TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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"Juan Mora y los toreros proscritos". Artículo de José Míguel Martín de Blas.

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Artículo publicado por su autor el 24 de agosto de 2004 en 6TOROS 6

Vivimos un tiempo sin apenas referentes. Sin un equilibrio lógico entre la oferta y la demanda real. Sí con la oferta y la demanda que cada año se inventan los empresarios, habituados a manejar un escalafón despersonalizado, en el que importa poco cambiar un cromo por otro. La oferta y la demanda va y viene, a conveniencia del mensaje de turno. Es extraño el fenómeno que opera en las empresas taurinas, que parecen estar de acuerdo en tantas cosas, como si actuasen como un mismo ser, como un mismo cuerpo con muchas caras diferentes.

Estas caras, duras, de este sistema que arrincona, previa consigna tácita o sin ella, a toreros de forma caprichosa. En el argot a veces se oye hablar de “castigo”. Es decir, los empresarios “castigan” a los toreros sin pensar en el cliente.

Recuerdo la temporada en que castigaron entre todos a Luis Francisco Esplá por defender los intereses de su gremio. Esplá salió escaldado. Algo parecido le pasó antes a Curro Vázquez. Siempre por asuntos ajenos a su calidad como toreros.

Es curioso que más de uno que ha querido mantener su dignidad esté viendo pasar la temporada desde su casa. El Fundi, por ejemplo, ídolo en Francia con las corridas más duras, y sin sitio en la temporada española, en la que en muchas plazas sigue siendo un desconocido.
¿Por qué le cerraron el paso a un torerazo como Luis de Pauloba? ¿Por qué el triunfo madrileño de Cepeda no le sirve para entrar en alguna feria importante? ¿Dónde torea Curro Díaz, uno de los sucesos de San Isidro? ¿En manos de quién está la fiesta? ¿Cuántos con menos méritos que Miguel Angel Perera, impactante en San Isidro, van a torear en más y mejores condiciones que él?
¿Acaso Manuel Caballero, de repente, ya no debe estar en las ferias? O se equivocaban antes, cuando estaba en todas, o lo hacen ahora. ¿No hay sitio para Caballero en tres carteles de Pontevedra? No tan sorprendente si no fuese porque la plaza es de sus apoderados.

Debemos admirar a estos artistas que no se aburren. Que siguen viviendo por y para el toro. Que están preparados como si tuvieran la temporada hecha. Muchos de ellos no quieren batir récords, pero qué menos que un puñado de corridas de toros. Al menos para que el aficionado no se vea obligado al menú del día que programan las empresas cuando se les acaban los toreros de primera fila y anuncian toreros del segundo grupo, al pelotón de salvamento. Buenos (no todos), bonitos (no todos)...y baratos (todos).

No está la fiesta para premiar el servilismo y castigar el sacrificio. Es la vida al revés. La cultura del pelotazo. La que no respeta el orden sagrado de la vida y el toreo. Fernando Cámara se rehizo como hombre pagando sus errores. Y delante del toro, en la Malagueta en el 2001, demostró la pureza de su toreo. No le dejaron hacerlo en más sitios. Sí: con una de Barcial en Madrid el verano siguiente.
Juan Mora volvió de ver la cara a la muerte en Jaén, y se empeña en hacer del toreo un ejercicio de orden espiritual, después de la obra de arte que hicieron los médicos en su femoral. Juan Mora volvió y eso era ya un triunfo. Pero no le dejan.

Por eso, respetos al máximo para Juan Mora, al que ni la tremenda cornada de Jaén, ni las cornadas de los despachos han conseguido aburrir. Un torero de la calidad de Juan Mora sólo ha hecho dos paseíllos este año. No ha habido hueco para él en Sevilla ni en Madrid. Y cuando entre todos nos quejamos del adocenamiento de los carteles en las grandes macroferias, deberíamos volver la vista a estos toreros. No está la fiesta para estos lujos, para tamaño despilfarro. Así nos va.

Juan Mora parece un torero de otra época, posiblemente desubicado en este tiempo de mercadeo de “fast food”. Un torero hondo de sentimiento y de pensamiento. Un hombre feliz. Un torero proscrito.