TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

  • Incrementar tamaño de la fuente
  • Tamaño de la fuente predeterminado
  • Decrementar tamaño de la fuente

DIARIO DE NAVARRA: "Adolfo y sus espías". Por Barquerito

Correo Imprimir PDF

SOLO PARA MANSOS. DIARIO DE NAVARRA

ADOLFO Y SUS ESPÍAS

Barquerito

Al toro vuelto de cuerna se le llama en el campo remangado o arremangado. Si la perspectiva es frontal, ese detalle no se percibe tanto como cuando el toro posa de perfil. La estampa es muy particular. Ha hecho fortuna en el habla de toros moderna una caprichosa expresión a propósito de los toros cornidelanteros o armados por delante. “Enseñar las puntas”, se dice. O sea, que es lo primero que se ve del toro: los pitones afilados.

No podría predicarse su contrario. No cabe sostener que en el toro remangado se ocultan o tapan los pitones. Solo que se ve más la pala que la punta. Pueden ser igual de ofensivos los toros remangados que los otros. Las manipulaciones o selecciones genéticas de la raza han ido arrinconando el toro remangado, característico del primitivo encaste Ibarra-Santa Coloma y no del de Parladé. De Parladé deriva la inmensa mayoría de las ganaderías de ahora.

Apenas se han visto esta semana en Pamplona toros remangados.  Hasta ayer, en que asomó uno en grado extremo, el primero de los seis de Adolfo Martín, que parecía el mismísimo modelo de la especie. Un toro cinqueño de muy bello remate. Pero cornipaso. Esa es otra: se llama paso al toro cuyas palas se van abriendo a medida que crecen. El ideal de los toreros es justamente lo contrario: que la cuerna se vaya apretando o cerrando. En la perspectiva frontal, las puntas o pitones del paso sobrepasan el perfil del toro. Si el toro posa de lado, no se nota tanto.

Cornipasos fueron cuatro de los cinco toros de Adolfo. No, no procede decir que enseñaran las puntas. Es que se mostraban solas pero no hacia delante. La corrida era bajita de agujas, magra pero seria, de fino pellejos, cárdenos los seis. La encareció la abundancia de toros cornipasos. Los toreros han decidido que mejor es llamarlos “anchos de sienes”.

¿Los anchos de sienes enseñan las puntas? Un revistero taurino de hace cien años tendría que devanarse los sesos para descifrar el sentido de esos términos. Hace cien años salían a cientos los toros arremangados. No se sabe si embestían como estos de ayer, tan faltos de codicia. El ruido ensordecedor los distrajo en el peor sentido de la palabra. El toro es un animal de sensible oído, fino olfato y muy curioso. Y no habla. Como un espía con cuernos.