TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Zaragoza. Crónica de Barquerito: "Un pobre espectáculo"

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Desmantelada en los reconocimientos, una corrida de cuatro toros demasiado mansos de José Vázquez, completada con un viejo cinqueño manejable de Pereda y otro rajado de Valdefresno


Zaragoza, martes 10 de octubre de 2023. (COLPISA, Barquerito). 4ª del Pilar. Veraniego. Casi plegada la capota de cubierta. 8.000 almas. Dos horas y veinticinco minutos de función.

Cuatro toros -2º, 3º, 4º y 5º- de José Vázquez, uno -1º- de José Luis Pereda y uno -6º- de Valdefresno (Nicolás Fraile Mazas).

El Fandi, silencio y ovación. Sebastián Castella, silencio en los dos. Paco Ureña, ovación tras aviso y silencio tras aviso.

LA Corrida Anunciada -tres toros de los hermanos García Jiménez y tres de José Vázquez- fue desahuciada en los reconocimientos. Se recompuso con cuatro de Vázquez, serios de cara, grises las cuernas, uno de José Luis Pereda que iba a cumplir los seis años el mes que viene y otro de Valdefresno muy voluminoso, armado pero escobillado.

El de Pereda, cara y cuajo de toro viejo, abrió el desfile. Lo cerró el de Valdefresno, muy badanudo y sin cuello, atacado de carnes.Salvo el de Pereda, en manos de un picador tan veterano y certero como José Manuel González, todos mansearon en el caballo. De manera escandalosa dos de los cuatro de José Vázquez: el tercero, que se escupió de un caballo a otro,  enloquecidas oleadas, y el cuarto, que, al sentir el hierro, volvió grupas y coceó el peto, y al fin, la salida tapada cuando buscaba la querencia, sangró lo justo. El segundo se recostó contra el peto sin empujar. El quinto se picó corrido y se salió suelto. Un picador de buen brazo, Agustín Romero, se agarró con él a modo. Al de Valdefresno le pegaron un primer y casi único puyazo interminable. Con el toro encelado y dormido pero sin empujar. Solo que al salir del castigo hizo hilo con Curro Vivas, que estaba en turno de brega.

El Fandi hizo unas cuantas brujerías en banderillas -tres pares apurados en el primer toro y cuatro de birlibirloque y formidables carreras hacia atrás en el cuarto- y pareció tapar de momento el signo de inefable mansedumbre de ese cuarto que no paró de mugir después. Con el voto en contra de la gente sensata, la banda tuvo la ocurrencia de arrancarse con la melodía del “Manolete” de Orozco, que esta vez sirvió no tanto para solemnizar los trances de una fatigosa faena como para silenciar los bramidos tan de manso del toro, que fue el único cuatreño de la corrida y quién sabe si uno de los supervivientes de la escabechina veterinaria. No es que el toro viejo de Pereda, brusco y revoltoso, fuera la alegría de la huerta, pero, comparado con los que fueron saliendo después, terminó por ser el campeón de la fiesta. El Fandi estuvo con él machacón, despegado y sin creérselo.  Para la faena del toro bramador hubo petición minoritaria de oreja. El motivo, una estocada defectuosa de El Fandi que pareció descoordinar al toro y un espectacular golpe de verduguillo bien teatralizado.

Paco Ureña, tan terco como tranquilo, inasequible al desaliento, se empeñó lo indecible con el tercero, que de partida se frenó y rehusó en la muleta, y al cabo de una faena justificatoria, y cuando ya nadie apostaba por nada, le pegó dos tandas en redondo muy celebradas. Protestado por renco, no se cayó el toro, que en la primera mitad de faena pegó saltos de cabra y algún arreón defensivo también. Sacarle en los medios media docena de largos muletazos fue una especie de capricho recompensado de Ureña, que pinchó cuatro veces soltando el engaño en dos de las bazas antes de enterrar una entera. La gente agradeció el esfuerzo.

Castella se las tuvo que ver con un lote infame. Parado pero también topón, incierto, la cara a media altura, ningún celo, el segundo fue castigado con palmas de tango por su mansedumbre. El quinto no hizo otra cosa que apoyarse en las manos y pegar cabezazos violentos. En un alarde de fe, sin descomponerse, Castella le pegó una docena de pases que no tuvieron eco. El toro de Valdefresno, que ya había buscado irse por la boca de una tronera después de banderillas, se rajó sin remedio a los diez viajes. Todos los apuntes negativos de quinto y sexto fueron más que manifiestos y, sin embargo, tanto Castella como Ureña cumplieron con la hueca ceremonia de brindarlos desde los medios. En un momento dado, el de Valdefresno se fue por la montera para oliscar en ella.

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Cuaderno de Bitácora.- El caballito de la Plaza de Roma, en la terraza del Río de la Plata durante tantos años, ha desaparecido. Era para que, previo pago, se columpiaran los niños del barrio. La gracia era que el caballo relinchaba. Tenía las crines y la cola rubias, pintadas de purpurina las pezuñas y tordos los lomos, el cuello y la testa. Los ojos saltones. Y una sonrisa de caballo, de enseñar mucho los dientes. Al lado del Río de la Plata, hay un Mercadona de los de dobles puertas -una en la plaza y otra en la calle Santander- y por eso el negocio era bueno para las dos partes: para Mercadona y para el caballo, que no se cansaba. Lo buscaré. La memoria me hace trampas y no sé si el caballo ya se había mudado de barrio en el otoño de 2019, la última vez que estuve en Zaragoza trabajando. Trabajando como el caballito-

Última actualización en Martes, 10 de Octubre de 2023 20:39