TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Salamanca. Crónica de Barquerito: "Se destapa la Ventana con tres toros de nota"

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Media corrida excelente del segundo de los hierros de Puerto de San Lorenzo y otra media del propio Puerto de distinta fortuna

Ureña se entrega, convence Leo Valadez


Salamanca, sábado 17 de septiembre de 2022. (COLPISA, Barquerito)

Salamanca. 4ª de feria. Templado, soleado. 3.500 almas. Dos horas y treinta y cinco minutos de función. Seis toros de Lorenzo Fraile. Tres -2º, 3º y 4º-, con el hierro de Puerto de San Lorenzo y los otros tres, con el de Ventana del Puerto.

Miguel Ángel Perera, ovación y ovación tras dos avisos. Paco Ureña, aplausos y una oreja tras aviso. Leo Valadez, una oreja en cada toro.

CUATRO DE los seis toros de Lorenzo Fraile fueron de nota. Los tres del hierro de Ventana -el que partió plaza y los dos últimos- y uno, tercero de corrida, con el hierro original del Puerto. Tres de procedencia Domecq y solo uno de la línea de Atanasio-Lisardo. Es tradición que las corridas del Puerto salgan en Salamanca bravas y buenas, pero no lo era en el caso de los toros digamos ventanos. Esta fue la ocasión.

La suerte y también las maneras de esos tres toros fueron distintas. El primero, engatillado y abrochado, un caramelo, vivo y pronto, pero tundido por un desafortunado puyazo trasero, enterró pitones al librarse del caballo de pica tras larga pelea, recobró aire en banderillas y persiguió, y se dio en la muleta con templada entrega. Perera, despegado de partida, se embarcó en larguísima faena pautada, cautelar por la mano izquierda, más lograda por la diestra, rematada con alardes circulares y péndulos de ida y vuelta. No lo vio claro con la espada. Tres ataques. Aplaudieron en el arrastre al toro.

El quinto, abierto de cuna, el más serio de los seis en liza, se cambió con un solo picotazo que hizo sangre. El sexto protestó en un duro puyazo barrenado. Los dos rompieron en la muleta sin hacerse esperar, desde el primer viaje. El quinto, un toro transparente, resistió en el mismo son más de cincuenta muletazos y repitió viajes con alegría, por abajo y sin desmayo. Paco Ureña le dio buen trato, incluso en los momentos en que la faena, limpia, ligada y de firmeza, pecó por exceso. Se jalearon las embestidas tanto como el trazo y ajuste de los muletazos seriados, Los remates de pecho fueron soberbios.

Como el toro quiso tanto, aquella empezó a parecer el cuento de nunca acabar. Cada vez que volvía al tajo, se encontraba Ureña al toro listo y fresco. Antes de la igualada todavía iba y venía el toro como a resorte. Estaba por llegar la cumbre. Tras una estocada delantera cobrada al encuentro, el toro peleó como si no fuera ni siquiera herido, tardó en doblar un mundo y antes de rodar, a paso agónico se salió de la primera raya hasta el tercio. Memorable. Antes del arrastre se armó un guirigay. Se pidió una segunda oreja y no se sabe si con más fuerza la vuelta para el toro. Enrocado, el palco se lavó las manos. Ni una ni otra.

El sexto no fue tan completo ni tan ofensivo como el quinto, pero no le anduvo lejos. En el recibo apretó de bravo. El duro pero certero puyazo lo dejó de seda. En un quite deslucido por altaneras volvió a presentar sus credenciales. Y en la muleta, más todavía. Se acopló Leo Valadez, encajado y resuelto, un punto ligero pero atrevido al descararse y aceptar el reto, facilón en un alarde final de circulares cambiados y, en fin, una estocada notable.

Para Valadez fue también el toro que hizo los honores a la sangre Atanasio del Puerto, un hermoso tercero que arrastraba las borlas del rabo, se dolió en el caballo y, a más, como es propio del encaste, fue de clara codicia, temple particular y muy suave son. En corto quiso menos que al venir de largo. De seria conducta, sorprendió a Valadez cuando pretendió torear sin toques. Solo dos apretones. Suelto y desenfadado, el torero caló y, según costumbre, se fue tras la espada por derecho y con fe de estoqueador acreditado y seguro. Soltando en la reunión el engaño.

La fiesta no fue completa. El primero de los tres del Puerto no paró de berrear, pagó el haberse encelado en un puyazo excelente de Pedro Iturralde, se rebrincó, tropezó engaño. Una faena demasiado larga de Ureña seguida con llamativa frialdad. El cuarto de la tarde, abanto e incierto de partida, lidiado con descuido, se vino arriba en banderillas y galopó. Perera lo sometió a las primeras de cambio y el toro protestó en el comienzo de una pelea de fondo, de las de darle dos vueltas al pasodoble, aparatoso pero desigual final en bucle y el castigo de un segundo aviso, que es siempre un borrón. La nota del espectáculo corrió a cargo de los solos de trompeta de El Soro, que, encajado con la banda de música, regaló los oídos a toreros y público en general, tocó dos dianas floreadas y fue aclamado por la grada de jóvenes con vivas de reconocimiento.

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Cuaderno de Bitácora.- La arquitectura de la almendra de Salamanca, su casco antiguo, es en conjunto sobresaliente. Caben juicios matizados. No todo el monte es orégano.

La ciudad vieja se pasea bien. Mejor, a primera hora de la mañana. Antes de que la marabunta de turistas y guías oficiales con megáfono destrocen el silencio de las piedras sagradas y no sagradas. Hay quien pone la elegancia singular del palacio de Monterrey a la altura de las joyas platerescas. La Clerecía es un exceso inoportuno. La soberbia de los jesuitas arquitectos inspirados en modelos italianos. La piedra del suelo del cogollo peatonal tiene algo de sagrado. Como el silencio. Recién regada, la Plaza Mayor parece a las nueve de la mañana otra. Las terrazas, vacías. Solo rezagados del botellón sin freno en la embocadura de la calle del Concejo. Los soportales son un escondite.

 

En La Gaceta aparece como tema recurrente el pleito de los ganaderos y los protectores de lobos. La Gaceta está por los ganaderos y los ecologistas de salón, por el lobo. Nadie tiene toda la razón. Los verdes urbanos no les han visto al lobo las orejas salvo raras excepciones. Los criadores de ovejas, sí. Las fotos de mansas ovejas escarnecidas y degolladas a dentelladas son un escalofrío. Los derechos del lobo son ahora sagrados. Es la ley de la selva,
dicen los dueños de los animales muertos.

 

Última actualización en Domingo, 18 de Septiembre de 2022 07:52