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Se torea como se és. Juan Belmonte

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Rafaelillo, el último superviviente de San Fermín. Diario El Mundo

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"En los bares no piden los 9 metros como en las plazas"

Un miura gigantesco reventó el tórax del aguerrido torero murciano el pasado 14 de julio de 2019 en Pamplona, la última tarde sanferminera. Ahora el coronavirus ha reventado su reaparición.

  • MARÍA VALLEJO
    Madrid
Jueves, 30 abril 2020 - 11:37

Ya no habrá 14 de julio de San Fermín ni "Pobre de mí" . En el último día sanferminero de 2019, una mole de Miura estrelló a Rafael contra las tablas de la plaza de toros de Pamplona. El pitón le crujió la caja torácica de extremo a extremo. Quedó hecho un amasijo de neumotórax,contusiones pulmonares, fracturas en las vértebras y costillas rotas -trece, concretamente- arrastrando un parte médico sobrecogedor que podía resumirse como sigue: vivo de milagro. El último TC Toraco-abdominal-pélvico llegó este 29 de abril, exactamente nueve meses y medio después de la tarde en que volvió nacer. "Conclusión: Múltiples fracturas costales", dice el informe refiriéndose a la cuarta costilla derecha y a las número 9, 10 y 11 del costal izquierdo. Aún sin cicatrizar. El dolor que le sablea a diario ambos costados es como una muesca en su revólver de la supervivencia. "Tengo dos pinchazos en la parte costal izquierda, hasta la boca del estómago, y en el lado derecho que no se van. Son más fuertes cuando hago giros de cintura, abdominales o cojo un peso pronunciado, pero siempre están conmigo. No sé si desaparecerán o se quedarán para siempre, pero estuve tan cerca de morir que aprender a vivir con el dolor es llevadero.Lo más importante es que no va a limitar mi vida de torero", dice recordando la lucha por reconstruirse a tiempo para la reaparición que la oscura pandemia frustró el pasado 13 de abril en Arlés (Francia).

Nada más despertar con el pecho lleno de tubos en la unidad de cuidados intensivos del Complejo Hospitalario de Navarra, Rafaelillo anheló sin saberlo esa fecha: "En la UCI tuve claro que mi carrera no podía terminar así. Me daban miedo las secuelas y el tiempo que tardaría en recuperarme. No sabía si podría volver para una última tarde o si podría hacer temporada, pero me negué a que mi página en el toreo terminara así. Cuando salí y vi que la recuperación era tan lenta y tan costosa, me hundí anímicamente". La llama del toreo prendió el aliento que se apagaba. La corrida de Miura -sexagésima de su carrera- que cerraría la Feria de Pascua de Arlés como punto de apoyo para poner al guerrero otra vez en pie. Juan Bautista marcó su número para el regreso a los ruedos: "Cuando le dije que sí, en el mes de diciembre, todavía no había cogido ni los trastos. La persona estaba muy tocada físicamente. Tenía siete fracturas en las costillas, un hematoma de tres centímetros en el hígado, líquido en la pleura, las vértebras dañadas y no había recuperado la capacidad pulmonar. Fue una temeridad, pero fue también lo que me salvó. Salió Rafaelillo y rescató al hombre".