TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Madrid. Crónica de Barquerito. Morante reaparece en Madrid con una obra maestra.

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Una faena perfecta a un excelente primer toro, el mejor de una seria corrida de Garcigrande


El palco le niega una oreja de petición masiva


Desdibujados Talavante y Rufo

 

Madrid, miércoles, 28 mayo de 2025. (COLPISA, Barquerito).- 17ª de San Isidro. Corrida de la Prensa. Estival. No hay billetes. 22.960 almas. Una hora y cincuenta minutos de función.

Seis toros de Garcigrande (Justo Hernández)

Morante, saludos tras aviso y división. Talavante, silencio en los dos. Tomás Rufo, silencio en los dos.

 

MORANTE recibió en tablas al primer toro de Garcigrande y lo paró, fijó y sedujo con siete lances que fueron por su sencillez la reinvención de la verónica. Encaje absoluto, sueltos los brazos, puro compás, compostura natural, posado, como si no se le viniera, doblara y repitiera un toro descarado y astifino de casi 600 kilos. Apenas ganó terreno ni pasos en esos siete lances dibujados con inimitable suavidad porque a Morante no parece pesarle el sedoso capote de pálidas vueltas verdes. Apenas lo despliega, el vuelo se hace ligero sin serlo, el lance es de una perfección asombrosa. Y fueron siete. Y la media ahora forzada. Y un remate con larga resuelto en desarme. El subrayado de oles fue rotundo.

Al final del paseo habían recibido a Morante con una primera ovación de bienvenida. No tuvo más remedio que recogerla en la boca del burladero y compartirla con Rufo y Talavante, pegados a las tablas los dos, sin apenas espacio para destocarse. Pero el clamor con que se celebraron los siete lances de apertura sonó de otra manera. De bravo derribó el toro contra las tablas en un duro primer puyazo. Se enceló en un segundo más medido, y de bravo y pronto atacó en banderillas. A cuerpo gentil Morante hizo el quite al tercero de cuadrilla cuando salió apurado y perseguido del segundo par. El quite de la feria. Un recorte por delante y otro de salida, De arte y de riesgo.

No hubo más brindis que el preceptivo al presidente. Mientras brindaba, cerraron en tablas al toro con la mala fortuna de hacerle cobrar un estrellón contra el burladero de capotes. Frente a ellos y entre las rayas vino a celebrar Morante su reaparición en Madrid con una faena no tan sencilla como los lances del saludo sino mucho más profusa, tocada toda por la gracia de la torería. Las dobladas de apertura, formalmente modélicas por la manera de traerse el toro sin prueba previa y por la coda -el de la firma, el cambiado por alto y la trinchera-., fue promesa de faena mayor. Mayor por todo: de nuevo por la compostura y, luego, en un solo y mínimo terreno, por el continuo sin pausas tejido en un todo, dos tandas fuera de serie en redondo con el toro entregado en los vuelos, largo el trazo del muletazo, midiendo las fuerzas del toro sin violentarlo.

Costó un poquito, solo un poquito, redondear dos tandas de naturales porque el toro, acusando el porrazo contra el burladero, hizo hilo por dos veces en el segundo viaje de tanda. Firme aguantó Morante para fundirlo con el tercero como si fuera la cosa más fácil del mundo. Secretos de la receta: el valor y el sentido del temple. Y las golosinas del largo repertorio de Morante: las trincheras, el molinete inesperado, el desplante, el cambio de mano último que pareció el final. Solo que antes de cambiar de espada todavía se empeñó Morante en una breve propina en redondo. Y al cabo los muletazos para igualar al toro, de cosecha propia, y una estocada arriba tal vez atravesada porque el toro tardó un mundo en doblar, Morante prefirió acompañar la muerte por delante y no quiso descabellar -otro de sus registros mejores- pensando que el toro estaba para echarse, pasó el tiempo, sonó un aviso y solo al tercer intento con la cruceta acertó Morante. La faena entera, pase a pase, fue jaleada como lo que fue, un acontecimiento. Petición mayoritaria de oreja. El palco se cerró en banda. Y Morante salió a saludar al tercio. El toro se arrastró sin la ovación más que bien ganada. Uno de los buenos de verdad de la feria.

Y se acabó la corrida, que acabó siendo la más corta de la feria. No llegó ni a las dos horas. Ninguno de los cinco toros restantes de acercaron a las calidades del primero.

Pudo haber sido pero se quedó a medias el tercero, demasiado pegado en varas, y pudo ser todavía más un quinto que empujó de bravo en varas y con el que Talavante no quiso tener trato. A Morante no le convino un cuarto muy sangrado, parado y distraído que le duró cinco muletazos nada más. Salió con la espada de acero y asunto concluido.

Tampoco Talavante lo vio claro con el serio segundo. Rufo porfió con el tercero pero abusando de torear por fuera y abrevió con un sexto de más de 600 kilos que hizo lo que ningún otro: mansear en varas.

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Cuaderno de Bitácora.- Entre el Hospital de San Carlos, el Clínico, y la clínica de la Concepción, ahora Fundaciòin Jiménez Díaz, en dos cachitos de dos tramos de aceras suele poner su puesto de venta a granel una familia gitana. En invierno, castañas. Esta mañana, cerezas, nísperos y paraguayas. ¡Qué color las cerezas, qué raro el del níspero, de terciopelo rosada la piel del paraguayo!

Última actualización en Jueves, 29 de Mayo de 2025 05:14