrebatada con la zurda. Estaba todo hecho, pero antes de cambiar de espada decidió seguir. Los muletazos de pitón a pitón para igualar fueron de nuevo pieza maestra. Sonó un aviso antes de la estocada, cobrada en medio de un silencio sepulcral. El arreón del toro al sentir el acero fue de época. Muerte de bravo.

Gómez del Pilar la acompañó plantado delante hasta el momento de doblar. Una oreja por aclamación. Al pasar por el burladero de mayorales, asomó con su cana cabellera el ganadero -José Escolar- y lo felicitó en público.

Esaú no terminó de decidirse con el precioso cuarto, fijo y repetidor, casta y clase, la cara ligeramente alta en el remate de muletazo. Un final por bernadinas, muy inadecuado, levantó las protestas del sector torista de la plaza, que estuvo de parte del toro desde el comienzo. Con el son pastueño, apagadito, nobilísimo del sexto, insuperable trapío, anduvo a la deriva Miguel de Pablo, ileso tras una voltereta aparatosa. Un deslucido final para una fiesta torista que pudo haber sido completa pero no lo fue.

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Cuaderno de Bitácora.- En la provincia de Madrid y en la capital también abundan las plazas taurinas de fea traza. Hoy he sabido que Morante va a torear en Móstoles, por cierto.

Estaba vista para sentencia y derribo la de Getafe. En el palco 16 ha aparecido esta tarde Javier Cortés, el torero de El Casar, El Casar de Getafe. Yo lo hubiera puesto en San Isidro, No por capricho sino por sus méritos de torero bueno.

La de Colmenar Viejo, la dejamos a gusto del cliente.

Del llamado Palacio  VistAlegre, que tanto gusta a los toreros porque es plaza cubierta y tiene cierto ambiente íntimo, no puede ni debe decirse que parece una plaza de toros. Su cubierta planetaria se distingue desde muchos puntos de la periferia Oeste de Madrid.

La de Leganés pasó a la historia por dos faenas de José Tomás en 1997. O 98. En agosto.

La de Aranjuez es una joya. No todas las joyas son cómodas. Hay una foto de Morante sentado en el callejón fumándose un cigarro puro. Del sábado pasado.

¿Valdemorillo? Tenía más clase la vieja portátil.

Pasé mucho frío una tarde de agosto  en San Lorenzo del Escorial. Etcétera.

Última actualización en Martes, 03 de Junio de 2025 21:56