TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Pamplona. Feria del Toro. Crónica de Barquerito: "Una de Escolar más difícil que fiera""

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Con los solo dos toros relevantes, uno por encastado y otro por su buen fondo, Joselito Adame y Javier Cortés firman los mejores episodios de un espectáculo sin brillo

Sábado, 9 de julio de 2022- Pamplona. 5ª de San Fermín. (COLPISA, Barquerito) Estival. 19.000 almas. Lleno. Dos horas de función. Seis toros de José Escolar.

Joselito Adame, silencio en los dos. Rubén Pinar, ovación y silencio. Javier Cortés, silencio en los dos.

EL ESCAPARATE de la corrida de Escolar fue de museo. Abiertos de cuna sin excepción, cornipasos o veletos, y hasta las dos cosas a la vez, fibrosos y musculados, altos de agujas la mayoría, cinco cárdenos y solo un tercero negro entrepelado. Todos menos el quinto, de riguroso y vivo galope de salida. Y todos, quinto incluido, toros con mucha plaza. Primero y sexto, muy en particular.

El uno, por engallado antes y después de varas, por su listeza y su modo de mirar y medir, la antena puesta hasta la misma hora de la igualada. El otro, por su descomunal cornamenta. Casi un metro de cuerda de pitón a pitón. Fueron los únicos de verdadero interés de una corrida menos correosa y poderosa de lo previsto y, con la salvedad del que partió plaza y del que cerró fiesta, venida abajo después de pasar sin exceso de castigo la aduana del caballo de pica.

Difícil pero no fiera, más deslucida que dura o artera en general, la corrida se hizo temer más por fuera que por dentro, y con eso tampoco se contaba. La manera de esperar y cortar en banderillas, los seis, sí se tradujo en momentos de visible peligro. Ni siquiera banderilleros tan afamados como Iván García o Ángel Otero tuvieron ocasión de lucirse. Del otro peligro que los toreros llaman sordo, no porque no se escuche sino porque no se ve, hubo menos noticia.

En ese punto, el toro primero, con el que Joselito Adame debutaba en Pamplona al cabo de quince años de alternativa, acabó siendo con diferencia el más inquietante de los seis. Se volvió de salida para presto reasomar y tomar la plaza con su imponente presencia y su díscolo galope de bravo. Adame trató de fijarlo con cuatro lances y un recorte en la raya de fuera, pero el toro se huyó a la querencia habitual en Pamplona del portón de corrales. Ahí le pegó Óscar Bernal un excelente y medido puyazo. De un segundo en el terreno natural se salió suelto y crudo.

Joselito comprobó lo entero que estaba el toro cuando, abierta la faena en la segunda raya tras dos muletazos por delante, se lo encontró arreando muy en serio. Después de arrear, se puso andarín y, aunque tomó engaño a reclamo, lo hizo sin descolgar. Al salir del muletazo, se encampanaba y estaba más pendiente de Adame que del engaño. El trago fue tremendo. Compuesto y entero, Joselito cobró hasta cuatro tandas de muletazos de uno en uno. No repitió el toro ni dos embestidas y terminó frenándose. La estocada de Adame, perpendicular, fue de una habilidad supina. Con ella dentro se fue el toro a su primera querencia y a defender terreno. No fue sencillo descabellar. Casi al hilo del pitón, Adame acertó al segundo intento. Solo en ese toro primero, y sin volver Adame la cara, se pasó el miedo que se anunciaba en el guion de la corrida.

Con los cuatro toros que saltaron después la tensión cayó de repente y tardó en remontar. El segundo pareció querer por la mano izquierda, pero se revolvió más de una vez y acabó topando. Rubén Pinar planteó una larga faena convencional y por eso impropia. Lo tumbó sin puntilla. El tercero, frentudo, de pinta y hechuras distintas a todos los demás, sangró en serio en el caballo -un primer puyazo de mucho castigo- y se vino abajo enseguida, se apoyó en las manos, sin celo alguno se encogió. Fue el debut de Javier Cortés en San Fermín. Media estocada trasera y se echó el toro.

Quienes habían visto el apartado contaron que la cabeza de los tres toros de la segunda mitad eran disparatados. No exageraban. El cuarto, muy abierto, pero de excelente porte, saludado por Adame con buenos lances, amenazó con aplomarse a las primeras de cambio y lo hizo sin disimulo al cabo de una docena de viajes y buscando la querencia de corral. Con fina inteligencia, Joselito aplicó la receta clásica obligada: muletazos de pitón a pitón, trasteo de aliño y castigo tan en desuso. A paso de banderillas cobró una estocada tendida. Y dos descabellos. El quinto fue el de peor nota de los seis: por distraído, probón y reservón, y por ser el único que escarbó. Se defendió cobardeando hasta el último aliento. Pinar anduvo sin ahogos con él.

