Muy mal cariz esta tomando el duelo que sostienen toreros y empresas.
El denominado 10G, es el grupo de toreros que aprieta a las empresas.
Prefiero llamarles los Siete Magníficos, como en la peli, pues en el 10G sobran por lo menos tres, que no son de la élite y algún que otro bluff.
Parece ser que el GE o Grupo Empresarial, ya ha elegido la pieza a abatir.
Vemos la cartelería de la Magdalena de Castellón con unos carteles de trapillo, de andar por casa, vamos, y no está el Juli.
Y julián, "que tiés madre", tampoco va a ir a Fallas, ni a la Feria de Abril, según se cuenta.
Todo hace intuir que la parte contratante en su primer descarte serio, se carga al torero de Velilla de San Antonio, que es el más caro, si exceptuamos a José Tomás, pero eso es otra guerra.
Si así fuera, el error de los gestores es mayusculo.
Sin llegar a llenar plazas, el Juli es quien más gente lleva a los cosos.
El único que tira del carro.
No debemos olvidar que su nombre es una garantía en los carteles.
Julián, con un fondo y un poso impredecible, es un torero que ya no se puede obviar.
Sin contar la rabiosa garra y auténtica profesionalidad de que siempre ha hecho gala.
Esto es como las empresas al uso, que la la hora de reajustar, eliminan al más caro, sin reparar en el rendimiento.
Por otro lado, no se a que viene este tira y aloja, cuando las partes están condenadas a entenderse.
Entre tanto, de este río revuelto van a sacar tajada los toreros revelación, los toreros emergentes e islas adyacentes.
Porque ni ciudades ni empresas van a renunciar a la confección de carteles de toros para sus fiestas.
Si los magníficos no ceden y el pelotón se sube a la parra, traemos a Manolo el del Bombo y unas majorettes de la dulce Francia, que está ahí a mano, y a otra cosa.
Sería también interesante pulsar la opinión del 7, y múltiplos del 7, de la Monumental venteña, ya que pase lo que pase y como todos los años, se van a tragar la feria más kilométrica del mundo, pero en esta ocasión, sin figuras ni figurantes.
A ver como respiran.
En tanto, los toreros modestos pensarán:
No hay mal que por bien no venga.





