TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Madrid. Crónica de Barquerito: "Triste adiós de Talavante a la feria"

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La cuarta de sus tardes firmadas, la más desafortunada, castigado por su fieles y apático


 

Rafaelillo se hace querer con el mejor toro de una corrida de Adolfo Martín muy ofensiva


 

Madrid, sábado, 4 de junio de 2022. (COLPISA, Barquerito) Las Ventas. 28ª y penúltima de feria. Primaveral, algo ventoso. 22.960 almas. No hay billetes. Dos horas y treinta y cinco minutos de función. Cinco toros de Adolfo Martín y un sobrero -6º bis- de Garcigrande. Rafaelillo, una oreja y ovación. Manuel Escribano, silencio y ovación. Alejandro Talavante, pitos en los dos. Juan Francisco Peña picó muy bien al segundo.

 

TRES DE LOS seis toros de Adolfo Martín fueron particularmente ofensivos. Tercero, cuarto y quinto. Dos de ellos, cuarto y quinto, veletos y cornipasos, lucían temibles perchas disuasorias. El tercero, no tanto, pero por fibroso y sacudido, un aire de partida fiero, impuso no tanto como los que salieron después, pero se movió mucho más y fue por eso, el toro de más viva tensión de la corrida.

Ese tercero, el primero del lote de Talavante, hizo una cosa que los otros dos no pudieron: humillar. Por mirón, por su correa y por la recámara, tuvo ese punto tardo y reservón tan privativo del encaste Saltillo. El toro calamocheó con genio en la primera vara, pero salió de la segunda embistiendo por abajo y por derecho. Aunque en el inicio de faena, Talavante pareció tranquilo -la muleta, a la izquierda casi sin probar-, al salirse hacia el tercio se vio sorprendido: el toro reponía la embestida y procedía abrirlo.

Renunció Talavante a cambiar de estrategia, el toro pegó dos rebañones casi seguidos y le comió la moral al torero. Al sentirse en peligro, y descubierto además por ráfagas de viento, Talavante sacó bandera blanca. Dudó un momento. Si cambiar de espada o volver a intentarlo. Se fue por la espada. Un pinchazo, un terrible bajonazo ladeado, media y un descabello.

La última baza y la última bala de las nueve de que ha dispuesto en la feria era un sexto de corrida de tipo, remate y armamento distintos a cualquiera de los cinco previos. Playero, alto de agujas, cabezón, salió con pies, pero arrastrando cuartos traseros, no se sabía si acalambrado o descaderado. En cuanto el toro perdió las manos, se levantó una protesta que provocó la devolución, Al ir envuelto en la parada de cabestros, el toro seguía renqueando.

Tres días llevaba siendo enchiquerado como primer sobrero un toro de Garcigrande de 615 kilos. Y a la tercera fue llamado a escena. A pesar de su volumen, recibió al asomar algunos pitos. Los acalló con un buen galope. Los destemplados capotazos de Talavante para fijarlo fueron indicio de que el toro no entraba en sus planes. Y menos todavía, cuando empotrado en dos puyazos interminables, encelado, dormido sin dejar de romanear, empujar y amenazar con mandar caballo y piquero al suelo, el toro llegó a banderillas molido de tanto castigo. Sin prisa, Talavante se tomó un respiro antes de abrir faena con tres ayudados por bajo y cosidos con ellos tres naturales bien tirados, ligeros, en línea. Luego, se abrió al tercio y se puso por la mano derecha. Apenas pudo el toro seguir el engaño. Se dejó sentir un coro de palmas de tango que no iban por el toro sino por Talavante, que, sin perder los nervios, pero visiblemente afectado, se fue por la espada, Mató al séptimo intento. La despedida fue muy triste. Algunas almohadillas. “¡Vaya feria, Talavante!”, sentenció una voz anónima.

Al reclamo de Talavante y de la corrida de Adolfo, y con el gancho infalible de los sábados de feria, se agotó el billetaje. Las cuatro tardes de Talavante en San Isidro, las cuatro, han sido de No hay billetes. Magro consuelo. Ni siquiera su gesto de anunciarse con un hierro que precipitó su inesperada retirada en octubre de 2018 tuvo una mínima gratificación. De haberse llevado en el sorteo el toro de la corrida de Adolfo, un primero noble y pronto, casi dulce, que embistió al trantrán, es posible que las cosas hubieran rodado de otra manera.

A ese toro, veleto de amplia cuna, le dio Rafaelillo fiesta en una faena de asiento, ligada, resuelta en un ladrillo, algo recurrente y larga cuando el toro empezó a aplomarse y, del gusto de la inmensa mayoría porque la emoción fue de verdad. Le costó a Rafaelillo cuadrar el toro por pasarse de faena, pero lo tumbó sin puntilla y fue un delirio. Para refrescar su antiguo cartel de torero héroe, Rafael jugó al ratón y el gato en la misma cara del tremendo cuarto, se columpió en terrenos del toro, se asió de un pitón un par de veces -alarde para las fotos de recuerdo- y asustó mucho al cónclave. Zurrado a modo en el caballo de pica, el toro no tuvo aliento ni para empujar. También a este lo hizo rodar Rafael sin puntilla.

Las dos faenas de Rafaelillo y, sobre todo, las dos de Escribano, tan cargadas de tiempos muertos, acabaron por hacer interminable la corrida. Escribano recibió al quinto de rodillas en el tercio frente a toriles y libró una limpia larga afarolada. Violento e incierto, ese toro soportó un trasteo morosísimo apenas sacudidos por tres amagos de cogida. A los dos los banderilleó con parsimonia, acierto y facultades. Al quinto lo hizo rodar de una estocada perfecta. Con el segundo, el toro de menos interés que también lo sorprendió con un ataque imprevisto, le pidieron que abreviara. No lo tuvo en cuenta.

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El cuerpo acusa la fatiga. Mañana, último capítulo

Última actualización en Sábado, 04 de Junio de 2022 21:55