TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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"La seriedad en la Fiesta". Artículo de Enrique Avilán Acosta.

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Cali, marzo 1 de 2011

Con esta frase tituló Cheo Restrepo una interesante nota que distribuimos
gustosamente entre nuestros contactos taurinos, recibiendo comentarios
favorables y uno que otro opuesto, considerando, como lo expresó el crítico,
“que estaba resollando por la   herida” aunque no entendimosde qué cicatriz
podría hablar quien así se expresaba. Pero, en general, conociendo la calidad
de aficionado que hay en CHEO, creemos que, aunque a veces su lenguaje es
bastante ácido, dice muchas verdades que, les guste o no, los empresarios, los
aficionados, los ganaderos, los toreros y los periodistas, deben revisar y
releer los agudos conceptos utilizados por el ex asesor de la plaza de toros
de Cali.
“Es que no solo los antitaurinos constituyen una amenaza; muchos aspectos
internos también lo son. Y la primera obligación que tenemos los que amamos
la fiesta, cada uno desde su rol en ella, es la de velar por su verdad y su
pureza, acá en donde tenemos lo nuestro, no tanto en Cataluña cuya
repercusión no pretendo minimizar, pero en donde hay guardianes que están
haciendo su labor. A nosotros nos corresponde ahora guardar lo nuestro. Yo
intento hacerlo desde mi condición de aficionado, ahora que el moderno
internet me brinda la oportunidad de expresarme con toda libertad.

Es de esperar que ganaderos, toreros, apoderados, empresarios y autoridades,
hagan lo propio desde su ámbito de manejo. Haciéndolo también con toda
responsabilidad   y entereza, porque ahora a mi modo de ver toca apretar el
encono aunque duela   para que pueda sanar. Para comenzar una discusión al
respecto, me atrevo a   enumerar algunos aspectos a los cuales deben irse añadiendo los que ustedes aporten, para enriquecerlos o sumar otros”

Primer punto: “Los   precios de las entradas son muy altos. Alguna de las
empresas argumenta con   frecuencia “nuestras entradas son las más baratas de
lasplazas de primera en Colombia”; como si las entradas en general fueran baratas en todas partes y las suyas   lo fueran aún más. Esta es  una
condición tergiversada con un gran sofisma inaceptable, porque son caras en
todas partes, incluidas las de todas las plazas de primera”. Agrega que   el
cronista Manolo Molés “se hace cruces” por el valor de nuestras entradas
comparadas con las plazas de primera españolas, concluyendo “Que es una
vergüenza que un periodista foráneo sea quien hace la observación”

Ese es un punto que se ha discutido en muchos foros y se le ha hecho saber a
las empresas que no es bueno para la fiesta el ver “tanto cemento en los
tendidos”. Aparentemente, no creyendo que   las empresas de Cali y Manizales,
hayan atendido esta crítica, la plaza   caleña sacó a la venta los abonos
rebajando, de la fila 6 para arriba, las boletas en proporción del 20% o más,
ofreciendo los descuentos por pago de contado o con tarjetas débito de otro
25%, lo cual significa un alivio grande para los aficionados que, además
pueden pagarlos con plazo de diez meses. La teoría del abono que se ha ido
perdiendo, puede resurgir en buena parte. Manizales anuncia que, igualmente,
lanzará sus abonos con rebajas hasta del 30% en el 70% de sus localidades,
ofreciendo, igualmente, descuentos por pago de contado o con tarjetas de
crédito. Esa es una verdadera respuesta a uno de los puntos álgidos de los
precios.

Segundo punto: “Las   Empresas ostentan un poder desequilibradamente grande en la gestión de la   fiesta, avasallando muchas veces los derechos de la afición. Las Juntas Técnicas han pasado de defender los derechos generales o públicos de la afición (que es la que paga, y muy caro!) en la calificación y
aprobación de encierros, a ser convalidadores de las decisiones de las
Empresas porque ellas son las que las nombran y remueven libremente”.

Es evidente que tiene mucha razón. Aunque se debe admitir que las empresas
están diseñadas para ganar dinero o, por lo menos, entregar rendimientos a las
casas de saludo a las entidades de beneficencia a las que normalmente ayudan,
también deben pensar en la calidad del espectáculo por el que los aficionados
pagan   entradas costosas. Hemos visto, en la pasada temporada, esfuerzos
grandes por   lograr toros de mejor presencia, edad y trapío, aunque no faltaron
los “garbanzos negros en cada plaza”, pero reconociendo que se mejoró
bastante. En cuanto a los toreros, si bien hemos visto las figuras en buenas
actuaciones, no se puede desconocer que siguen exigiendo “el billete grande y
el toro chico”, desluciendo la calidad de las faenas por ese motivo.

