TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Madrid. Crónica de Barquerito: "La sangre fría de Juan Leal"

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Tres desiguales faenas de alto riesgo con tres toros muy distintos de Fuente Ymbro

 

Herido en su alternativa el madrileño Rafael González

 

Sin suerte Joaquín Galdós


Madrid, Jueves, 2 de junio de 2022. (COLPISA, Barquerito) Las Ventas. 26ª de feria. 14.082 almas. Dos horas y media de función. Seis toros de Fuente Ymbro (Ricardo Gallardo). Juan Leal, oreja, palmas tras un aviso y ovación tras dos avisos. Joaquín Galdós, silencio en los dos. Rafael González, que tomó la alternativa, cogido y herido por el primero. Cornada de 20 cms. en el muslo izquierdo. Operado en la enfermería de la plaza.

LOS DOS PRIMEROS toros de Fuente Ymbro, descarado uno, remangado y vuelto de pitones el otro, serios de cara los dos, fríos de salida, fueron prontos y nobles, tuvieron fijeza, se emplearon y dieron buen juego. El tercero, un castaño de bellas hechuras, suelto y muy escarbador, adelantó por las dos manos y, listo, por alto se revolvió. Los tres últimos salieron de pobre nota. Un cuarto jabonero barroso echó las manos por delante, escarbó más que el tercero y, más que embestir, topó. Remolón, tomó engaño algunas veces, muy pocas, siempre protestando. El quinto, más suelto que el tercero, hizo hilo en banderillas, punteó la muleta y tuvo lo que los toreros llaman peligro sordo. El sexto y último, dormido contra el peto porque fue donde encontró abrigo, fue el peor de los seis. No sordo el peligro, sino bien visible: acostones y coladas por las dos manos, viajes trompicados, amagos de coger, artero estilo.

Era la segunda de las dos corridas de Fuente Ymbro anunciadas en San Isidro. La primera, cinqueña, desproporcionada de carnes y volumen se encontró casi a última hora con un Roca Rey dispuesto a todo, y en ese todo la feliz idea de arriesgar en toriles, la querencia de los toros huidos, y de asustar, torear y gobernar con tanta autoridad que el toro rompió por su fondo de casta. Después de ese quinto salió un sexto de bastante buena nota. Los dos toros dejaron buen sabor de boca y pasaron al olvido los cuatro primeros. En esta ocasión, cinqueños los seis toros también, fue al revés. El gusto bravo de los dos primeros estaba en el olvido cuando terminó una corrida de las interminables: dos horas y media.

El toro de la alternativa prendió a Rafael González cuando remataba con una tanda de bernadinas una faena de hermoso comienzo -dobladas buenas, una despaciosa tanda en redondo- pero discreta continuación. En la distancia corta quiso el toro menos que si se le dejaba venir y hasta abrirse. Antes de la igualada Rafael se ajustó apurado en esa suerte que lleva el nombre del maestro Joaquín Bernadó y cuyo riesgo parece menor porque al prodigarse como recurso temerario se ha banalizado. En esta ocasión el toro hizo presa, prendió a Rafael por el muslo y le pegó una cornada. Aunque le costó ponerse en pie, Rafael decidió montar la espada y atacar. Cayó al suelo antes de pasar, pinchó, estuvo a merced del toro y al fin lo retiraron para llevarlo a la enfermería. La gente se asustó. Juan Leal mató el toro de estocada.

Cuatro toros mató Juan -de la dinastía arlesiana de los Leal, afincado en Sevilla- y a los cuatro los tumbó asumiendo con seco valor el riesgo. De no haber entrado a matar Rafael, habrían sido solo tres. Ese detalle le otorgó el papel de héroe de la corrida. Y no solo el peso de los cuatro toros. También su empeño, su exhibición de estoico, imperturbable valor, su ambición de triunfo, su serena, indiscutible entrega. En tres versiones distintas, porque diferentes fueron los toros jugados de pares, Juan consumó otras tantas faenas de cercanías, de acortar distancias para encajarse entre pitones y, vertical, atornillado, a pies juntos al ligar los de pecho en remates de tanda, y de buscar resolver con el juego de brazos sin tomarse ventajas. Y hasta intercalar cambiados cuando la pelea tuvo fragor.

Al noble segundo le pegó con la izquierda una tanda muy emocionante y otra en redondo bien templada. Fue faena de emoción. Con el cuarto, más que toreo de cercanías, se trató de un arrimón, encima del toro sin escatimar roces del toro sino provocándolos. La temeridad levantó una ligera división de opiniones. El derroche de valor tuvo en el segundo toro la recompensa de una oreja. El esfuerzo con el cuarto no tuvo demasiado reconocimiento. El cuerpo a cuerpo con el incierto y taimado sexto devino en combate a sangre y fuego que la agonía barbeando las tablas del toro terminó mal: dos avisos. La ovación de despedida fue de justicia.

Galdós porfió sereno con sus dos toros. Le pidieron brevedad cuando insistió a pesar de la renuncia evidente del castaño tercero, al que tuvo que provocar, y con el quinto que por falta de fijeza tanto punteó y a punto estuvo de hacer carne más de una vez.

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En la crónica de la corrida del 1 de junio se coló sin querer un error. El sexto toro de Alcurrucén, uno de los más bonitos de toda la feria, Donde dije jabonero quise decir ensabanado. Son dos pintas próximas pero muy diferentes. Se me iría el santo al cielo. Pero es que los decibelios de la discoteca que todas las noches de San Isidro se monta en la galería baja de sombra de las Ventas, muy cerca de la sala de Prensa, confunden. No volverá  a pasar.

En ninguna de las cuatro corridas de feria pendientes está prevista la aparición de toros ensabanados o ensabanaos, o cárdenos clarísimos, que no son raros aunque no abunden en el encaste Núñez -Cebada Gago, Torrestrellla, Alcurrucén- ni en las ganaderías que conservan goterones o huella directa de sangre Veragua por distintas vías: Osborne, Cuvillo, Prieto de la Cal. Acabo de ver que esta tarde se juega un jabonero sucio o jabonero barroso de Fuente Ymbro.

Y otra cosa: dentro de la maravilla que fue la faena de Morante omití la mención de los muletazos que a mí más me llegaron y sorprendieron. Los de perfil a pies juntos y a media altura previos a la igualada, que fueron un homenaje al toreo de los años 40 y 50. Una recreación deliciosa. No es de buen gusto comparar obras maestras. Vete al Museo del Prado a elegir solo una. Imposible. Y entonces soy incapaz de elegir entre las dos últimas obras maestras de Morante en las Ventas. ¿La de otoño o la de la Beneficencia? De la del pasado otoño soy incapaz de olvidarme siete meses después. Cuando pasen otros siete de la de ayer miércoles tal vez me anime a hacer memoria. Y tú que lo veas.

 

Última actualización en Viernes, 03 de Junio de 2022 06:16