TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Madrid. Crónica de Barquerito: "La suerte, adversa de nuevo con Morante"

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Dos toros de nota en la armada corrida del Puerto, pero ninguno entra en un lote, el suyo, de mala nota

Cumple sin redondear Uceda

Téllez se deja un toro de triunfo

Madrid, Sábado, 8 de octubre de 2022. (COLPISA, Barquerito)

Las Ventas. 5ª de la feria de otoño. Templado, bueno. Estival. 22.739 almas. Dos horas y cuarto de función. Cinco toros de Puerto de San Lorenzo (Lorenzo Fraile), y un sobrero -4º bis- de José Vázquez.

Uceda Leal, vuelta y ovación. Morante, pitos y silencio. Ángel Téllez, silencio tras dos avisos y silencio.

EN LA CORRIDA DEL Puerto de San Lorenzo vinieron dos toros de provecho: un primero pronto de rampante brío que tuvo veinte embestidas boyantes por las dos manos y un tercero cinqueño de excelente remate que rompió sin hacerse esperar y sacó la bravura distintiva propia de la variante Lisardo Sánchez dentro de la sangre Atanasio.

Los otros cuatro de sorteo fueron bien distintos. El segundo llevaba el mismo nombre del tercero -Langosto-, pero fue la otra cara de la moneda: lamió tablas de salida, violento, geniudo y a la fuga, no hizo más que ponerse por delante, topar y cabecear antes de afligirse. Fue, además, toro listo.

Morante había elegido la corrida del Puerto para la que era su cuarta comparecencia del año en Madrid. Esos dos toros de la primera mitad de corrida justificaron la elección. La suerte en el reparto de toros le fue una vez más adversa. En su lote cayó el garbanzo negro. Después de verlo hacer hilo en banderillas y cocear frente al burladero de capotes para darse a la fuga, se armó con la espada de acero, se fue a los medios en busca del toro, trató de convencerlo y casi casi. Al quinto viaje ya estaba a la defensiva el toro, que, cerrado en rayas, se encogió con la aflicción que delata la mansedumbre. Morante entró a matar aliviándose. Un pinchazo sin soltar, otro, estocada corta y dos descabellos.

Antes de estrellarse contra el muro, Morante había firmado el quite de la tarde en su turno con el primero de corrida. Lo sacó del caballo con un mero toque y fuera de las rayas dibujó cuatro verónicas de muy lindo vuelo y remató con media. Uceda Leal replicó con chicuelinas, tres, y no por el mismo palo. No llegó a redondear faena Uceda con ese toro tan alegre y pimpante. Tandas por las dos manos de desigual calado, muletazos logrados a pies juntos, una última serie en redondo bien tirada y, en la suerte contraria, una estocada. Rodó sin puntilla el toro.

El tercero fue por todo el toro de la corrida. La ocasión perfecta para Ángel Téllez, que, sacado a saludar después del paseo como triunfador oficioso de San Isidro, estaba obligado a refrendar. No pudo ser. Un intento frustrado de abrir faena a lo grande -la ley Chenel del “pronto y en la mano”, y en la mano izquierda y dando distancia- y un cambio de estrategia que se encontró con la bravura pegajosa del toro cuando no iba gobernado, que fue casi todas las veces. Sorprendido y desbordado, todavía cobró Téllez buenos muletazos sueltos. Un final por manoletinas impropio y un calvario con la espada: cuatro pinchazos, una estocada. Ovacionaron al toro en el arrastre. Habían sonado dos avisos.

La segunda mitad de corrida no tuvo nada que ver con la primera. El cuarto, abanto, tardó un mundo en fijarse, perdió sin soltarla la vaina del pitón derecho y cuando, después de un puyazo empotrado y encelado, la perdió del todo, pareció desfigurado. Pañuelo verde cuando las protestas subieron de tono. Con un sobrero cinqueño, noble pero apagadito de José Vázquez, picado muy atrás, anduvo Uceda Leal breve pero moroso, fácil, y no pasó casi nada. Una estocada de excelente ejecución y un descabello.

El más serio de la corrida fue un quinto, remangado, muy astifino, de impecable trapío. Poco más de 500 kilos, imponía por delante. Huido de salida, no se fijó hasta que no salió Morante a hacerlo en el tercio con doce lances, uno detrás de otro, de puro dominio. El remate, con un lance a una mano por alto en vertical, fue del repertorio gallista. Muy encelado en un largo puyazo, el toro apretó en banderillas, Morante apostó por él. Apertura en tablas con tres ayudados por alto luego de un vano intento de cambiado a muleta plegada -el “cartucho de pescao”-, cosidos con molinete y natural. Pareció que sí, pero no. Ni tres viajes tardó el toro en acortar viaje, quedarse y revolverse. Por la mano izquierda punteó y cabeceó. Morante no perdió la compostura, pero se fue por la espada. Dos pinchazos y una entera.

Muy ofensivo, dos agujas tremendas, el sexto cobró hasta tres varas severas que lo tundieron. Parado a las primeras de cambio, sangrado, sin celo ni fuerzas, solo invitó a Téllez a liquidar el asunto. Una estocada y descabello.

Última actualización en Sábado, 08 de Octubre de 2022 19:53