TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Albacete. Crónica de Barquerito: "Otra faena exquisita de Morante"

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Con ella honra la fijeza y el son de un noble toro de Daniel Ruiz


Manuel Caballero hijo sorprende en su presentación como novillero con un toreo de calidad, verdad y entrega


Albacete, domingo, 12 de junio de 2022. (COLPISA, Barquerito).- Corrida benéfica de ASPRONA. Muy caluroso, ráfagas de viento. 8.000 almas. Dos horas y cuarenta minutos de función. Corrida mixta. Cuatro toros y dos novillos -3º y 6º de festejo- de Daniel Ruiz. Morante, silencio y una oreja. Paco Ureña, una oreja tras aviso y aplausos. El novillero Manuel Caballero, ovación y dos orejas

 

EL PRIMER TORO del lote de Morante, corto de cuello, regordío, las manos por delante de partida, se aplomó tras una primera y única vara. Escarbó de manso, se frenó, salió suelto y distraído de suertes. Morante, descubierto por el viento cuando trataba de armar y ahormar, renunció solo cuando le vio meter la cara entre las manos en señal de renuncia. Lo despidió con un gracioso molinete de postre y lo despenó de estocada trasera y dos descabellos. El trasteo, de compromiso, tuvo acento y sentido propios.


El segundo de lote, colorado ojo de perdiz, bien comido, tal vez pasado de peso, en un tipo muy fijado en la ganadería de Daniel Ruiz, tomó un largo puyazo de apenas castigo, se enceló un buen rato con el peto sin empujar siquiera y al salir del caballo rodó, pero se alzó de inmediato y sin ayudas. Morante le pegó entonces todos los capotazos que no le había podido pegar en el recibo -el toro apretó en tablas sin atender vuelos- y esos lances, por las dos manos, obraron mirífico efecto. Asentado, fijado en el engaño, engrasado de pronto el motor, el toro se dejó ver ganoso y codicioso. Un par de mugidos sospechosos. Por lo demás, la clase de toros con que Morante tiene por norma dejarse ir y sentir casi a placer.


La faena, abierta con tres ayudados por alto en tablas cosidos con el natural y uno de broche rematado por arriba, estuvo en marcha desde ese mismo inicio. Y ya no paró, pues, fiel a su credo, Morante la fue hilvanando en tandas abundantes sin solución de continuidad. Uno de sus trasteos continuos que, sin pausas, combinan el toreo de base sobre las dos manos, ligado en el sitio, sin perder ni ganar pasos porque la colocación -intuición infalible- es pura geometría y los remates, siempre a punto, ajustan el todo. Toreo de compás, suavecísimo, a pies juntos y a suerte cargada. Cuando el toro pareció rendirse, el alivio por alto, y vuelta al tajo. El toro, enganchado, vaciado en semicírculo. Ni un solo enganchón.


Con la faena cumplida, Morante se regaló una improvisación del todo inesperada: una última tanda de ayudados por bajo de rodillas se quedó cortada en solo el primer muletazo porque estuvo el toro a punto de perder las manos y entonces Morante resolvió el trance con un desplante de rodillas en la querencia del toro. En pie, un singular remate: un molinete para salir del trance. Y otro desplante. Una estocada arriba, pero tendida. Dos descabellos. Hubo el clamor propio del caso.


Hacía tiempo que no toreaba Morante en Albacete y por eso mismo fue hasta novedad. Valió la pena la espera. Regalo para el ganadero con esa faena que tanto honró a un toro de tanta bondad.


Sin contar al primero, dio buen juego la noble corrida de Daniel Ruiz, porque los dos del lote de Ureña tuvieron buen son. Y los dos novillos con los que hizo su presentación en Albacete Manuel Caballero hijo, lo mismo.

 

Caballero fue una auténtica sorpresa. Esta era solamente su segunda novillada con picadores y pareció que llevaba cuarenta. Firmeza y seguridad muy llamativas: aplomo, naturalidad, encaje, confianza en sí mismo. No se le fueron los pies ni una sola vez, toreó de capa con un temple y un juego de brazos sorprendentes en torero nuevo y con el sexto novillo aguantó y tragó en zona de riesgo, y se templó con ribetes de calidad. El remate en el recibo del tercero por fregolinas -el lance mixto de gaonera y revolera que tanto prodigó su padre- fue un aviso de que no ha llegado al toreo profesional por mero capricho. Al sexto lo fulminó de una estocada soberbia.


Para Paco Ureña fue prueba insuperable torear después de la faena de Morante al cuarto, y, además, le costó acoplarse con el quinto, toro codicioso que le hizo torear acelerado. Con el buen segundo, que descolgó en seguida, se embarcó en larga faena espaciada, bastante mejor la primera parte planteada en distancia que la segunda, en enojosa cercanía.

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Muchos grados Fahrenheit. Demasiados.
Última actualización en Lunes, 13 de Junio de 2022 06:58