TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Bilbao. Crónica de Barquerito: "Roca Rey levanta pasiones

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Bilbao: la reinauguración de Vista Alegre

En el regreso de los toros a Bilbao, con dos toros notables de Jandilla, el torero peruano se entrega en dos aclamadas faenas de riesgo y firmeza. Ambiente incondicional.

Bilbao, domingo, 19 de junio de 2022. (COLPISA, Barquerito) Corrida de reinauguración. Sol picante de partida, cielo encapotado y viento a partir del tercer toro, chispeó. Unas 7.000 almas. Dos horas y cincuenta minutos de función. Un toro despuntado para rejones de San Pelayo (Pedro G. Moya) y seis de Borja Domecq Noguera, cinco con el hierro de Jandilla y el último, con el de Vegahermosa. Pablo Hermoso de Mendoza, ovación. Manzanares, una oreja y ovación tras un aviso. Talavante, silencio en los dos. Roca Rey, una oreja en cada toro. Dos certeros puyazos de Paco María. Pares de mérito de Fini Díaz. Miguelín Murillo y Mambrú.

 

A LAS SEIS ERAN eran los toros, pero el primero en puntas no se hizo en plaza hasta media hora después. Alguaciles y cuadrillas asomaron por el portón de la zona noble con cinco minutos de retraso. Antes del paseo se ofreció a los oficiantes y para celebrar la reinauguración de Vista Alegre un aurresku de honor. El ruido ambiente hizo inaudible el son del txistu, que es compañía imprescindible, y a las seis y once minutos al fin se arrancó la banda con el Club Cocherito, un clásico obligado. Tres años después, estaban en Bilbao los toros de vuelta.

Rotas las filas, Pablo Hermoso se pegó la vuelta al ruedo de rigor recogiendo ovaciones en cascada, los caballos del tiro de arrastre estuvieron a punto de espantarse al sentir cerca la presencia de un caballo tan bello y tan torero como Malbec, que fue el del paseo, y a pesar de la impaciencia generada por la demora, insólita en los anales de Vista Alegre, la gente estaba más que de buenas. De dulce. Mejor que nunca.

El toro despuntado de San Pelayo que Pablo Hermoso toreó en el prólogo, distraído, parado y bravucón, no se enceló en el tercio de castigo y solo pegó arreones al sentir clavadas tres de las cuatro farpas. Ni siquiera las cuatro banderillas cortas previas a la entrada de Hermoso con el rejón de muerte llegaron a espabilarlo. Se aplaudió como siempre a los caballos. Los nombres de los tres que torearon aparecieron en las pantallas electrónicas, que eran de estreno, igual que los nuevos asientos de colores que han roto la monotonía del desteñido azul Bilbao de los catorce mil reemplazados tan castigados por la lluvia y el paso del tiempo. La cara exterior de ladrillo de Vista Alegre, bien pulida. Recién pintadas las galerías y las bocas de vomitorio, la plaza estaba impecable. Como un chorro de luz. Picaba un poco un sol de justicia. Treinta grados.

A las seis y media asomó el primero de los cinco toros en puntas de Jandilla. Poco antes de las nueve se arrastraba el último, de Vegahermosa, el segundo hierro de la casa. Con solo una oreja. Desde la calle se oía el clamor desaforado de una inmensa mayoría que todavía reclamaba para Roca Rey una segunda de ese toro, uno de los tres de mejor nota de la corrida. Una corrida de peso ligero -promedio de 525 kilos- que se movió con particular agilidad a pesar de cobrar a modo en el caballo.

Por descuido en la lidia, el toro de Vegahermosa, que se picó corrido, fue el menos castigado y, en los medios, donde Roca decidió plantear ambicioso el cuerpo mayor de la faena, llegó a pesar más de la cuenta. No por la mano derecha, por donde Roca Rey, que abrió en distancia, firmó tres tandas abundantes, bien tiradas, ajustadas y enganchadas, pero sí por la izquierda. Celoso, un punto agresivo, el toro estuvo entonces a punto de desarmar al torero limeño y lo descolocó.

Un receso en la firmeza impecable con que hasta entonces parecía tener en la mano Roca el toro. La apertura de faena, en tablas, Roca asido a la tabla cimera dejándose llegar al toro y vaciando por alto, fue de impacto. Y tanto o más el final. El toro hizo varios amagos de irse a tablas y en ellas, junto a toriles, jugando con las querencias, Roca, sin espada, se dejó ir en una versión personal de esos temerarios muletazos de patente Daniel Luque cobrados en rizo a muleta vuelta por las dos manos y en las dos suertes, y sin rectificar. La estocada fue de las buenas.

Al tercer jandilla lo tumbó de una de esas estocadas infalibles a capón con que redondeó tantos triunfos en sus temporadas de consagración. Pero ahora fue al tercer intento. Lidiado y picado sin criterio, ese tercero tuvo la viveza de toda la corrida, pero en mayor grado. Se lo estuvo pensando Roca antes de ponerse con el toro, pero acertó con la solución: en tablas, a pies juntos, cuatro por alto cosidos con uno cambiado por la espalada y el de pecho. Y vibró la gente toda. Francas la embestidas cuando Roca se abrió en los medios y se dejó ir al ritmo propio, y al del toro, repetidor, pronto a toques y vuelos. En plena explosión de júbilo se levantó un viento de tormenta que descubría y no dejaba apenas estar. Enterado, el toro empezó a medir y Roca optó por el alarde: encajarse entre pitones, ofrecer el péndulo y, sobre todo, salir de la cara del toro como si no hubiera pasado nada.

El lote de la corrida, en manos de Roca. El menos propicio, en las de Talavante, que firmó las verónicas más despaciosas de toda la tarde. Para Manzanares un primero codicioso de muy buen aire y, sobre todas las cosas, de una muerte tan de bravo que encendió el ambiente y acabó rebotando en el propio matador después de una faena rumbosa de desigual calibre, y un cuarto que acusó el castigo de dos severos puyazos y se vendió caro. Remolinos de viento no dejaron confiarse a Manzanares, que no volvió la cara y anduvo tan compuesto como guerrero. El primero de Talavante se rebrincó por falta de fuerza antes pararse y al cabo puntear. El otro, bravo en el caballo, pero, tardo y la cara alta, manejado en un solo terreno, entre rayas y tablas, no terminó de convencer a Talavante, que llevaba en el traje más oro que ninguno. Roca estrenó un discutible terno naranja y negro. Manzanares, de gris plomo y oro.

Sonó la música durante el toro de rejones, en cuatro faenas y en todos los arrastres. Muy afinada la banda. El repertorio, el mismo de siempre, parece anquilosado.

Última actualización en Domingo, 19 de Junio de 2022 21:55