TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Desde Bilbao los "Timbales" de Paco Cerezo

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TIMBALES

El lunes vimos la corrida retransmitida desde Ubrique por Canal Sur.

Por cierto, que gran labor está llevando a cabo esta modesta cadena en pro de la Fiesta.

Paradójicamente, tienen que coger lo que les dejan, lo más modesto, que, desgraciadamente no es lo mejor, ni de lejos.

Entran con lo que hay, con lo que les dejan.

Pero ahí están, al pie del cañón.

Tienen mucho mérito al servicio de una afición desmedida.

Merecen el reconocimiento de los aficionados.

A lo que ibamos.

En Ubrique, uno de esos pueblos inmaculadamente blancos del Sur, era fiesta grande, el día de Andalucía, y corrida de toros encabezada por Jesulín de Ubrique, vecino y natural de esta parroquia.

Pese a ello, no logró llenar los escaños de la pequeña y airosa plcita, entre otras cosas porque el tren de Jesulín pasó hace mucho tiempo.

Acompañaban en el cartel al torero local Javier Conde, otro viejo viajero, y Daniel Luque, a quien empujan para que coja de una vez el tren de las figuras, sus admiradores mediáticos.

El tiempo se encargará de comprobar si viaja sin billete.

Fuente Ymbro puso el primer plato con una corridita el efecto, obediente, bravita, paciente, caricortita, corniapretadita.

Más facilidades no pueden darse en tiempos de crisis.

Jesulín, con un traje clásico en su vestuario, azúl insípido y oro, volvió a mostrar su técnica innegable de torear en area pequeña, entre las dos rayas.

Dominador de esos terrenos, estuvo mejor en su segundo que en el que abrió plaza, sin saber lo que es mejor.

El toro quería los medios, quería sitio, quería aire, pero el torero lo redujo a su parcela en un traer y llevar. Nada por aquí, nada por allá.

Contundente con los aceros, cortó la oreja del primero y obtuvo las dos de su segundo.

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Javier Conde se lució a la verónica y sus particulares medias, que apenas llegan a un tercio...

Intentó y logró a veces su personal toreo, de tinte agitanado y fatalista, lo que hizo arrancarse al cantaor desde el tendido para sufrir con el desgarro del arte.

Menos mal que a la terminación del cante, irrumpió alegre y briosa la Municipal de Ubrique, para devolvernos la alegría de la Fiesta.

Una y dos orejas para Conde a la vuelta del trance.

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Nada pudo hacer Luque con su primero, por que no había nada que hacer. Y nada hizo.

Toreó bien al sexto por verónicas y, muleta en ristre, apañó un trasteo vistoso con sus superconocidos trincherazos de mano alta, plato fuerte de su repertorio, que terminó eficazmente y puso en sus manos las dos orejas del toro que cerró plaza.

Luego, la triste salida a hombros al uso.

Cada torero a lomos de un "capitalista". Es lo que se lleva.