Las Juntas Técnicas, por regla general, no pasan el examen de la temporada
porque admitieron sin devolver, la mayoría de los toros llevados por los
ganaderos a las plazas y no supimos de sanciones por falta de edad, que
seguramente los hubo, ni por manipulación de defensas, que estuvieron “a la
orden día”. Y, como lo afirma un crítico, “ningún veterinario se atreve a
examinar ni mucho menos devolver un ejemplar por el riego de ser destituido
fulminantemente”. Ese es uno de los pecados grandes producidos por la Ley
Taurina.

Tercer punto: “Los palcos se cuidan de satisfacer los deseos e intereses de
las Empresas en la conducción de las corridas y en el otorgamientos de trofeos
porque ellos son nombrados y removidos por estas libremente. Así han
llegado, salvo contadas excepciones, a obrar representando el interés
general en la forma, pero en el fondo el interés particular de las Empresas”

Tuvimos oportunidad de apreciar todas las corridas de Cali y Manizales y tres
de las de Medellín y consideramos que, en las tres plazas, “perdieron   el año”.
No podemos estar identificados con Cheo en que, por el hecho de ser   nombrados por las empresas, se cuiden de satisfacer los deseos e intereses de  las mismas. Eso nos parece una apreciación ligera y bastante injusta con   asesores como Enrique Calvo que lo hizo en Cali y Bogotá con resultados nada
afortunados.

Pero podríamos asegurar que los Presidentes y sus asesores, si se equivocan,
lo hacen de buena fe. Los incidentes como el discutido rabo a Hermoso en
Bogotá o la oreja a El Juli en el toro de regalo en la última de la Santamaría, para citar dos ejemplos, son   más del calor del momento, que por producir beneficios a la empresa. Que   dieron una o más o orejas sin justicia o negaron otras que sí se merecían o   que cambiaron un toro, como el caso de Manizales, sin sacar los caballos para   probarlo, son momentos que exigen prontas decisiones pero, en ningún caso, actos punibles. Para los aficionados que tanta “alharaca” producen con la actuación de los Palcos, no podemos aceptar que atribuyan sus errores a actos maliciosos en beneficio de las empresas.

Cuarto punto: “Dadas las condiciones anotadas, son frecuentes las corridas mal presentadas,   justas de edad, terciadas, con apariencia de novillos,
defectuosas de cara, disparejas de peso, anunciadas con pesos irreales,
descaradamente manipuladas en sus astas y, en fin, con características que
merecerían el rechazo de la Juntas Técnicas y por supuesto de las mismas
empresas (para qué tienen entonces los veedores?), si es que de defender el
interés general y la seriedad de la fiesta se tratase.

En esta   temporada todos los toros que vi saltar al ruedo estaban manipulados
en las   astas, ostensiblemente, sin que hubiese un solo examen post mortem
que lo certificase; es que al respecto no hay veterinario que siquiera se atreva a insinuarlo porque sería  fulminantemente destituido por la empresa que lo ha nombrado. Cuántos años hace que en Colombia no hay una sanción, así fuera
simplemente moral, por manipulación de astas? Pienso que los aficionados que
han manifestado en carteles que sin toro de verdad no hay verdad en los   toros,
tienen toda la razón”

De los veintiocho festejos que pudimos presenciar, sí pudimos ver   ejemplares
bajos de edad, algunos mal presentados y, lo que es más que posible, que no
embistieran y fueran propicios para el lucimiento de los   matadores, pero no
podemos compartir la afirmación de Cheo (subrayada por   nosotros) de todos los toros manipulados en las astas ostensiblemente. Esa es una expresión bastante ligera poco fácil de comprobar. Lo de los exámenes post mortem, nos atrevemos a afirmar que, si se hacen, nunca se conocen los resultados ni mucho menos hemos conocido de sanciones como en aquella en Cali de un toro de Yerbabuena de Ortega Cano años ha. Con mucha pena, las Juntas Técnicas, como los Palcos de Usía, tampoco pasan el examen por su actuación   productiva en bien de la fiesta.

Quinto punto: “Los toreros y apoderados ya han probado un nivel de honorarios
tan alto   y un nivel de toros tan “justito”, que ya no quieren salirse del esquema tan consabido de “eldinero grande y el toro chico”en el cual no solo se falsea la verdad de la fiesta sino que también se niega descaradamente al aficionado su derecho. Todos conocemos las justificaciones que exhiben las empresas en la presentación de los toros cuando de contratar figuras se trata, así como los honorarios que se reconocen con cargo a quienes pagamos nuestras entradas, a diferencia de las Juntas Técnicas y los veedores que entran gratis. Me consta de toreros que se han “cachondeado” de los toros que les echan y otros que han expresado su desconcierto por lo indigno de algún ejemplar que les ha tocado en suerte”

Lo afirmábamos antes respecto a las figuras que exigen el toro cómodo (a veces
demasiado) que significan un   atentado contra los aficionados que pagan sus
boletas bastante costosas. Pero, aunque este es un mal que viene de toda la
vida, no quiere decir que algún día nos debemos de quitar ese embeleco de
estar sometidos a los conceptos de los apoderados de las figuras que llegan a
extremos increíbles de exigencia para lograr toritos que al primero que
deslucen es a su propio matador. Los exigentes aficionados “de hueso colorado”
afirman que las temporadas sin   figuras, no valen. Pero ¿podremos quitarnos esa fijación y olvidarnos de las figuras que exigen pero torean al toro inofensivo? ¿Será un delito intentar una temporada con toreros como Curro Díaz, Daniel Luque, Urdiales, para citar algunos que vinieron esta temporada y dejan huella y no exigen como los Juli, Morante, José Tomás, El Cid o Manzanares?

