El grupo de los Siete Magníficos, en este caso diez, matadores de toros, estableciendo un pulso con las empresas, ya tiene su chivo expiatorio: el Juli. El presunto “lehendakari”.
El maestro madrileño, al que señalan como adalid de los toreros descontentos, no aparece en la feria castellonense de la Magdalena, en la de Fallas de Valencia, ni en la sevillana Feria de Abril.
Lo que hace sospechar que las empresas están tomando represalias, y han tirado a la cabeza, para que no cojee el grupo....
El Juli, la máxima figura del escalafón, la que tira del carro, con el que todos quieren torear, competir y medirse con él, ha sido borrado de los carteles primerizos de tres importantes ferias.
El empresario, velando siempre por su bolsillo, ha suprimido al torero más caro de la extensa grey de matadores de toros, si exceptuamos a Jose Tomás, pero este va a su bola, como dicen los castizos, y actúa por independiente, con su particular filosofía, que no le va nada mal.
No puede desestimarse el talento y el talante mercantil del grupo empresarial.
Estas ferias no se resentirán por la ausencia del maestro de Velilla de San Antonio, sino artísticamente.
La gente que van a meter en la plaza será poco más o menos igual.
Todo irá en función del atractivo del cartel.
Castellón, con carteles de andar por casa, conseguirá media entrada en el cómputo general. Como siempre.
Mayor nivel en los carteles falleros, y por ende, mejores entradas, aunque tampoco habrá llenos a rebosar en el coso de Xátiva. Como siempre también.
Mención aparte se merece la Feria de Abril.
Junto a Pamplona y la Monumental venteña son un autentico chollo empresarial.
Sus cosos se atiborran de un gentío desbordante.
Tienen fuerza, poso y solera, y por si fuera poco, la colaboración inestimable del turismo.
Van a llenar con o sin el Juli. Los empresarios lo saben y seguramente le borraran de alguna de estas dos plazas, para ahorrarse los jugosos honorarios del torero, a sabiendas que no se van a resentir sus taquillas.
El que sale palmando es el sufrido aficionado, a quien no le queda más remedio que agachar la cerviz y comulgar con el aforismo de que a falta de pan, buenas son tortas.
Lo que no podrán evitar es que el Juli brille.
Aunque sea por su ausencia.