La suerte de la corrida parecía echada cuando saltó el sexto, el descaradísimo, que tomó el capote de Cortés con alegría -lances de excelente son-, se empleó en el caballo y, después de ponerlo casi imposible en banderillas, descolgó en la muleta por la mano izquierda con el compasito de los saltillos buenos, con las fuerzas demasiado justas, poquito aliento, pero, a cambio, fijeza en el engaño, donde parecía que no iba a caber tamaña arboladura, pero cupo. Se templó tranquilo Javier Cortés. Por la mano derecha se rebrincó el toro, como si fuera otro, pero Javier volvió a la mano buena y a hacerlo despacio y con pureza. Ambiente a favor. El mal uso del descabello se llevó un triunfo bien ganado.

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Cuaderno de Bitácora.- No cabe hablar en Burlada de barrios aunque los haya, pero, si hubiera que poner nombre a los dos que yo reconozco, los llamaría San Blas y San Juan. San Blas, en la margen izquierda de la carretera de Francia, y San Juan, en la derecha. Cada barrio, con su parroquia. La de San Juan es la primitiva, del tiempo en que Burlada no era más que un barrio suelto del Valle de Egüés. La de San Blas, bastante más moderna, cuenta con un edificio muy aparente de discutible y amorfo estilo. Es un templo de notables dimensiones.

En la trasera, un huerto que no se deja ver desde la calle. La iglesia de San Juan, San Juan Bautista, fue destruida o se caería de vieja, y en los años cincuenta se construyó la de ahora, que imita las construcciones amuralladas del Pirineo navarro y aragonés. Un torreón cuadrangular de piedra labrada puede dar el pego. El conjunto de iglesia y despacho parroquial tiene aire noble y sin ser el centro geométrico de Burlada lo parece. Ahí mismo estuvo el primitivo ayuntamiento. En la explanada delantera charlan sentadas las vecinas y no los vecinos del barrio, de las tres calles que bajan en dirección al río, castigadas las tres por los bloques alineados de ocho alturas-

El barrio de San Juan viejo, a espaldas del nuevo Ayuntamiento, es el único resto de la Burlada plácida del siglo XIX. La pequeña Arcadia. En la que fue casa principal, desaparecida y reconstruida sin referencia del original, nació en 1803 Hilarión Eslava, el gran músico cortesano y eclesial, maestro de capilla de la catedral de Sevilla, compositor .inspirado -recomiendo su casi festiva Misa de Réquiem- y sobre muchas virtudes mayores el creador de un método de solfeo que se enseñó en las escuelas de medio mundo. Una placa de metacrilato negro evoca la figura de Eslava y lo reconoce como orgullo patrio.

La casa de Eslava es ahora mismo una escuela de música, un pequeño conservatorio local. Una calle que sube desde San Juan a la carretera lleva el nombre de Eslava. Podrían haber elegido alguna mejor. En el entorno de la casa de los Eslava y Elizondo -la familia de la madre, probablemente oriunda del Baztán- creció un pequeño caserío de viviendas y corrales que han sobrevivido milagrosamente en pie. Algunos tejados amenazan ruina, pero dos o tres casas rehabilitadas son de muy buen ver. El suelo está empedrado y eso acentúa la sensación de barrio aparte. La calle que lo limita es la de San Juan, que se abre en una plaza del mismo nombre, placita recoleta sombreada por dos plátanos espléndidos. En el centro, una fuente

Por detrás del barrio y hacia el río y la Nogalera. el parque natural en el soto.del Arga,.se tienden los huertos feraces de Burlada, debidamente acotados y protegidos por setos o vallado de alambre. Tomateras, maizales, girasoles, mucho verdor a ras de suelo, pequeños invernaderos también. Una huerta navarra sin desperdicio posible. Está labrado hasta el último pedazo de tierra. De vuelta de un paseo por la Nogalera y el parque fluvial y de una visita al puente viejo sobre el Arga he descubierto un punto del camino, antes de alcanzar el aparcamiento del mercadillo, desde donde contemplar como una postal romántica la imagen del barrio. Su perfil de 1800. En busca del tiempo perdido y las musas de Eslava. Un pequeño paisaje perfecto.
Última actualización en Lunes, 11 de Julio de 2022 10:56