TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Bilbao. Crónica de Barquerito de la novillada de feria.

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Tres novilleros de calidad y una novillada nada sencilla


Jorge Martínez firma los lances y pasajes de más calidad, pero sin apenas eco


Víctor Hernández confirma lo seco y serio de su arrojo y Mario Navas, menos hecho que los dos, apunta formas y maneras de toreo de clase

 

Espectáculo larguísimo.


Bilbao, Lunes, 22 de agosto de 2022. (COLPISA, Barquerito)

Bilbao. 3ª de las Corridas Generales. Estival. 2.500 almas. Tres horas de función.

Seis novillos de José Cruz (Rafael Cruz Iribarren). El segundo bis, sobrero.

Víctor Hernández, saludos y una oreja tras aviso. Jorge Martínez, saludos tras aviso y silencio tras aviso. Mario Navas, silencio y una oreja.

Dos puyazos perfectos de Pedro Iturralde.


DE TRAZA Y REMATE muy desiguales, la novillada de Rafael Cruz fue dura de pelear. Brusco el altón novillo que partió plaza y solo pudo picarse a salida tapada, espabilado en banderillas, correoso, algo incierto, una gota de violencia. Lo tumbó sin puntilla Víctor Hernández al cabo de una faena armada en los medios con buena cabeza, pero algo desconfiada y resuelta por sistema al hilo del pitón. Se revolvió celoso más de una vez el toro, que en el saludo precipitado de capa lo había desarmado y más de una vez lo sorprendió luego en embestidas temperamentales. Al final de la porfía, se soltó el toro, aplaudido de salida y no tanto en el arrastre.

 

La lluvia había dejado el piso de plaza muy resbaladizo y en él patinó el segundo de corrida, que galopó de salida, se vino cruzado al tomar engaño y de repente se encontró con el capote bien templado de Jorge Martínez. Un ramillete de lances encajados, despaciosos, de muy linda composición, abrochados con una espléndida media revolada y una brionesa a suerte cargada. La mejor muestra de toreo de capa de toda la tarde. Solo que el toro salió trastabillado de tan rico recibo y después de un puyazo, renqueó, cobró un volatín completo, pareció descaderarse al recuperar la horizontal y la gente reclamó ruidosamente. Fue devuelto.

También el sobrero salió con pies, y acalambrado. Claudicó después de picado y, cuando crecían las protestas, se puso a llover. Cuatro gotas con desbandada en los tendidos casi vacíos. Salvado de la devolución por la campana, y por el acierto del palco, todavía enterró un pitón al comienzo de faena. Una faena que fue la de mejor aire y mejores registros de toda la corrida. Compuesto y vertical, suelto y tranquilo, Jorge Martínez toreó con una virtud rara: el compás, que es un don natural. Con movilidad, pero algo andarín, el novillo pegó enganchones -la cara alta- pero acabó sometido y bien toreado en dos tandas de caro dibujo y largo trazo, ligadas, rematadas en semicírculo, de gran pulso. Se pidió música al palco, que es quien la gobierna, y ni caso. Tal vez eso enfriara a la gente. Una estocada defectuosa y dos descabellos dejaron sin premio tan lindo trabajo.

Cuando dejó de llover, invadió Vista Alegre la bruma. El tercero, de serio cuajo, castaño chorreado, muy bien picado por Pedro Iturralde, después de banderillas buscó las tablas antes de pararse casi en seco. Mario Navas, elegantemente vestido de azul índigo y oro, mucho oro, terno de estreno, no tuvo más opción que la de un trasteo en corto de buenas formas. Seis pinchazos antes de echarse el toro.

El que más calentó a la gente fue un cuarto grandón de basta lámina que empujó con fijeza en el caballo y superó los efectos de dos puyazos traseros y una vuelta de campana. A pies juntos Jorge Martínez le hizo un excelente quite de tres lances con media y revolera. Los ataques en tromba del toro encarecieron la faena de Víctor Hernández y dejaron ver su valor sereno y seco, su firmeza indiscutible, sus nervios templados y su buena colocación. Ahora sonó la música y, cuando el toro vino a menos, Víctor tiró del toreo de alardes: las bernadinas y el circular invertido. También rodó sin puntilla de gran estocada este cuarto, muy aplaudido en el arrastre.

El quinto, cuajo y cara de cuatreño, fue el más difícil. Astifino, listo, calamocheó en el caballo, se recostó en una segunda vara, escarbó, hizo hilo en banderillas y se plantó en tablas cerca de la puerta de toriles. Tocó ir a buscarlo de punta a punta y lo hizo Jorge Martínez, que se lo trajo a terreno contrario toreando suave por delante. Ya estaban encendidas las luces. Enterado el toro, que se frenaba o se metía por detrás al rematar viaje, y pegó más de un trallazo. Muy seguro, no cedió Jorge ni un paso, sacó muletazos francamente buenos y resolvió con calidad y autoridad. Sin apenas eco. Un pinchazo y una estera caída.

El sexto fue el más noblito de todos. Lo toreó a gusto Mario Navas con el capote, que maneja más que bien, y lo ligó sereno sin forzar la figura en faena breve y ligera, bien compuesta, y rematada con una estocada cobrada a ley.

Última actualización en Martes, 23 de Agosto de 2022 09:29