TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Madrid. Crónica de Barquerito: "La peor corrida de la feria"

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Mansada disparatada de Samuel Flores en el retorno de la divisa a las Ventas


Más que digna confirmación de Damián Castaño


Una estocada singular de Fernando Robleño


Madrid, lunes, 30 de mayo de 2022. (COLPISA, Barquerito) Las Ventas. 23ª de feria. Primaveral. 15.344 almas. Dos horas y veinte minutos de función. Dos toros -4º y 6º- de Samuel Flores, tres -1º, 2º y 5º- de Isabel Flores y un sobrero -3º bis- de José Cruz. Fernando Robleño, silencio y ovación. Morenito de Aranda, ovación y silencio tras dos avisos. Damián Castaño, que confirmó la alternativa, silencio y ovación. Fernando Sánchez prendió al quinto un soberbio par.

 

EL TORO DE LA confirmación de alternativa de Damián Castaño, 600 kilos, ancho y largo, bizco, gacho y engatillado, abanto y trotón de salida, cobró un segundo puyazo trasero, se dolió en banderillas y anduvo deambulando sin fijeza. Fue toro violento, más que ninguno, y no tuvo trato ni por alto ni por bajo. Pegó auténticos hachazos, de los de volar la cabeza a quien fuera. Damián le anduvo con entereza y oficio, ni la menor aflicción. Una manera llamativamente segura de estar, la propia de un torero rodado. Lo empiezan a reclamar en los feudos de la Francia torista. Con razones sobradas. Un pinchazo, una estocada delantera y un descabello certero.

Fue el toro del debut como ganadera en las Ventas de Isabel Flores, hija de Samuel Flores y titular del centenario hierro de la efe, la efe mayúscula, que fue leyenda hace mucho tiempo, hasta que dejó de serlo. La corrida estaba anunciada como de Samuel Flores, que es su marca. Y fue al cabo de los dos hierros. Cuatro de la efe y dos del hierro de Samuel. Deforme por ofensiva, cuernas disparatadas y fuera de proporción, la corrida fue mero escaparate. Sus cuernos. Y detrás de los cuernos, apenas unos granos de bravura. Muy poquitos, casi nada.

Con la excepción de un sexto de línea y hechuras diferentes, fueron muy aparatosos todos los toros del sorteo. Y más que ninguno un cuarto de descomunales astas, con aire de animal jurásico. Como los cuernos conmueven a no pocos, para los cuatro primeros hubo de salida aplausos. Y para el cuarto, que se llevó la palma de la mansedumbre, en el arrastre también. El quinto apretó y se enceló en el caballo de pica y lo hirió, pero tanto de la primera como de la segunda vara se salió suelto y huido. Las banderillas no tuvieron en ningún caso efecto avivador, pero los más se dolieron pegando trallazos al aire. En varas se repucharon o se blandearon o calamochearon doliéndose. Y fue, además, corrida de muy menguadas fuerzas. La peor de la feria. La única compuesta de seis toros con el guarismo del 8. Cuatreños todos.

Ni siquiera pudo lidiarse completa. Al tercero, el más flojo de los seis, escupido del caballo, se empeñaron en echarlo al suelo a capotazo limpio Morenito de Aranda y su cuadrilla. Ligeramente descaderado, el toro se mantuvo en pie mientras cundía entre la gente una ligera protesta. El palco se sumó a la fiesta: pañuelo verde. Salieron los cabestros de Florito, que son tan leyenda como lo fue en su día el hierro de la efe, y en menos de medio minuto cumplieron su cometido: el toro supuestamente inválido tomó dócilmente el camino de toriles. El sobrero de José Cruz estaba más inválido que el recién devuelto. Mansurrón, se derrumbó dos o tres veces y claudicó unas cuantas más.

Los tres toreros se armaron de oficio y paciencia. No solo Damián Castaño, obligado en una confirmación de alternativa que ha tardado casi una década en ofrecérsele. También dos veteranos con tantas horas de vuelo como Fernando Robleño y Morenito de Aranda. Ninguno de los dos tiró por la calle de en medio, sino que porfiaron y porfiaron como si la corrida fuera brava. Robleño cobró con el cuarto la más meritoria y difícil estocada de la feria. ¿Cómo? ¡Misterio! En la misma cruz de la inmensa bestia apareció como por arte de birlibirloque el pomo de la espada. La agonía del toro, antes de rodar sin puntilla, fue espectacular.

El toma y daca de los dos trasteos -aplomado el flojo segundo, topón y mirón el cuarto- no provocó a casi a nadie. Tan habilidoso como siempre, Morenito de Aranda les buscó las vueltas tanto al sobrero de Cruz como al quinto samuel, que tuvo un mínimo de movilidad, pero sin la menor entrega. Amante de siempre del toreo de espejo, Morenito se hizo admirar en trincherillas y pases del desdén, tal ves demasiados. Su estocada al tercero fue notable. La del quinto, meritoria.

Acodado y zancudo, no tan descarado como los demás, el sexto fue el único de la corrida que al menos se pudo enganchar en la muleta, que es lo que hizo más que bien Castaño. El único toro al que se pudo bajar la mano y esperar con relativa confianza, pero solo diez viajes, ni uno más. El torero salmantino volvió a dar sensación de seguridad y seco valor. No entró la espada a tiempo ni a modo.

 

Última actualización en Lunes, 30 de Mayo de 2022 21:37