TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

  • Incrementar tamaño de la fuente
  • Tamaño de la fuente predeterminado
  • Decrementar tamaño de la fuente

Desde BILBAO, los "Timbales" de Paco Cerezo.

Correo Imprimir PDF

Las esperadas rebajas, los recortes de Rajoy, reajustes en las plazas con disminución de festejos, plazas que han bajado los arriendos y cosos sin ni siquiera un postor que llevarse a la boca.

Pero esto en la Fiesta de los toros no es crisis. Son las vacas flacas.

Las vacas flacas han llegado, y este fenómeno se repite cíclicamente.

Han sido unos años de desmesura, de toros a troche y moche.

En muchos pueblos, donde las plazas fueron de talanqueras, se han construido modernos cosos cubiertos.

Un acierto pues con la que está cayendo; a falta de toros, podrán dedicarlos a bailes regionales y deporte rural, si viene al caso.

Hay que rebobinar, volver atrás. Volver a empezar.

Los de pueblo tendremos que ir a la plaza de la capital correspondiente.

Ahora que las figuras no tenían ningún inconveniente en acudir a plazas de pueblo, las circunstancias hacen que tengan que desistir, pues no hay dinero para satisfacer su contratación.

En tiempos, figuras y figurantes tenían a menos torear en pueblos. Los gaches para los desesperados.

Ahora que acudían sin ningún pudor, se les ha chafado el negocio.

No se puede hablar de panorama negro, sí de volver a la realidad, lo cual no tiene nada de oscuro.

Diría que hasta es bueno para el devenir de la Fiesta, una forma de depurarla, un ejercicio de higiene taurina.

Un ejercicio higiénico significa limpieza, y eso nunca viene mal. Vuelve la mesura a la Fiesta, impuesta por los tiempos que corren y no tiene nada de malo que esto suceda.

Ayuda a hilar más fino, a un mayor equilibrio en los festejos, capaz de interesar a aficionados y espectadores, y no corridas hechas a voleo, al buen tun tun, corridas de relleno que no divierten ni a los acomodadores.

Un buen ejemplo es Bilbao, una plaza que, junto a Madrid y Sevilla, es buque insignia, parte de los grandes acorazados de la Fiesta. Su peso y prestigio son incuestionables.

Madrid y Sevilla, con un ciclo ferial kilométrico, han conservado el lleno diario en sus escaños.

No así Bilbao con sus Corridas Generales, un ciclo muchísimo más breve, pero con más categoría en los carteles.

Sin embargo, han bajado notoriamente las entradas de antes y después del cogollo que compone la reunión de figuras.

En las cuatro corridas estelares el publico ha respondido colmando el aforo, con un “No hay billetes” incluido.

Aquí viene a paño esa tontería tan de moda, “calidad-precio”.

Muchísimo más claro.

Todas las corridas cuestan lo mismo, pero no valen igual.

Y el público se resiente.

Resulta altamente significativo que cuando el cartel es atractivo, la gente responde como un solo hombre.

No basta la presencia de una figura encartelada entre dos toreros de la extensa grey de coletudos.

De hecho, no hay ninguna figura capaz de llenar la plaza, hecha la excepción de José Tomas.

Así que, si queremos llenar…