TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Pamplona. Feria del Toro. Crónica de Barquerito: "El toro más bravo de la feria"

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Quinto de una corrida de Jandilla donde saltaron otros dos toros de buena condición


Uno de los tres carteles caros de la semana, pero se saldó sin orejas y con demasiados avisos


(COLPISA, Barquerito)

Martes, 12 de julio de 2022- Pamplona. 8ª de San Fermín. Calor sofocante. 19.400 almas. Lleno. Dos horas y cuarto de función. Un toro de Vegahermosa -1º- y cinco de Jandilla (Borja Domecq Noguera)

Diego Urdiales, ovación tras un aviso y silencio tras aviso. Alejandro Talavante, silencio y vuelta tras un aviso. Ginés Marín, ovación tras un aviso y silencio.

VEINTINUEVE de los treinta toros en puntas jugados en San Fermín hasta la fecha fueron cinqueños. Solo uno de Núñez del Cuvillo, el cuarto de la corrida del centenario, llevaba el guarismo del 8. Único cuatreño de la Feria del Toro. Y el único de esas dos docenas y media que pasó la barrera de los 600 kilos. Fue, por cierto, el toro de la faena de mejor compás de cuanto se lleva visto. La faena de Morante.

Y de pronto, en la sexta fecha mayor de la semana, la corrida de Jandilla rompió con la norma. Cuatro cuatreños y solo dos cinqueños, que cerraron festejo. Uno de estos, el quinto de sorteo, fue el más bravo de la feria. Se llamaba Rufián. Número 70, negro zaino. Los dos cinqueños fueron más hondos que los demás. El porte del quinto fue particular: la alzada, la armonía. Y, luego, su estilo al galopar.

En el recibo de capa Talavante lo desplazó en exceso y el toro se soltó. A correr. Como si repitiera con el mismo gas con que los seis de marras cumplieron el encierro. Donde el toro se declaró a lo grande fue en el caballo de pica. Encelado en la primera vara, que fue de castigo, empujó y apretó como los grandes. Fijo por delante del estribo, casi en los pechos del caballo recostado en tablas, metió los riñones sin pegar ni una sola cornada al peto. Tardaron en quitarlo. En cuanto volvió a tener a tiro el caballo, se arrancó por él. Lástima que al piquero de turno se le fuera la mano en un segundo puyazo caído.

En banderillas galopó ligero el toro. Talavante, que había brindado al público el toro de su regreso a Pamplona cinco años después, un segundo claudicante pero de muy buen aire, repitió brindis. No hubo ni que hacer apenas pruebas, pero Talavante prefirió asegurarse. Pronto y codicioso, el toro repitió a las primeras de cambio por las dos manos. Por las dos vino humillando. Veía solo muleta y la seguía hasta donde lo llevaran. A todo quiso con el mismo ritmo, como si fueran embestidas seriadas. A los muletazos embarcados por fuera, a los tomados en rectitud, a los enroscados, a los remates cambiados por alto, a los de pecho, a los circulares inversos, a los cambiados por la espalda. Amplio el surtido de la faena, tandas más largas que cortas, pero se tuvo la sensación de que el toro quería más y con más habría podido. Más largo que intenso el trabajo, que fue jaleado convenientemente. Y también las embestidas del toro, que iba a llevarse en el arrastre una ovación de gala. Si Talavante le hubiera cortado una oreja, y no digamos las dos, al toro le dan la vuelta al ruedo. Pero Talavante, últimamente muy inseguro con la espada, cobró soltando el engaño una estocada sin muerte y solo acertó al tercer intento con el verduguillo. Después de un aviso, la vuelta al ruedo se la pegó Talavante.

El primer jandilla, del hierro de Vegahermosa, fue también muy buen toro, pero sin llegar a tanto. De cañas finísimas, parecía imposible que sostuviera los 560 kilos de trono y cabeza. Urdiales lo toreó de capa con bello compás. Lance a lance, se lo fue sacando hasta la misma boca de riego y ahí remató con la media clásica. Luego, lo llevó galleando por las afueras. Fue un exceso tanta capa para el toro, que apenas se empleó en el caballo. Talavante quitó por una tafallera, tres gaoneras y revolera.

