TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Cuando Lupe Sino deseaba a Manolete: "¡Ah!, si sonriera". Diario El Mundo

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Por Zabala de La Serna

Lupe Sino lo desea antes de conocerlo. «Yo me vuelvo loca cuando torea. Mire, en la corrida de Beneficencia (...) no pude contenerme y grité: 'Eres lo más grande del mundo'. Me miró, me dio las gracias, muy atento pero sin sonreír. ¡Ah, si Manolete sonriera!», confiesa sobre sus gustos taurinos al semanario Dígame (1943) la chica de Chicote, artista de barra, mujer de cine y copa. Todavía no había nacido el amor maldito, el romance en huida, el escándalo moralista, el acoso de los santones protectores de la reserva espiritual y el espíritu del mito.

No sólo Lupe. Una España negra y devastada enloquece con el aura, la personalidad y el nuevo toreo de Manolete, la enhiesta verticalidad del ciprés, la hierática ligazón, la revolución sobre la cual la arquitectura de la tauromaquia moderna da otro giro de tuerca más allá de Belmonte. Manuel no sonríe, no. Una mueca, si acaso, adornada por la cicatriz de un pitón como prolongación triste de la comisura de los labios.Corre el año 1940, año I de la Victoria franquista, y Manolete descansa en una hamaca veraniega recién ascendido a la gloria. Y esboza una sonrisa inocente, una penúltima felicidad dormida, antes de hollar la vorágine de las cimas de 1942 y 1943 que ya lidera como máximo tótem de la torería.

El pueblo necesita dioses y estraperlistas para olvidar la hambruna y las heridas supurantes de la posguerra, y en elCalifa sin Trono encuentra la grieta del muro de las lamentaciones. La calle tira de colchones para empeñar el sueño por una entrada. Manolete no sonríe, no, y se dirige a satisfacer cada tarde -que en el 44 suman 92- a la masa que en este país de piel de toro erige y elige al ídolo para devorarlo con su instinto históricamente cainita. El hijo de doña Angustias se dirige sin saberlo hacia Linares, y en 1945 no descansa entre España y América. Su presentación en México supone un cataclismo sobrenatural. La vieja Plaza del Toreo se derrumba a sus pies en las imágenes del recién liberado NO-DO, volteada por la quietud extrema, el mando vertical, la luz cenital. El impacto cobra tal repercusión que se aceleran las obras de la Monumental para que el propio Monstruo de Córdoba la inauguré ante 50.000 espectadores.

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