TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Azpeitia. Crónica de Barquerito "Gusta Joaquín Galdós"

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Contrapunto visible de Roca Rey, su paisano pero no rival, el torero limeño deja en su debut en Azpeitia buena impresión

 

Seria, discreta y dispar corrida de Murteira Grave


Azpeitia, 31 jul. (COLPISA, Barquerito)

Domingo, 31 de Julio de 2022. Azpeitia. 2ª de San Ignacio. Nublado, templado, sirimiri final. 3.000 almas. Dos horas y media de función. Seis toros de Murteira Grave (Joaquim Grave). El cuarto, Dupla, premiado con la vuelta en el arrastre. Antonio Ferrera, silencio y oreja tras un aviso. Juan Leal, oreja y silencio tras aviso. Joaquín Galdós, vuelta tras un aviso y una oreja. Pares muy celebrados de José Chacón, Marco Leal, Fernando Sánchez y Roberto Blanco.

PARTIÓ PLAZA el toro de más carnes de una corrida de dispares hechuras de Murteira Grave. 560 kilos. Chato, negro, cabezón y atacado de peso, hechuras en el aire antiguo de la ganadería. Cobró un solo puyazo largo y duro, enterró pitones en solo el primer viaje de muleta y, mermado y claudicante, se apoyó en las manos antes de pararse. Ferrera tiró de él con tenazas, las bambas de la muleta al hocico, pero ni por esas. Un pinchazo y una estocada de rápido efecto.

De muy distinta lámina un segundo castaño albardado. Gargantillo: un collar de pelaje cárdeno, una rareza. Bajo de agujas, briosa salida, derribó en la primera vara tras romanear cargando al caballo no por los pechos sino por los cuartos traseros. Se repuchó en un segundo puyazo protestado, fue pronto en banderillas y duró en la muleta muy poquito: una tanda de doblones académicos, otra en seguida de toques por fuera de Juan Leal y una tercera sin repetir viaje. Desganado, se apagó antes de pararse y meter la cara entre las manos. A toro rendido, empeño de Leal encajado entre pitones. Vulgo, arrimón. Vanos intentos de muletazos invertidos, el llamado toreo del revés. En la reunión de la muerte perdió el toro las manos y rodó casi fulminado de estocada desprendida.

Para entonces empezó a pesar la sombra de la brava corrida de Ana Romero jugada la víspera. De ella se hablaba a las seis de la tarde en la explanada de la portada moruna de la plaza. El signo de la corrida de murteiras cambió con la salida y el juego de un tercero de frondoso rabo, que arrastraba la borla por la pálida arena. Engatillado, ligeramente bizco, ensillado, fue el de mejores hechuras de los seis. Justo de fuerzas, quiso siempre a reclamo. Lo toreó con lindo son el peruano Joaquín Galdós, que debutaba en Azpeitia. Una faena de dos mitades distintas. Una primera despaciosa, de regusto formal clásico, bien compuesta, más cumplida con la mano diestra. Por la izquierda, el toro amenazó con perder las manos al menor tirón. Dos tandas ligadas de muleta arrastrada y un pasodoble con solo de trompeta caldearon la cosa. La segunda parte fue más efectista pero singular: muy despatarrado Galdós en muletazos genuflexos cobrados por ambas manos. Y entonces empezó a protestar el toro. Media estocada bien señalada, una entera trasera y acierto con el primer descabello. Después de la ceremonia del zortziko del tercer toro, todavía sacaron a Galdós a saludar. Un detalle. Una vuelta al ruedo bien ganada.

Repintaron las rayas de picar, se hizo largo el intermedio. El cuarto toro galopó de salida sin fijarse y, cuando Ferrera lo intentó, volvió contrario todas las veces. Tocado y algo brocho, fue, después del tercero, el mejor hecho

de los seis. Galopó de largo al caballo -le pegaron lo mínimo- y Ferrera insistió en que volviera a hacerlo por segunda vez, pero señalándose el puyazo con el regatón. En la reunión perdió el toro las manos debajo de la montura. A Ferrera, brillante en un quite galleando por las afueras, le gustó el toro, se lo brindó al ganadero y se metió a fondo con él. Toro con llamativo recorrido, pero ligeramente rebrincado. Roncaba al emplearse, fue de particular nobleza. Larga y aparatosa faena de Ferrera, el alma en danza, variado y ligero, desplantes y salidas teatrales, seguro siempre. Lo mejor: una tanda de ayudados por alto cobrados de puntilla, rescatados del repertorio mexicano. Atacando de larguísimo y a paso de banderillas acabó Ferrera enterrando una estocada caída y mortífera. Vuelta al toro a tanta velocidad que no tuvo tiempo ni de pronunciarse la gente.

