TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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BILBAO. LOS TIMBALES de Paco Cerezo: "Vista Alegre echa el telón"

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Timbales

Echó el telón Vista Alegre a esta edición de las Corridas Generales de 2014, más que generales, vulgares de solemnidad.

Cerraba la Feria un encierro de Victorino Martín, que siempre levanta expectación.

Indicada esta corrida postrera como broche torista, y más en esta ocasión en que las ganaderías que le han precedido han dejado mucho que desear.

Si a ello le añadimos dos toreros de excelente corte como Diego Urdiales y El Cid, cuyas carreras se han cimentado sobre los toros más dificiles, acompañados de Luis Bolivar, el cartel era atractivo y prometedor.

¡Pues como si nada!

Un cuarto de plaza y vas que chutas.

Tras el post mortem de esta Aste Nagusia, haremos una reflexión, que es lo políticamente correcto, sobre por que ocurren estas cosas.

Nosotros necesitamos más de un día de reflexión.

Pero a lo que vamos, que con estas cosas, se te va la olla...

Interesante, una vez más, el encierro de Victorino.

Envió lo más variado y florido de su repertorio ganadero.

Dos toros de los que han dado en llamar alimañas, feísimo adjetivo que me niego por sistema a utilizar, y además, injusto.

El toro gazapón, estudioso, listo a la vez que avieso, que vende cara su piel, no merece ese trato.

Por que además tiene fiereza, algo de lo que adolecen los toros "electrodomesticados".

Los dos ejemplares de esta variedad le cayeron en suerte a Diego Urdiales.

¡Vaya por Dios!

El bravo torero riojano les plantó cara hecho un jabato, los lidió, los sometió y, por si fuera poco, arrancó pases de excelente factura y firme la planta.

Gallarda actuación de Diego, que premió la exigua concurrencia con gran ovación y saludos desde el tercio en sus dos enemigos.

Al Cid le tocaron un buen primer ejemplar y un excelente quinto toro.

El torero de Salteras, que andaba esta temporada apagadito, estuvo bien en su primero, pero es justo decir que por debajo de su antagonista.

Pero fiel a la leyenda y al romancero, que cuentan que el Cid ganó batallas después de muerto, vimos a un Manuel Jesús redivivo.

¡Aleluya!

Con tan excelente colaborador, manejó el Cid el capotillo con suavidad y primor a la verónica y gracia aladaen unos delantales de estrella Michelín y garbosa revolera.

Muleta en ristre el sevillano, reavivó el recuerdo de aquella memorable tarde vistalegrera, donde brilló con luz propia de rutilante estrella de gran figura del toreo.

El toreo al natural en su versión integra el poderío y la hondura en la mano de cobrar, el adorno saleroso en los mutis...

Y un volapié sensaconal. La estocada de la tarde de Benlliure, versión del Cid.

La oreja que sabe a gloria, además de muy necesitada, el aplauso, el clamor y la entrega del respetable.

¡El Cid ha resucitado! ¡Aleluya!

El colombiano Luis Bolivar, bilbaino de adopción y experto en victorinos, visitaba una vez más el coso gris de Vista Alegre.

Bien estuvo en su primero con capote y muleta, pero en el sexto fue donde brilló su toreo.

El muy buen toro de su amigo Victorino hizo que el matador americano diera un curso de toreo al natural, mostrándolo en toda su belleza, con arte, valor y garra.

Hay que darle un notable alto, por que notable fue su toreo.

En el cuarto toro irrumpio en el ruesdo un inconsciente con un trapillo, que mal sorteó el viaje de su astado, pero a la vuelta lo venden tinto.

El tortazo que le metió el victorino fue dramático.

Menos mal que el buen hacer de los toreros y su rapidez, por que si no, no lo cuenta.

Una vez hecha mención, el premio en forma de estacazo al imprudente, decir que Alcurrucén fue la ganadería triunfadora y el toro "Hechicero" de Garcigrande, el mejor de los lidiados en este certamen.

Un precioso ejemplar, que pese a no haber peleado en varas un pimiento, hechizó a propios y a extraños, hasta pedir su indulto inclusive.

Ahora si, en la muleta fue el toro soñado.

Después viene todo el carrusel de premios, ya saben...

El de la vergüenza torera, el par más brillante, el toreo de capa (casi ausente), el traje más curro, el cencerro roñoso...

Ya contaremos.

¡Ah! Mención especial para la novillada del Parralejo.

Y es que, con ese nombre, a poco más se puede aspirar.