TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Madrid. Crónica de Barquerito: "Un soberbio toro del Puerto"

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Sexto de corrida, bravura sobresaliente

 

Con él triunfo ruidoso de Tomás Rufo

 

Dos refinadas faenas de Alejandro Marcos

 

Ambiente incondicional con Manzanares y Rufo


Madrid, viernes, 3 de junio de 2022. (COLPISA, Barquerito) Las Ventas. 27ª de feria. Primaveral. 22.960 almas. No hay billetes. Dos horas y veinte minutos de función. Seis toros de Puerto de San Lorenzo (Lorenzo Fraile). Manzanares, ovación y ovación tras un aviso. Alejandro Marcos, que confirmó la alternativa, silencio tras aviso en los dos. Tomás Rufo, silencio y una oreja. Bien con el capote Daniel Duarte y José Antonio Carretero. Dos pares excelentes de Fernando Sánchez.

Pésimo por desconfiado con la espada, Alejandro Marcos toreó con aire exquisito dos toros del Puerto: el de la confirmación de alternativa, que, abanto de salida, noble y frío, se dio a la fuga justo cuando más entregado parecía y un hondo quinto de corrida que, encelado y castigado en el caballo, se empleó con serio son en la muleta y, algo pegajoso cuando vino exigido, claudicó poco, pero a destiempo. La dos faenas, refinadas, distinguidas por su firmeza, su colocación y su resolución -en un palmo de terreno la primera antes de la huida del toro, y más o menos lo mismo la otra, abierto en el tercio el torero salmantino- tuvieron por clave mayor la composición, la ligazón y la suavidad. Posado Alejandro, que empezó toreando a la voz al toro de la confirmación, pero toreó en silencio al quinto cuando más difícil fue la prueba. No fue cosa cualquiera. El eco fue mínimo; el reconocimiento, muy pobre. La frialdad propia de los primeros toros de Madrid, y de tantas otras plazas, y en el caso del quinto, que tuvo que torear y aguantar, ese zumbido de cientos de personas charlando y ajenas tan privativo de las tardes de San Isidro en las Ventas.

No es que no hicieran ni caso al torero, solo que el ambiente, de principio a fin de corrida, estuvo escorado y tomado por dos bandos: los de Manzanares y los de Tomás Rufo, que toreaban su segunda tarde de feria. El bando de Manzanares tuvo que contrarrestar la protesta de sus detractores y compensarlo hasta la exageración. El de Rufo rompió casi tan incondicional y clamorosamente como la tarde de su confirmación de alternativa el pasado 20 de mayo. Fue como si Alejandro Marcos no contara a pesar de su exposición, su calma, su buen gusto y su llamativa variedad de recursos en las entradas y soluciones. Solo cuando se negó radicalmente con la espada -siete pinchazos antes de cobrar con el quinto una estocada que precisó de dos descabellos y cuatro ataques y seis descabellos en el primero- cayó en la cuenta de su presencia la mayoría.

El primero del lote de Manzanares fue violento y derrotó al rematar viaje una y otra vez. Rufo, gesto temerario, salió a quitar por gaoneras en los medios, muy apuradas las dos y al rematar forzado salió cogido y apaleado aparatosamente. Fue un grito la plaza entera. La manera de levantarse el torero, ileso de puro milagro, fue muy llamativa: ni un gesto. Sin mirarse, se ha dicho siempre. Atacando a paso de banderillas, Manzanares cobró una mortífera estocada. Aunque la faena había sido muy discreta, lo sacaron a saludar. El tercero de corrida salió con brío y pies, volvió contrario y se empotró con el caballo de pica recién aparecido sin que nadie llegara a cortar la carrera. Dos patinazos sobre le duro piso no fueron casuales. Claudicó repetidas veces, se pidió la devolución y Rufo, terne, se empleó en un trasteo largo señalado por las claudicaciones del toro, que tuvo nobleza, pero no fuerza.

El cuarto, protestado por claudicar, bufante, codicioso y pronto, se empleó rebrincado y a su aire cuando no vino metido en la muleta y, cuando vino metido, perdió las manos. Era frágil. Una faena monocorde Manzanares sin mayor importancia, pero celebrada por su bando como si fuera lo que no fue. Dos pinchazos y una estocada.

El sexto, un Lirón de infalible reata, fue el toro de la corrida. Las hechuras -capacho, hondo, perfecto el remate, en tipo, el toro ideal de línea Lisardo Sánchez- y la bravura. Descolgado desde que tomó por primera vez capa, romaneó en una primera vara muy peleada, derribó después de sacar el caballo hasta las rayas y de herirlo, y tuvo entrega incluso en banderillas. Dos pares de Fernando Sánchez pusieron a la gente de pie. Fue lo más aplaudido de toda la corrida. Rufo brindó al, público desde el mismo platillo y tomó la feliz decisión de buscar las rayas y el tercio de sol para faena, y hacerlo en loor de multitud. Desde el primer muletazo se dejó sentir su gente, de antemano rendida. No fue una faena redonda ni mucho menos. Sí de torero seguro. Marcada por la voluntad de torear despacio -la despaciosidad por delante de la inteligencia con el toro-, se compuso de media docena de tandas, casi todas por la mano diestra, algo cortas para el potencial del toro, que pareció querer más. No hubo acople con la izquierda, por donde el toro, fijo en el engaño, pero no enganchado, pesaba. Los pases de pecho, a pulso y al hombro contario, fueron espectaculares. Y una estocada extraordinaria.

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Postdata para los íntimos.- Los viernes de feria son una verbena. Lo dice uno que tiene echadas las cuentas de los últimos años. Un toro como ese sexto, Lirón, es el mejor que he visto en esta feria. Viernes, jueves, martes, miércoles...
Última actualización en Viernes, 03 de Junio de 2022 21:12