Pero no es fácil que las empresas se pongan de acuerdo para contratar solo a
estos toreros, corriendo el riesgo de no tener los resultados esperados. Pero
las figuras, deben tocarse en este sentido aunque, seguramente, “les importa
un pito” y lejos estemos que los empresarios tomen conciencia de dar un paso
tan riesgoso para sus futuras temporadas.

Sexto punto:
“La Ley Taurina, tiene grandes falencias, ampliamente conocidas
por los gestores de la fiesta, que deberían   ser más difundidas entre la afición. Lamentablemente no se hacen foros de análisis abiertos que permitan hacerlo.

Defectos acentuados en demasía con el fallo de la Corte Suprema que declaró
inexequibles algunos de sus artículos y que estableció el carácter de “privadas” de las corridas de toros, por lo cual las Empresas las organizan como bien les parezca nombrando sus Juntas Técnicas y sus Palcos. Vale decir siendo juez y parte, sin que por ello el aficionado tenga derecho de reclamo”

No reconocer la necesidad inminente de reformar esa Ley para que sea de
verdad garantía del interés general y público, para que se reconozca el
carácter público de la fiesta de los toros, es una gran ingenuidad. Así como
lo es el pensar que las empresas sin control alguno van a obrar siempre
equilibradamente en defensa del interés del aficionado”

Muchose ha discutido acerca de los defectos de la Ley Taurina aunque tampoco se pueden ignorar los beneficios. Pero uno de los graves problemas, es la
designación de las Juntas Técnicas y los Palcos de Usía. No se puede
desconocer que, antes de aprobada la Ley, estos entes eran nombrados por la
Autoridad aunque no faltaban las “recomendaciones” de las empresas, pero, al
final de cuentas, representaban la Ley. No sé si el discutir y explicar a los
aficionados los alcances de la mencionada Ley, sirva para corregir las fallas
de la misma. Que se debe reformar, sí es una real necesidad, buscando corregir
lo que, hoy en día, afecta ostensiblemente a nuestra fiesta.

Séptimo punto:
“La prensa hablada está en casos muy importantes condicionada en sus  opiniones por anuncios pagados por ganaderos, toreros y empresas en revistas que son de propiedad privada de sus   periodistas.

Hay por lo menos un periodista que funge al mismo tiempo también como
ganadero, comentando sin recato alguno sus propios toros, condición a mi
modo de ver abiertamente anti ética, y además desequilibrada porque los
demás ganaderos no tienen micrófono para defender sus toros ni periodistas
colegas que le ayuden a hacerlo.

La solemnidad del periodismo taurino tiene en lo anterior un hueco enorme
que le resta legitimidad, a lo suyo por supuesto, pero también a la seriedad
de la fiesta y por tanto a su verdad.

Les invito a que analicemos estos puntos, a que los ampliemos y
enriquezcamos, a corregir lo que desde adentro nos corresponde, a que
sigamos por supuesto tan atentos como siempre a lo que hacen los
antitaurinos pero habiendo hecho la tarea interna en forma previa. No sea
que se nos aplique el viejo dicho por todos conocido: “entre todosla
matamos y ella sola se murió”

El aspecto de la prensa, como dice Cheo, “condicionada en sus opiniones por
anuncios pagados por ganaderos, toreros y empresas de revistas que son de
propiedad privada de sus periodistas” no deja de ser casos aislados y
puntuales conocidos. Lo de César Rincón, mencionado sin nombrarlo, produjo un
incidente delicado en Medellín que debería ser analizado por la cadena para la
que nuestro insigne matador ha laborado en los dos últimos años. Se dice que
no se puede ser juez y parte y eso ha hecho César en estos dos últimos años.
Tampoco se puede desconocer, como la afirman no poco oyentes y aficionados,
que es mucho lo que enseña en   sus comentarios. Pero, en general, la prensa
taurina ayuda mucho al   desarrollo de la fiesta de los toros y está, todo el
año, manteniendo la   afición en constante ajetreo.

Las empresas, en ocasiones, no reconocen la verdadera función de los
comunicadores y solo esperan que hablen bien de sus temporadas y procuren no
mostrar los defectos y errores de los empresarios. Pero esa es la ley para los
comunicadores, no solo de los toros, si no, de las demás actividades en que
deben desarrollar su trabajo en prensa, radio, T.V. y, hoy en día en los
portales de Internet.