TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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BILBAO. Los "Timbales" de Paco Cerezo. Resumen de las Corridas Generales.

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No me parece muy literario empezar por el final, aún con el susto en el cuerpo de un bellísimo final de Corridas Generales.

La última del breve ciclo nos trajo toda la emoción, y por que no decirlo, el dramatísmo de la incomparable Fiesta Internacional.

Los toros cacereños de Monteviejo, los de Victorino, los del "viejo zorro", pusieron sobre el plúmbeo ruedo de Vista Alegre todo lo que el toro de lidia puede aportar.

Mansedumbre del toro reservón, el peligro de la arrancada imprevista y feroz, el toro más dificil que no da respiro y que guarda para quien sepa reducirlo, la entrega sincera de un bravo sometimiento.

¡Y como no! El toro bravo, devorador insaciable de muletazos, arrastrando el morro como los mejores, haciendo esos surcos maravillosos en la arena, que solo la bravura y la acometividad que un toro bravo puede ofrecer.

Una corrida escaparate de las diversas formas de comportarse el toro de lidia.

Todo ello envuelto en el palpitante suspiro de la emoción.

Esa emoción que la última corrida guardaba celosamente y ausente durante los actos precedentes.

Bellísimo epílogo de toros y toreros, con el trazo agil y vigoroso de Victorino Martín.

Bien, ganadero, bien.

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Venía Javier Castaño desde la modestia, al rebufo de su éxito en Madrid, a afianzar su apañada temporada, en la que está toreando más que nunca, en su ya dilatada carrera en el tiempo.

Su técnica fue ferozmente arrollada por su primer toro, que le acorraló salvajemente contra los tableros, repitiendo en la faena de muleta unos instantes dramáticos, antes de que el torero leonés-salmantino se deshiciera de él.

¡Vaya prenda!

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Volvía Luis Bolivar a este ya familiar ruedo para él, y seguirá viniendo si no regaña con Victorino.

Pero esta vez el torero caleño encontró un colaborador de lujo bajo la piel cárdena del Victorino. Que gran toro. Y la aprovechó.

Toreó muy bien con el capote en el recibo y en el quite.

De su muleta surgieron hondos y sentidos naturales, largos redondos, cambio airoso de mano, y esos desplantes espontáneos y sinceros en la cara de la res, cuando uno se siente torero.

Lo mató con decisión, y recogió una merecida e indiscutible oreja.

Bien estuvo el torero americano en su primero, con muchas dificultades, que Luis Bolivar resolvió airosamente.

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Y nos queda Diego Urdiales, Diego Valor Indomable.

El torero de cuerpo pequeño que se agiganta. Tres toros le tocó matar.

Le pudo a su primero, que era un regal de espoleta retardada, se fajó con el cuarto con excelentes momentos con ambas manos, siempre en torero y tras volteretón dramático, volvió a la cara del toro para culminar su obra y recoger el premio de una clamorosa vuelta al redondel.

Buenas verónicas al sexto, con poder y figura en los remates.

Toda una tesis doctoral en los redondos, con valor y estampa.

La pureza y hondura del toreo al natural.

Los de pecho profundo de cabo a rabo, y la oreja del toro grandón de la corrida, frisando los 600 kgs.

Hondura, pureza y majeza en el torero de Arnedo.

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Y volviendo a los toros que nos trajo Victorino del amplio campo extremeño, aclarar por que a uno le pareció una gran corrida.

Los toros de Monteviejo distaron mucho de una buena presentación, pero tenían presencia pese a lo escurrido de carnes bajo la piel cárdena peculiar de este encaste.

Si dice el proverbio que cada toro tiene su lidia, era el material adecuado para mostrar las distintas variedades de andarle a las reses bravas. No olvidemos que en el toro no es sólo ponerse bonito.

Sin olvidarnos de la plasticidad, el fundamento y la hondura de las faenas de castigo, desbordantes de emoción, que falta en el ruedo y en los escaños.

Recuperando la lidia, queda a un lado el sobresalto.

Por que no nos gusta el morbo ni la tragedia, pero no olvidamos que el toreo es una profesión de riesgo.

Victorino ha creado la expectación, la gran expectación para la próxima Aste Nagusia.

Hasta la vuelta.

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El aficionado y el espectador necesitamos que nos refresque la memoria este tipo de corridas.

El ganadero se ha plegado a las exigencias de toreros y apoderados y fabrican el toro a medida.

Le han quitado agresividad, casi comen de la mano y a toque de corneta, preservativos en la cuerna... solo les falta numerarse.

Claro que la Fiesta tiene peligro, y lo seguirá teniendo.

Los toros de este tipo tambien cogen, que duda cabe. El riesgo existe.

Pero sin embargo se ha dotado a las reses de una sosería y falta de competitividad alarmantes.

Vemos día tras día y feria tras feria el toro bobón, el toro borrega y la edición pitonuda de Norit el Borreguito.

Los toros manufacturados ofrecen esta clase de pegas.

Este año en Bilbao lo hemos podido comprobar largo y tendido.

Claro que estas circunstancias tienen la ventaja de una notable mejora en las Corridas Generales.

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