TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Madrid. Crónicade Barquerito; "Una preciosa faena de Jorge Martínez"

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Novillero de dos patrias -Murcia y Almería-, se confirma en las Ventas como el más distinguido del escalafón y cuaja en son mayor un notable novillo de Valdellán

¿De Almería o de Totana, Murcia? Torero habemus!


Madrid, jueves, 6 de octubre de 2022. (COLPISA, Barquerito)

Las Ventas. 3ª de la feria de otoño. Novillada con picadores. Soleado, templado. 12.216 almas. Dos horas y media de función.

Cuatro novillos de Valdellán (Fernando Álvarez) y dos -5º y 6º tris- de Antonio López Gibaja.

Yon Lamothe, de Mont de Marsan (Francia), nuevo en esta plaza, silencio y silencio tras aviso. Diego García, palmas y silencio tras dos avisos. Jorge Martínez, vuelta y silencio tras aviso.

DE LOS CUATRO NOVILLOS de Valdellán que pasaron reconocimiento, el tercero, sacudido y engatillado, fue el más en tipo -santacoloma vía Hoyo de la Gitana- y el único de buena nota. Corretón y distraído de salida, bien fijado por Jorge Martínez con lances suaves rematados de media en el platillo, peleón en un puyazo medido y cumplidor en un segundo, estaba por ver después de banderillas. En un quite a pies juntos del debutante Yon Lamothe había parecido descolgar. No tardó en hacerlo luego: dejó sentir su estilo en un soberbio natural con que Jorge Martínez abrochó una apertura por ayudados. Algo frágil, encontró alivio en lo que vino a ser una faena de exquisito compás, medida con admirable precisión y carísima cuando el torero de Totana se puso por la mano izquierda, encajado y despacioso, para cuajar tres tandas fantásticas por el dibujo, el ajuste, la cadencia y la sencillez propia del toreo magistral. Así no había toreado en las Ventas este año ningún otro novillero y solo contados matadores de toros. La calidad de la faena se celebró con encendido asombro. El final -un ayudado cosido natural, trinchera y desplante- fue una delicia. Una estocada defectuosa no estuvo a la altura de la faena. El palco no atendió una petición mayoritaria de oreja. La vuelta al ruedo tuvo clamor de triunfo de consagración en Madrid.

A cargo de Jorge Martínez corrieron los únicos momentos brillantes de una tarde que, con hasta dos sobreros en liza -sextos bis y tris-, tomó deriva de catástrofe a última hora. Dos novillos de López Gibaja mucho más hechos y armados que los cuatro santacolomas de Valdellán completaron y cerraron corrida. Se movió pronto el quinto, que le vino grande a Diego García, y salió acalambrado y renqueando un sexto muy astifino, armado por delante, protestado enseguida. Jorge le sacó los brazos en el recibo en lances que pretendieron asentar al toro, que, descoordinado, se trastabillaba y estuvo a punto de sentarse. El palco lo mantuvo tras dos picotazos y dos pares de banderillas, pero la bronca adquirió caracteres apocalípticos y al fin hubo pañuelo verde. Al primer sobrero, sexto bis, cuajo de cuatreño, ofensivo, también le sacó los brazos Jorge en un recibo de firmeza y quietud. El toro calamocheó en una sola vara y claudicó, y ahora asomó precipitadamente el pañuelo verde de la devolución. Feo y basto, grandón, playero y astifino, el segundo sobrero fue el de peor nota de los ocho jugados. Aire moruchón, mucho bramar, la cara por las nubes, punteó rebrincado. También a este sobrero volvió a lancearlo Jorge con serenidad y, con el ambiente enrarecido, faenó con fe en trasteo de saber estar y componerse sin esfuerzo aparente. Se hizo respetar. Un pinchazo, estocada perpendicular y cuatro descabellos.

Correoso, pegajoso y a su aire, salidas distraídas, el novillo de la presentación en Madrid de Yon Lamothe fue prueba difícil resuelta sin brillo. El cuarto, de espectacular pinta berrenda, fue el de más trapío de los cuatro valdellanes. Mansón, sin fuerzas ni fijeza. Un trasteo discreto -firme primero, movido después- del torero landés, decidido y seguro con la espada. Noblón, justo de poder, llegó a derrumbarse el segundo santacoloma, pero tuvo prontitud. Jorge Martínez quitó airosamente a pies juntos. Diego García se compuso en una empeñosa faena de asiento y logros desiguales. No se acopló con el serio quinto de López Gibaja y los censores de las Ventas le afearon su toreo despegado, donde, sueltos, hubo muletazos notable. Pero la espada fue un calvario: ocho pinchazos, media, tres descabellos, dos avisos.

Última actualización en Jueves, 06 de Octubre de 2022 20:03