TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

  • Incrementar tamaño de la fuente
  • Tamaño de la fuente predeterminado
  • Decrementar tamaño de la fuente

COLOMBIA. CALI. "El Toro no debe morir en el ruedo. De acuerdo". Artículo de Enrique Calvo "El Cali".

Correo Imprimir PDF

DESDE FUERA DEL PALCO, CALI. 1ª  DE FERIA 2011. Novillada con picadores

Cuando el Toro Bravo pelea en el caballo, acude en banderillas por derecho y humilla en cada muletazo queriendo comerse la muleta o mejor ir detrás del engaño como prendido de un hilo hasta el final del muletazo regresando sin mirar lo que dejó atrás, poco a poco se va ganando el derecho a regresar a la dehesa para perpetuar su especie e intentar transmitir sus genes  de bravura y sutileza bondad que hace que un torero desborde su ímpetu juvenil en pro de la defensa de la naturaleza misma.

Eso fue lo que le sucedió a Sergio Flórez  novillero mexicano de buena temporada en Europa, dejando su nombre escrito en los anales de la Plaza, recorriendo su ruedo con las orejas postizas de otro ejemplar, en medio del delirio de los aficionados caleños  al son de un corrido mexicano. Por ambos pitones el de “Tuco” dejó que el “manito” diera cientos de muletazos algunos con mas gusto que otros pero, eso sí, largos y templados.

La afición a mitad de faena en medio del delirio de pañuelos blancos fue creciendo para obligar al Presidente y su asesor otorgarle el derecho a volver vivo a los corrales de donde salía anunciado para morir en el ruedo como mueren los toros de lidia gracias al rito ancestral de la vida y de la muerte que ronda el espectáculo de los Toros.

Ya empiezan a ser unos cuantos años desde que “Tuco” se llevó la ganadería a aquellos parajes bellos del centro del país, por lo tanto el esfuerzo y la dedicación de toda la familia debe darle ánimo suficiente para seguir en ese laboratorio que es la cría del animal más bello de la naturaleza  y perpetuar la historia del Santacoloma.

Lástima que algunos de los novillos lidiados en la noche cálida de Cañaveralejo no encontraran las manos adecuadas y capaces de domeñar las nobles embestidas de los hermanos del indultado cuarto.

Aquí se dio algo muy claro, algo que debe cambiar, cuando un torero no es solvente en  la hora suprema, agobia la muerte del oponente y los sentimientos del espectador, el reglamento debe estar de parte del animal, que no debe morir en el ruedo apuñalado y malherido.

En esta noche, después del cuarto pinchazo con la espada, la gente le gritaba al novillero nacional  con el alma “fuera”  que se retirara del ruedo dejando que el toro se fuera vivo a los corrales, el toro bravo debe morir en la Plaza pero con dignidad, si el torero no se prepara para la hora de la verdad no es culpa del toro ni del público pagano. Por lo tanto sí hay cosas por cambiar que merecen un debate.

En conjunto, fue una novillada muy bien presentada y seria que, de tener esas manos que desea todo ganadero, se hubieran cortado muchas orejas. Otro día será.