TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Zaragoza. Crónica de Barquerito: "Emilio de Justo, a hombros"

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Favorecido en el reparto con un excelente toro, se entrega en una faena de logros desiguales, rematada con una estocada de ley

 

Muy endeble y frágil corrida de Moisés Fraile


Zaragoza, viernes, 13 de octubre de 2023. (COLPISA, Barquerito).- 7ª del Pilar. Calor. Lleno. 10.200 almas. Dos horas y diez minutos de función.

Se dio noticia de que Octavio Chacón, cogido por el quinto toro de Palha el día 12, sufrió fractura de radio del brazo izquierdo y de la falange del dedo corazón de la mano derecha, además de diversas contusiones. Está ya su casa de Prado del Rey, o de El Bosque. Se libró de la cornada en la ingle de milagro

Seis toros de El Pilar (Moisés Fraile)

Alejandro Talavante, que sustituyó a Morante de la Puebla, silencio en los dos. Emilio de Justo, vuelta al ruedo y dos orejas. Salió a hombros. Pablo Aguado, silencio en los dos.

EL PRIMER TORO de El Pilar, un mozo negro chorreado, tomó capa con buen aire, cobró en el caballo dos meros rasponazos, se soltó de los dos y al quinto muletazo cumplió con lo prometido: perdió las manos. Y sonaron las primeras palmas de tango de la tarde, las primeras voces censoras. Ninguna emoción. ¿Toro de lidia o animal de compañía? En eso estaba la duda hasta que, después de una rara estocada atravesada y contraria de Talavante, el toro hizo trizas el capote del Fini Díez, que intentaba en vano hacerle doblar cuando fue desarmado. Un destrozo.

En el arrastre castigaron con pitos hasta tres toros. Este del destrozo fue el primero. El segundo, negro zaino, 600 kilos, de la rama de gigantes derivada de lo que fue la crema de Aldeanueva, toro en tipo pero pobre de cara, pasó por el caballo de pica protestando y repuchado. Muy menguadas las fuerzas. Emilio de Justo tuvo la feliz idea de sacárselo a los medios y de dejárselo venir por la mano derecha sin obligarle.

Embestidas muy apagadas. Cuando Emilio optó por traérselo enganchado, hubo una tanda vibrante, pero solo una. Por la mano derecha. Por la otra no tuvo trato el toro. Como apenas había ido obligado, costó mucho cuadrarlo. Una estocada arriba pero con vómito. Una vuelta al ruedo por libre y sin demanda.

Los cuatro toros restantes fueron colorados, la pinta mayoritaria en la ganadería. Tercero y cuarto fueron de hechuras muy parejas. Con más cara este cuarto, remangado, el único cinqueño del envío. El tercero se pegó una costalada a la salida del segundo encuentro con el caballo y otra más tan solo abrir Pablo Aguado faena. Claudicó al menor empeño. Una ruina. Tres pinchazos, media tendida, dos descabellos. Inédito Aguado en su debut en Zaragoza. Talavante saludó al cuarto con tres largas afaroladas en pie, exóticas por lo despegadas, cosidas con tres mandiles y un recorte de remate. El primer puyazo, trasero y sin piedad, hizo daño en la médula. Después de la segunda, el toro estaba lisiado sin solución. Al coro de palmas de tango de los censores cabales se unió esta vez la inmensa mayoría, los que habían venido a echar la tarde. Sin demora, un metisaca y un espadazo caído. Esos dos toros instalados en el meollo de la corrida fueron los otros dos abucheados en el arrastre. No se entiende que Talavante brindara al público ese toro, el segundo de los cinco con que está ajustado en la feria. El quinto llevaba nombre de una reata sobresaliente en El Pilar: Guajiro. Hizo honor a la familia. Estrecho, veleto, de partida trotón, se definió antes de lo previsto. Viveza en un discreto quite por chicuelinas de De Justo, y son delicado en otro de Pablo Aguado por el mismo palo pero mejor dibujo, más ajustado al modelo original. El toro galopó de verdad en banderillas, como no lo había hecho ningún otro esta semana, y ya no dejó de hacerlo. Se le había medido el castigo en el caballo y fue para bien. Aparatoso, Emilio de Justo citó de rodillas en los medios tras el brindis ceremonial y abrió con dos muletazos algo forzados. Ninguna broma:  recuperó la vertical a tiempo. Vino luego una faena de notable decisión, mandona y ligada por la mano  derecha, acertada en la elección de terrenos y distancias, un punto acelerada. Por la mano izquierda no fue la cosa igual: pasos perdidos, no se encarrilaba el toro tanto, el ajuste fue menor. Pese a su desigualdad, la faena se midió por un solo rasero y con una desatada euforia, se celebró una despegada tanda de manoletinas previa a la igualada y estalló el delirio cuando Emilio se entregó con la espada y la enterró ligeramente trasera. Se fue a morir a tablas el toro. Emilio quiso escenificar la muerte esperando en la primera raya rodilla en tierra la hora final. Cuando dobló el toro, se volvió a la carrera hasta los medios, pero levantó el toro el puntillero y hubo que volver a escena. Ni intención de descabellar. Y al fin cayó el Guajiro bueno, que se arrastró sin las orejas. Una vuelta al ruedo con parada en todas las estaciones.

