TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Madrid. Crónica de Barquerito: "La revelación de Ángel Téllez"

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Y la confirmación de su éxito de hace diez días en la feria

 

Dos faenas de gran calado y diferentes, con dos toros muy distintos

 

Caro botín: dos orejas, casi tres, puerta grande


Madrid, viernes, 27de mayo de 2022. (COLPISA, Barquerito). Las Ventas. 20ª de feria. Primaveral. 22.900 almas. No hay billetes. Dos horas y veinte minutos de función. Cinco toros de Victoriano del Río y uno de Toros de Cortés, segundo hierro del mismo ganadero, lidiado en sexto lugar. Diego Urdiales, silencio en los dos. Alejandro Talavante, silencio y algunos pitos. Ángel Téllez, que sustituyó a Emilio de Justo, una oreja en cada toro, a hombros por la puerta grande.

A LOS DOS TOROS de mejor nota de la corrida de Victoriano del Río los toreó más que bien Ángel Téllez, Un tercero, acodado, montado y largo, que, por tardo y algo reservón, no fue sencillo; y un sexto, del segundo hierro de Victoriano, el de Toros de Cortés, armado por delante, lomillano y sin enmorrillar, que con las borlas del rabo barría la arena y tuvo, a diferencia del tercero, la gracia de la prontitud, y, con ella, la fijeza y la entrega. Mucho más claro el sexto. Y más difícil de someter al tercero, que en el remate de una tercera tanda en redondo se le quedó a Téllez debajo, lo sorprendió, volteó y derribó, pero sin hacer en el suelo por él. La cuadrilla estuvo al quite justo a tiempo.

La cogida fue el punto de mayor tensión de una faena que venía cargada de electricidad latente, no la del torero, natural y sereno, sino la del toro, que había tardeado, arreado y hecho hilo en banderillas y, luego, encampanado entre rayas y tablas de sombra, se puso caro de ser y de ver. Téllez abrió faena con una tanda de seis dobladas genuflexas, ligadas, por una mano y otra, y abrochó con el de pecho. Todos los muletazos, los siete, fueron largos, limpios y templados. Pura armonía. En el final de faena y antes de la igualada insistió Téllez en el toreo genuflexo: cuatro ayudados y un natural de remate enroscado y despacioso.

En uno y otro caso hubo un dominio de los terrenos impropio de torero nuevo. Los de apertura, sirvieron para sacar al toro de su querencia primera, del punto donde se había engallado y hasta escarbado una vez. Los de cierre, en tablas, fueron casi de doma para aliviar al toro antes de la muerte. El cogollo de una faena tan bien planteada y resuelta fueron tres tandas con la zurda, muy bien tiradas y ligadas. El toque preciso, un ajuste notable, mucha soltura. La última de las tres, de solo dos y el de pecho, fue monumental. Casi entero en los medios, el trasteo se jaleó como un advenimiento. O como una confirmación de un triunfo sonado: su exquisita faena a un toro de Arauz de Robles el pasado día 17. La que le abrió la puerta de la segunda sustitución de Emilio de Justo en la feria. Con la oreja del toro en la mano -petición unánime- Téllez se pegó una triunfal vuelta al ruedo.

Téllez no perdonó ni un quite. Así de arrancado estaba pese a su pacífica apariencia. Por verónicas en el primer toro de Talavante y por delantales en el quinto de la tarde, que se sentó y soltó en el remate. Hizo quites en los toros propios: por ceñidas chicuelinas en el tercero y por gaoneras en el sexto, cobradas en los medios y a tercio cambiado. En el renta de ese último quite sufrió un desarme.

Iba a romper a bravo el toro a partir de entonces. Y ahora la apertura de Téllez fue casi sobre seguro. Con solo tres muletazos de cata ya estuvo plantado otra vez de rayas afuera y listo para componer una faena de armazón distinta a la anterior, pero más abundante y redonda, toreo embraguetado, ligado, compuesto sencillamente y de flujo continuo. Se fue encendiendo el ambiente. Una tanda de seis naturales -cuatro y dos- rematados con molinete y el de pecho puso a la gente de pie. Todavía antes de cuadrar, con la espada de acero en la mano, Téllez cuajó dos tandas de naturales más, a cámara lenta, enroscándose el toro y ligando el natural con el de pecho, la receta de la pureza clásica. Había clamor para el premio de dos orejas. No entró la espada, trasera, hasta el segundo intento, muerte lenta del toro, un descabello. Una oreja, solo una, pero le abría la puerta grande. La revelación de San Isidro.

Talavante, desdibujado y descentrado, inseguro, no se entendió con ninguno de sus dos toros, un segundo que enganchó la muleta muchas veces y un quinto lindo y terciado, el dije del sorteo, de cuya lidia se desentendió demasiado y que, frágil, punteó engaño por flojo. Para Urdiales fue el lote peor. El primero se hartó a pegar testarazos; el cuarto, suelto y distraído, no pareció ni siquiera toro de lidia. Un borrón del ganadero.

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Postdata para los íntimos.- Y ahora todos los toreros vienen de Toledo, como los mazapanes. Este Téllez, de Orgaz. Rufo, de Pepino. Alarcón, de Torrijos. Y tantos y tantos banderilleros. Había gente de Orgaz en los altos de un tendido de sombra, debajo de los palcos de prensa, y uno que allí estaba y me conocería de vista se volvió y me dijo que tomara nota y que ese torero estaba para Bilbao, para ir a torear en Bilbao en agosto. Y le dije que de acuerdo.

A lado de los de Orgaz, tan felices, había cuatro coreanos enmascarados. Porque en Corea no se quitan la mascarilla ni para dormir ni para comer ni para nada. Y en los toros, ni se te ocurra. Corea del Sur. Los del Norte, no lo sé. No lo sabe nadie.
El entierro del Conde de Orgaz es una pintura extraordinaria- ¿O no?
Última actualización en Viernes, 27 de Mayo de 2022 21:37