TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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FRANCIA. ARLES. Crónica de Barquerito: "Una frustrante corrida concurso"

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TOROS. Crónica de la corrida de Arles. Vespertina.

Arles: 3ª de feria

Toros interesantes y de despampanante escaparate de La Quinta, Prieto de la Cal, Dolores Aguirre y Flor de Jara. Pero desiertos todos los premios. Toreo del malo

Arles (Francia), 3 abr. (COLPISA, Barquerito)

Arles. 3ª de feria. Vespertina. Nublado, ventoso, fresco. Media plaza.

Corrida concurso de ganaderías. Se declararon desiertos todos los premios.
1º, de La Quinta, cumplidor pero muy castigado en varas
2º, de Prieto de la Cal, con personalidad, estrellado contra tablas varias veces, guerrero en varas
3º, de Samuel Flores, manso de volver grupas, de boyal estilo
4º, de María Luis Domínguez, de soberbio trapío, apagado y roto tras la primera vara
5º, de Dolores Aguirre, sangrado en dos feroces puyazos, se echó
6º, de Flor de Jara, playero, bello, con movilidad y bravo son.

Uceda Leal, de verde aceituna y oro, silencio y pitos.
Javier Valverde, de nazareno y oro, pitos en los dos.
Luis Bolívar, de blanco y plata, pitos tras dos avisos y una oreja.

SEIS toros a concurso; el ruedo ordenado para que varas y lidia fueran a contraquerencia. Un servicio de megafonía que encarecía cada cosa: los nombres de los toros, los de las ganaderías con detalle de antigüedad y colores de la divisa, los de los picadores y los de los caballos de pica también. Seis caballos de los buenos de la cuadra de Alain Bonijol; quince monosabios en el paseíllo; de uniforme camargués los ocho areneros; dos alguacilillas, una con plumero tricolor francés y la otra, con el bicolor gualdirrojo de la Provenza; el público más torista por fuera que por dentro de esta clase de corridas de campeonato; y, en fin, tres matadores y sus cuadrillas, pero ninguno de ellos estuvo por la labor. A contraquerencia y a contraconcurso.

Contra y no a favor de los toros las lidias todas sin excepción. Como si los toros fueran enemigos de guerra. Aceptable el nivel de los picadores, que, por la ley de los tres puyazos, se convirtieron en protagonistas. Lo fue el madrileño Luis María Leiro, que se las vio con el más manso de la corrida, un toro de Samuel que volvía grupas al ver el caballo. Pero pasó lo que no puede pasar en una corrida concurso: que el espectáculo más celebrado lo diera un picador con el toro más manso de la tarde. Se declararon desiertos todos los premios. Castigo general. 

Hubo toros de interés. Los dos de sangre Santa Coloma, el primero –de La Quinta- y el sexto –de Flor de Jara (Bucaré-Buendía)-, fueron de hermosa lámina y los dos se emplearon en el caballo. Con prontitud y entrega el uno; pensándoselo más el otro. El de Flor de Jara fue infamemente lidiado, molido a capotazos sin cuento ni razón; el de La Quinta, aniquilado en el primer puyazo. El de Flor de Jara, venido arriba, duró lo indecible: elástico, alegre, con fijeza y no mal son aunque, resabios de la lidia de desidia, llegó a coger por la mano derecha dos veces. Sin herir. Al banderillero hiperactivo Domingo Navarro y al propio Luis Bolívar, que lo mató y toreó con habilidad. 

El jabonero de Prieto de la Cal, vuelto de cuerna, muy veragüeño, atacó de salida con  ínfulas y personalidad de toro a la antigua. Lo estrellaron sin piedad contra los burladeros, lo maltrataron, lo dejaron astillado del pitón derecho, le pegaron cuatro puyazos en toda regla y pretendieron darlo por manso, que no lo era para nada. El toro protestó por todo eso, se fue apagando y se paró pero sin llegar a defenderse. Valverde toreó a la defensiva. Una faena interminable pero hueca.

El toraco cinqueño de Alfonso Guardiola (Pedrajas, María Luisa Domínguez) salió cadáver del primer puyazo, se reclinó y arrodilló y pidió la extremaunción en banderillas. Uceda lo mató de dos espadazos en los bajos. A los bajos apuntó y se fue Bolívar para acabar con el supermanso de Samuel. Al quinto, de Dolores Aguirre, picado en el espinazo, le abrieron dos caños de sangre de tal magnitud que el toro llegó a echarse a mitad de trasteo. Se dejó pegar muletazos. El malhumor de los toreros y las cuadrillas fue evidente y general. Disputa sin sentido de hombres y animales por el protagonismo del festejo. Un torpedo en la línea de flotación de la idea misma de las corridas concurso. Ésta de Arles, sembrada de expectación, no pasará a la historia de las mejores.

Última actualización en Miércoles, 07 de Abril de 2010 20:27