MADRID. Feria de Otoño. Crónica de Barquerito: "Un novillero a hombros: Tomás Rufo"

Viernes, 27 de Septiembre de 2019 00:00
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El torero de Talavera refrenda sus dos triunfos de verano en las Ventas

Dos faenas de soberbia entrega con el lote mejor de Fuente Ymbro

Valor sereno de Fernando Plaza

Madrid, 27 sep. (COLPISA, Barquerito)

Viernes, 27 de septiembre de 2019. Madrid. 1ª de la feria de Otoño. Templado, soleado. 16.361 almas. Dos horas y cuarto de función. Seis novillos de Fuente Ymbro (Ricardo Gallardo)

Raphael Raucoule, “El Rafi”, de Nimes, nuevo en esta plaza, silencio en los dos. Tomás Rufo, una oreja en cada toro. A hombros. Fernando Plaza, silencio y palmas tras un aviso. Buenos pares de Rafael González, Fernando Sánchez y Sergio Aguilar.

LOS DOS NOVILLOS DE mejor nota de Fuente Ymbro, un segundo más noble que poderoso y un quinto muy completo, se juntaron en un mismo lote, el de Tomás Rufo. A los dos dio cumplida fiesta el torero de Talavera de la Reina, y a los dos tumbó de excelentes estocadas inapelables. La fiesta fue torear con encaje, firmeza, acople, descaro y pulso. La inteligencia de atender a la condición distinta de cada uno de esos dos novillos. De son templado el segundo, de pobre nota en el caballo, y de son brioso, vibrante y muy elástico el quinto, que se empleó en dos varas y salió ya de la primera descolgado y embistiendo. Este quinto llevaba nombre de reata ilustre en la ganadería, Hechizo.

Por bravo no fue sencillo, pero por serlo propició un ambiente arrebatado. Se jalearon las embestidas y las repeticiones, y se celebraron con mucho calor las ideas e invenciones de Rufo, que atacó en seguida y sin pruebas, eligió con acierto terreno y distancias, se compuso y embraguetó en todas las bazas, y, ni un paso atrás ni en falso, supo tener a la gente en tensión. Lo mismo en los tramos acelerados que a final de faena en el toreo casi al desmayo. Más logradas las tandas con la diestra que las de toreo al natural a muleta arrastrada, en línea y sin abundar por esa mano.

Las pausas fueron mínimas y la postura, natural. Hubo su carga de efectos especiales clasicistas: el tres en uno que Ortega Cano rescató un día del repertorio de Victoriano Valencia y Julio Aparicio padre. Y en onda clásica también el cambiado genuflexo de amplio espectro cosido con el de pecho en el viaje de vuelta. Las variaciones sobre el canon clásico fueron sello clave en la faena del segundo novillo: una tanda de toreo genuflexo muy bien traído y tirado. Los golpes de inspiración parecieron sin excepción espontáneos. Incluidos recursos infalibles como los remates a pies juntos de pecho, los pases del desdén en cantidad medida.

Mejor el ritmo de la faena del bravo quinto, de ritmo espectacular, pero notable también la manera de discurrir en distancia corta con el segundo antes de acabar trayéndoselo por los vuelos. Una oreja, otra y casi las dos del quinto, que Tomás brindó a un Florito Fernández que también fue en su día prometedor novillero de Talavera. El Florito de viva leyenda, el mayoral de la plaza de Madrd. Hacía cuatro años que no sacaban a hombros de las Ventas a un novillero. Fue entonces un tal Roca Rey.

No fue sencillo salir a torear después de haberse bajado Tomás Rufo tan a placer por el tobogán. Y menos en cuanto dio señales de vida el sexto de Fuente Ymbro, el más serio de los seis, y el de hechuras más discutibles. Nada que ver con la armonía de los tres primeros, ni siquiera con la grave hondura del cuarto. Al resbalar en una de las rayas de cal, Fernando Plaza, novillero en turno, perdió pie y antes de llegar a caer trompicado fue prendido muy feamente. Entre el cuello y un cuerno del toro estuvo columpiado. Ileso el torero, pero enterado el toro, que, incierto, violento por la mano izquierda, la cara alta, midió a Plaza lo indecible y no dejó de apuntarlo con la mirada. Una faena de consentir mucho, de arriesgar con impecable serenidad a toro parado –de ”poner los muslos”, decían antes los toreros que los ponían-  y de librar viajes de muy difícil gobierno porque el toro no regaló un solo viaje. Sin remate con la espada, la faena trascendió por su seriedad. El valor seco todavía conmueve.

De otro aire el resto de la novillada. Fue la tarde de la presentación en Madrid de El Rafi, puntero del escalafón francés, puesto, capaz, seguro, elegante, competente. Nada aparatoso, pero habilidoso, novillero en fase técnica. Listo también. Una interpretación muy afortunada de las trenzas cambiadas de Daniel Luque. Tendencia a abusar del toreo sobre seguro. Y firmeza. Fría con él la gente, que castigó con reproches una media en los bajos para hacer rodar al cuarto sin puntilla. Distraído, flojito y apagado, el tercer novillo se paró demasiado pronto. Pasivo y no al ataque, Fernando Plaza pecó de ponerse al hilo.

Postdata para los íntimos.- Un panecillo con anchoas de conserva. Una rebanada de pan con tomate, aceite y pernil, a ser posible caliente. Y el pernil, no tan curado. El panecillo de mallorquina pasado por el horno para desgrasar. Un buen pedazo de queso de cabra de verdad, o sea, de Zamora. Y un trago de vino entonces. NO antes sino después. El panecillo ha desaparecido de las panaderías y las tahonas ful o falsas -depende- de Madrid. Lo sofisticado contra lo sencillo. Escuché en Radio Madrid una conversación muy entetenida de Ángels Barceló con una mejillonera gallega que derivó en el arte de comer los mejillones, frescos o en conserva. El panecillo de mejillones bien aceitado. Y todo eso. Mallorquina es tanto como sobrasada de pata negra. Que cueste hacerla trozos con los dedos. Y que los dedos se queden muy pringados.
Y la escuela de escultores renacentistas de Suavia. Artesanos del alabastro..
Última actualización en Sábado, 28 de Septiembre de 2019 20:57