A la hora de banderillas el toro llevaba en la cuenta más de dos docenas de embestidas obligadas. Claras todas ellas. Claros los viajes en la muleta, pero acusando el toro una ligera lesión en una mano y arrastrando por eso ligeramente cuartos traseros. Una faena académica, templada, bien lograda en redondo, resuelta en el uno a uno por la izquierda, compuesta con frío orden y rematada con una breve serie de naturales frontales. Una estocada. Tardó en doblar el toro, lo levantó el puntillero y el cachetazo final solo llegó al sexto intento. El fallo que las peñas de sol no perdonan. Había sonado un aviso.

A pesar de claudicar, una posible lesión de la carrera, el segundo, siendo frágil, tuvo entrega y, codicioso y fijo, se empleó a modo por la mano famosa de Talavante, que es la izquierda. Las claudicaciones del toro al menor tirón quebraron el ritmo de la faena, de ajuste desigual y de compostura algo impostada. Dos pinchazos saliéndose Talavante de suerte y una estocada tendida.

Los tres toros de mejor condición se llevaron las orejas puestas al desolladero. Y los otros tres, también. Y en una de las tres corridas caras del abono, sonaron hasta cuatro avisos. Uno para Urdiales por demorarse en faena interminable con un cuarto castaño que pegó derrotes cuando empujaba, y no empujó en serio nunca. Otro para Ginés Marín, que se alargó en faena profusa con un tercero que no terminó de convenirle ni de perturbarle. El hondo sexto, tardo, escarbador y hasta un punto violento, fue el toro complicado de la corrida. Tardo y probón, adelantó por las dos manos. A este lo mató Ginés con su seguridad de siempre.

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Cuaderno de Bitácora.El Centro de Salud de la calle de la Fuente es el más noble de los edificios de la Burlada moderna. La fachada del ambulatorio, de ladrillo rojo visto, curva con portón acristalado, es sobria. La zona de hospital y consultas vierte a dos calles, y el edificio, de ventanas altas, dos plantas y revoco claro, casa bien con la fachada. Una hilera de tupidos tilos protege uno de los dos costados. Delante del otro, un jardincito mínimo, Los dos institutos, el Ibaialde y el Askatasuna, y las escuelas públicas, la Hilarión Eslava y la Emitaberri, y la escuela de Formación Profesional son también edificios buenos, cada uno de una manera. Y, en fin, la Casa de Cultura, una construcción a lo Oscar Niemeyer y por tanto indescifrable exterior, es el símbolo no de la Burlada moderna sino de la más moderna todavía. O sea, la Burlada futura. La futura es la presente porque ya no hay sitio por donde crecer. Los huertos de San Juan protegen el barrio viejo. No me atrevo a llamarlo "casco histórico". En cambio, a la pradera de la Nogalera sí podría llamársele "campa", que es un término de tradición en las provincias vascas para referirse a los prados comunales. En ellos, en las campas, comenzaron las predicaciones del nacionalismo vasco.

Sí, sí, la ciudad está llena y ocupada. De la Burlada llena anterior a la moderna lo más llamativo son las falsas plazas interiores, espacios entre viviendas de una misma o dos o hasta tres manzanas. Podrían ser patios residuales, pero se han reconvertido en espacios abiertos casi desnudos. Se llaman, a pesar de todo, "plazas". La de las Cofradías, a espaldas del apacible Hotel Burlada, es la más concurrida. Tiene parque infantil. Y un pasadizo que lleva a los vecinos de la calle Nueva y la de San Blas hasta la parada del Unzu.

El Unzu es uno de los tres bares buenos de Burlada y está en una rinconada de la calle Mayor. Unzu
es el apellido del dueño pero a la rinconada se la conoce como la plaza Unzu. De las tres paradas en Burlada de la villavesa -el autobús, en la jerga pamplonesa-  la que más trasiego tiene es la del Unzu. La que menos, la de los conventos. Podría decirse que el centro de Burlada es el Unzu tanto como la parroquia de San Juan. En realidad, el centro es la Calle Mayor, ella sola, de punta a punta. Burlada no es una ciudad radial, sino todo lo contrario. Tampoco Pamplona, y no pasa nada. Nada tiene de malo. Camino de los toros a las cinco en punto de la tarde, por la sombra de la ronda de la Media Luna, comprobé al asomarme al talud sobre el Arga que al pie de Pamplona hay dos o tres bosques. En Burlada nos consuelan los plátanos de sombra de la Nogalera y los fresnos de la ribera.
Todo el mundo buscando la sombra.
Última actualización en Miércoles, 13 de Julio de 2022 22:05