Aguado trató de torear despacio al sexto en el recibo mientras se palmeaba mal la jota de Borobio, que tanto calienta a los toros, pero no a este, que fue de una supina fragilidad y rozó la devolución. Ninguna fuerza. Aguado lo acarició, le buscó despacito el fondo, por si había algo. Paciente, regalados los oídos por el solo de trompeta de Dávila Miura, pasodoble muy orejero, no encontró nada más que la rendición temida y descontada. Tres pinchazos y una entera.

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Cuaderno de Bitácora.- Temores confirmados. El kiosco de prensa de la plaza de San Francisco .-modélico, surtido, abierto a todas horas- cerró por jubilación del dueño, que era un quiosquero de los buenos. Especie en peligro de extinción. Como fui habitual durante no pocos años, había detectado que era un profesional muy querido por sus clientes. El kiosco sobrevive como tal. Cuadrado de paredes de ladrillo y tejadillo de caseta forestal. Junto al primero de los tramos porticados de la plaza cuando se entra por Fernando el Católico a mano derecha y viniendo desde la Gran Vía..Había de todo y para todos los públicos, desde las cosas de niños, que son ahora mismo el petróleo de no pocos vendedores de prensa, hasta revistas técnicas especializadas, publicaciones extranjeras, Le Monde, el Corriere della Sera, The Guardian, el Diario de Teruel y el del Alto Aragón, el Diario de Navarra, todos los catalanes, los semanarios taurinos, y porno discretamente servido en uno de los cuatro escaparates. Y las preciadas guías Prames de la colección de 50 números, muchos de ellos descatalogados. Una mina.

En otro Quiosco, El Quiosco, que es una tienda con puerta a la calle de San Juan de la Cruz, muy cerquita, he hecho una compra y he preguntado por el Kiosco. Que se había jubilado aquel señor tan trabajador, tan ordenado y tan amable, y que su único hijo no había querido seguir, "Qué pena! ¿Y cómo eso?". "Pues... que al hijo no le gustaba madrugar". Lo entiendo.

Y la otra pérdida irreparable, rescatada de Google y una página del Heraldo de otoño de 2020. El bar Artigas cerró por jubilación de Kiko y de Chon, los dos hermanos dueños y responsables que llevaban trabajando casi cincuenta años y dando fiesta al barrio. Me ha parecido entender que, sin el destrozo de la pandemia, habrían seguido. Pero con la pandemia llegaron las pérdidas y se apagó aquel humor tan sencillo y bueno. Una de las almas del barrio. Inolvidable.

La que parece más viva que nunca es la librería Cálamo, en la plaza de San Francisco también, escondida en un rincón. Una joya en su género. Libreros de los de verdad, en lucha con las grandes cadenas de superalmacenes, resistencia perpetua. ¿Perpetua? Ojalá!

Última actualización en Sábado, 14 de Octubre de 2023 08:25