El quinto escarbó de salida, empujó en una sola vara, esperó en banderillas y, muy mansito, consintió a Leal pero no le provocó. Una faena machacona, trabajosa, de muchas voces, forzada y resuelta con un nuevo arrimón entre pitones sin que el riesgo trascendiera.

Enmorrillado, generosa culata, el sexto se soltó a escape de un puyazo único, que fue ley de la corrida toda. Galdós se compuso bien con el capote, pero sin redondear. Encajado, sereno y firme, tiró con pulso del toro en una faena meritoria, de buena colocación, calma y formas distinguidas, y limpio trazo. Interesante. Un final pisando terrenos del toro. Y una buena estocada. Muy buena impresión.

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Cuaderno de Bitácora.- Una de las maneras de entenderse con Azpeitia es conocerla siguiendo el curso del río. El río Urola, que cruza la villa de punta a cabo. El Urola entra por el barrio de Loyola y sale por el arrabal de la Magdalena. Lo cruzan siete puentes. Solo dos de ellos tienen nombre conocido: el de Emparan, que fue el primero y primitivo, el que daba salida de la ciudad hacia Goyaz, Tolosa y San Sebastián, y el de la Magdalena, que es el más romántico de los dos. Está por aclararse qué es eso de un puente romántico. En los dos primeros grabados de los años del Romanticismo la estampa elegida por los dibujantes fue el puente de la Magdalena. Tal vez porqueen ese punto empieza a cerrarse el valle y porque, casi escondido en un rincón de la margen izquierda se encontraban empotrados en el paisaje el hospital de pobres, antigua leprosería, y una ermita consagrada por freilas del país a María Magdalena. En ellas, según fama, predicaba el santo Ignacio de Loyola cuando entró en su primera etapa mística, mucho antes de lanzarse a la aventura de fundar la Compañía de Jesús. Las freilas, santonas tenidas a veces por brujas, eremitas, heterodoxas, fueron personajes relativamente comunes en la Azpeitia medieval. La Inquisición mandó a la hoguera a unas cuantas.  Enfrente de la ermita, una serrería. La madera debió de ser a principios del XIX industria relevante en Azpeitia. No sé si tanto como la del hierro. Durante el tiempo que el santo vivió en la ,leprosería el puente de la Magdalena no estaba tendidoni pensado.

El río sale de Azpeitia mucho más vivo que de entrada. En el tramo de la Magdalena está canalizado pero libre El paseo  por la orilla izquierda vale la pena. Una balaustrada metálica como la de la playa de la Concha de San Sebastiàn sirve de pequeña atalaya corrida. El río se oye tras la fronda. Hay aves canoras. El panorama desde el puente engancha mejor de cara al hospital. Pero si se da a la espalda a la Magdalena, se empieza a tener idea bastante precisa de Azpeitia, que, encerrada en una muralla en el tiempo de su fundación en 1310, fue creciendo al margen del río. El casco antiguo de la ciudad está, como la Magdalena, en la margen izquierda. La moderna se extendió por la derecha. Sobre todo, la ciudad industrial. Las fábricas, las modernas fundiciones herederas de las viejas ferrerías.

 

La basílica de Loyola se construyó en la margen derecha del Urola. La parroquia de San Sebastián, que es la parroquia propia del pueblo, en la izquierda. En la entrada por Loyola, el río viene calmado y vivo. El primer puente en el acceso a la explanada del santuario marca un cambio de ritmo del caudal, se ensancha y tiene su puntito salvaje. En la orilla izquierda se ha compuesto una senda para caminantes muy atractiva. En la derecha crecieron los barrios obreros de la década de los 60, cuando Azpeitia empezó a recibir inmigrantes gallegos, andaluces y extremeños. Para ir a la ciudad había que cruzar puentes. Para ir al trabajo, no.
Última actualización en Lunes, 01 de Agosto de 2022 11:10