TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Salamanca. Crónica de Barquerito: "Empeño feliz de Morante"

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Dos faenas de alto nivel con dos toros para nada propicios

Bella corrida de Galache con un segundo excepcional premiado con la vuelta póstuma

López Chaves, a hombros

Salamanca, Viernes, 16 de septiembre de 2022. (COLPISA, Barquerito)

Salamanca. 3ª de feria. Soleado, templado. 7.000 almas. Dos horas y veinticinco minutos de función.

Seis toros de Francisco Galache. Vuelta en el arrastre para el segundo, Chillón, número 23.

Morante, ovación y oreja tras un aviso. López Chaves, dos orejas y ovación. Alejandro Marcos, división y silencio.

NO LA ÚNICA, pero la mayor de las virtudes de la corrida de Galache fue la de ser distinta. No solo por las hechuras y las pintas, de armónica belleza privativa y espectacular, sino también por su manera de ser y su estilo, ajenos al canon imperante y propios de un arrumbado encaste original; el de Vega Villar. La idea de rescatar los toros de Galache para una feria de altura salió de Morante, que el año pasado la impuso en Salamanca como condición inexcusable. El espectáculo cumplió entonces con creces las expectativas. El gesto de sacar del desván una ganadería tan clásica y tan olvidada del campo charro tuvo el debido reconocimiento. Morante se convirtió de golpe en torero predilecto de Salamanca. Una pasión correspondida.

Dos corridas tiene firmadas este año Morante en este fin de semana y feria en Salamanca. La primera, la de Galache, que, en tipo y en peso, fue una auténtica hermosura, brava en el caballo -un puyazo por cabeza, pero cobrado con fijeza y entrega-, más falta que sobrada de fuerzas -el quinto, de nobleza pajuna y embestida al ralentí, lesionado de una mano, muy protestado por claudicar- y con una nota común, que fue, por paradoja, lo variado de su conducta sobre el fondo de un solo aire.

La suerte no se alió con Morante, que se llevó los dos toros menos propicios del reparto, pero con los dos se empeñó sin la menor reserva y de los dos dio cumplida cuenta en faenas de trazo, planteamiento y logros diferentes, tocadas las dos por la gracia del toreo de alta escuela. Impecables el asiento, la calma, la soltura y la frescura de ideas para improvisar una y otra vez en función del estado mutante de los toros. Para torear en un palmo de terreno a un primero bramador y escarbador al que tuvo que consentir cuando se le quedó debajo, y enganchar, tapar y obligar cuando no hizo más que resistírsele. Una tanda final ligada en redondo y abrochada con un desplante del repertorio particular fue magistral.

Frenado de salida, las manos por delante, ensilllado, el cuarto se apoyó en las manos, cabeceó y punteó, la cara arriba al salir del muletazo, medios viajes renegados, reservonería. Morante apenas disimuló su contrariedad al ver la condición del toro, pero con él vino a cuajar una faena tan prolija como poderosa e inteligente, primorosa a pesar de no atenerse al modelo de las faenas de esa clase, sin apenas transiciones sino en un todo continuo -clave en su sentido del toreo-, bien peleada, con el logro mayor de una tanda al natural perfecta, de afán sorprendente y salpicada de detalles singulares, desde un cambio de mano por delante fascinante hasta el abanico con desplante previo a la igualada y a una estocada soberbia casi delante de la puerta de toriles, en la querencia de los toros que se defienden, que fue el caso. Se subrayaron las sutilezas de la faena tanto como la entrega y la ambición. La vuelta al ruedo fue, como tantas otras veces, sencillamente clamorosa.

La corrida tuvo un segundo toro de bravura excepcional. Cinqueño -lo fueron los jugados de pares-, negro berrendo capuchón -el lomo, casi ensabanado-, acucharado, sacudido de carnes, un toro de coleccionistas que no hizo más que galopar y galopar, de hacer el surco por las dos manos y de querer y querer. Fuera de serie. López Chaves, gracioso y campero en el recibo de capa a piernas genuflexa, se embarcó en una larga faena demasiado pausada, de más voluntad que inspiración, brillantes pases de pecho en los remates. Pareció Chaves más pendiente de cortar las orejas que de torear a placer. Una estocada sin puntilla. Y vuelta para el toro, que se arrastró sin las orejas.

Dos toros berrendos en colorado, tercero y quinto, pero distintos. Algo tardo el uno -y Alejandro Marcos, en la pala del pitón por sistema- y con flojera de manteca el muy noble pero aplomado quinto, que Chaves toreó con sabia paciencia y caro temple en faena de excesivo metraje. El sexto, único negro -girón- del envío, el de más trapío de los seis, se acostó mucho por una mano, se rebrincó, no fue sencillo. Estuvo firme y sereno Alejandro Marcos.

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Cuaderno de Bitácora.- En la última página de La Gaceta, y en una sección de "Noticias que hicieron historia", se cuenta la explosión del polvorín de Peñaranda de Bracamonte en julio de 1939, apenas tres meses después de concluida la guerra. La explosión destruyó gran parte del caserío y los muertos fueron casi un centenar. Un número no precisado de heridos que hubo que atender en hospitales de Ávila, Zamora y Valladolid porque los de Salamanca no daban abasto. La catástrofe se tituló camuflada dos días después de suceder. "El desgraciado accidente del domingo en Peñaranda". Subtítulo: "El Caudillo envía un donativo de doscientas mil pesetas". Lo que la censura no pudo ocultar fueron las esquelas remitidas desde Peñaranda por familiares de las víctimas.

Lo que resistió sin quebranto fue la plaza de toros, que es singular, un precioso corral de ladrillo visto, exenta y suburbial. De Peñaranda son los Rupérez, ilustrados liberales que levantaron uno de los grandes imperios de los libros de texto. la editorial Anaya. El libro de memorias de Martín Rupérez, a quien la guerra sorprendió en Andalucía, es uno de los memoriales más originales sobre la época que tengo leídos.

Antes paraban en Peñaranda todos los trenes del trayecto Madrid-Salamanca.. El semi AVE ha dejado de hacerlo, y, si amas el ferrocarril, te entristeces, porque no tiene sentido reducir a Peñaranda en estación de paso. El paisaje desde Medina del Campo a Salamanca y antes de correr el tren en paralelo con el Tormes parecía esta mañana agostado y, sin embargo, conserva su belleza salvaje de tierra cereal. Venía el tren casi lleno. Y el Tormes, he leído en La Gaceta, acaba de recuperar su caudal. Ha estado lloviendo en su cuenca toda la semana. Dejó de llover justamente ayer.
Última actualización en Sábado, 17 de Septiembre de 2022 19:07