TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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FRANCIA. ARLES. Crónica de Barquerito: "Un gran toro del Puerto"

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TOROS. Crónica de la corrida de Arles. Vespertina.

Arles: 7ª de feria

 

El sexto de la corrida que cerraba la feria taurina de Pascua. A hombros Tejela y Juan Bautista. El Juli, fino con un toro que remendaba corrida, desafortunado en el sorteo

Arles (Francia), 5 abr. (COLPISA, Barquerito)

Arles. 7ª de feria. Primaveral. Tres cuartos de plaza.

Cinco toros de Puerto de San Lorenzo (Lorenzo Fraile) –el cuarto, jugado de sobrero- y uno de Domingo Hernández que completaba corrida y saltó de primero. La corrida del Puerto, bien presentada y pareja, fría de salida, salió noble pero desigual. El sexto, con el borrón de alguna pasajera rajada, embistió en tromba con superior son. Un toro de gran emoción. El quinto, a más, dio buen juego. Bueno el tercero, manejable el segundo. Aplomado, deslucido y flojo el sobrero. El toro de Domingo Hernández, remolón y bondadoso.

El Juli, de corinto y oro, saludos y silencio. Juan Bautista, de mahón y oro, saludos tras un aviso y dos orejas, muy protestada la segunda. Matías Tejela, de azul marino y oro, silencio tras un aviso y dos orejas.

EL TORO de nota de la corrida del Puerto fue el último. Último de corrida y feria. De la reata del tabaco y de estirpe Lisardo: un Pitillo hondo, ancho y bajo, astigordo, de gran viveza. Dos borrones echó: escarbar una vez y no más, y salirse rajadito a tablas de cuatro o cinco sueltas. El resto fue sobresaliente: humilladas embestidas que se rebosaban, ataques y repeticiones de imponente brío, un toro caliente que estaba descolgado al cuarto viaje y, encendido el motor, no paró hasta morir. Las estiradas tras el engaño no fueron de toro celoso sino de refinada bravura. Una maravilla.

El quinto de la tarde tuvo seria y no cómoda bondad, duró sin protestar, escarbó cuando nadie miraba y claudicó cuando miraban todos. Toro de los de ponerse. De notable fondo. Éste fue de otra reata segura: la de los Bilbaínos. Los dos de la familia, un Bilbaíno y un Bilbanito, entraron en el lote de Juan Bautista, que tan buena mano tiene de siempre con los toros del Puerto. Sólo que el primero de lote adelantó por las dos manos casi por sistema. Le faltaba el asiento de sus dos hermanos. La codicia sin poder se resuelve en fragilidad. Y eso pasó.

De modo que los dos mejores del envío cerraron corrida y se hicieron, por tanto, esperar. A Juan Bautista le dieron las orejas del quinto, pero la segunda fue tan protestada que hubo que esconderla y ni siquiera blandirla. A Matías Tejela las dos del sexto y por aclamación las dos. La candente electricidad de las embestidas de ese sexto no dejaba ni esconderse ni quitarse. Tejela tuvo que hacer frente al vendaval. Y lo hizo. Con un trabajo desigual pero de sincero desgarro. La suerte descargada en los falsos circulares tan en boga; una espectacular apertura con el cambiado por la espalda y en tanda de emotivo toreo por alto y ya en tromba el toro entonces; un par de tandas buenas de toreo ligado por abajo; airosos remates de pecho o de trinchera. Esa sensación de sufrir y disfrutar a la vez que tanto propician los toros bravos. Un fugaz desorden donde alternaron los ramalazos de genio con los golpes templados y los acelerones. Pero todo fue de verdad. Una estocada.

Juan Bautista, que toreó  de capa con temple, gusto y calidad a sus dos toros, y de salida a los dos, se enredó con el quinto en faena interminable pero de aliento, más paciente que constante, encarecida por una trenza de última hora y arrucinas en serie. Hubo muletazos caros y buenos. Y adornos graciosos: el molinete sevillano ligado con el cambiado. Hubo, también, constantes cambios de ideas, ritmo y rumbo. El toro pedía más calma, más orden.

El Juli abrió fiesta con un toro de Domingo Hernández que completaba corrida. Se lastimó  en chiqueros el del Puerto que iba a haber roto plaza. No sólo eso: el cuarto, primorosamente lanceado por Julián en el recibo, estaba cojo y fue devuelto sin haber ido siquiera al caballo. El sobrero, del Puerto, tuvo malos apoyos, rodó por el suelo en banderillas y fue toro problema: si El Juli le bajaba la mano, se iba al suelo; y si no, punteaba desganado. Mugió mucho, cortó y se aplomó. Por la izquierda, gazapeaba y se revolvía. Cuando vio el panorama, abrevió El Juli sin darse coba ni hacer perder a  nadie el tiempo. Una estocada atravesada. El toro no descubrió: cuatro descabellos.

Al toro de Domingo Hernández, que lo desarmó de salida, le hizo un gracioso quite por chicuelinas y una sencilla faena clásica, fácil, resuelta, bien armada y de buena inteligencia. Pura armonía. De ganar por la mano todos los viajes al toro, de traerlo cuando estaba a punto de pararse o ya parado. Un pinchazo, una estocada y dos descabellos.

Juan Bautista anduvo moroso y peleón con el segundo. Y al hilo del pitón. Muchos enganchones. Y oficio. Tejela se abrió exageradamente con el tercero de corrida, lo pasó con vértigo, lo escupió cuando apretó y compuso, cuando lo hizo, a toro pasado. Juan Bautista le pegó al segundo un horrendo espadazo en los bajos. Tejela cazó al suyo de buena estocada al encuentro.

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Postdata para los amigos.

 

Tanto toro de desayuno y merienda, siete corridas en tres días y
medio, y no he podido contaros maravillas de los guisos provenzales
con aceitunas, tomates, tomillo y aceite. Y una sopa de pescado
exquisita. Con su gruyere y su pasta de ajo, tan digestiva. Bella
Arles! Ruidosa en fiestas. Buen sitio para retirarse después de la
Guerra de las Galias. El Ródano da agua sabrosa. No se puede bajar
antes ni más por derecho desde los Alpes al Mar. El mar nuestro,
nuestro mar. El goterón gitano de la Camarga es tan sabroso como la
sopa de pescado. Esta mañana, muy temprano, me di un glorioso paseo
por la ciudad desierta. El Ródano parecía una balsa en su esclusa. Se
oía cantar a todos los pájaros. A las 9, al claustro de San Trófimo.
Todas las chovas trinaban en honor del Dios que nos protege. Amén.

Última actualización en Miércoles, 07 de Abril de 2010 20:23