MADRID. Crónica de Barquerito: "Hermosa pero frágil corrida de Bohórquez"

Domingo, 17 de Junio de 2018 00:00
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Un viento de azote constante y las fuerzas menguadas de casi todos los toros condicionan un espectáculo sin brillo. Notables con el capote Fortes y Álvaro Lorenzo

Madrid, 17 jun. (COLPISA, Barquerito)

Domingo, 17 de junio de 2018. Madrid. 44º festejo de temporada. Calor, tarde muy ventosa. 8.000 almas. Una hora y cincuenta y cinco minutos de función. Un minuto de silencio en honor de Iván Fandiño, de cuya cogida mortal de cumplía justamente un año. A la memoria de Ibán brindaron Álvaro Lorenzo y Saúl Fortes la muerte de segundo y cuarto toros. Seis toros de Fermín Bohórquez. Fortes, silencio en los dos. Álvaro Lorenzo, silencio en los dos. Joaquín Galdós, aplausos y silencio. Excelentes lances de brega de Sergio Aguilar con el segundo.

UN PRÓLOGO SENTIMENTAL: al cumplirse el primer aniversario de la muerte de Iván Fandiño se guardó un minuto de silencio, cuadrillas y asistencias destocadas, todo el mundo de pie. En cuanto se rompieron filas, la banda atacó el pasodoble que para Fandiño compuso el maestro Jesús Urrutia. La melodía de clarinetes, inspirada en aires vascos, se escuchó en versión afinada, inspirada y bien ensayada. Dio tiempo a sonar la pieza entera. Aunque la música en la plaza de Madrid carece de protagonismo, esta vez hubo quienes se volvieron al palco 29, el de los músicos, y aplaudieron. Sabedores o no del sentido del homenaje.

 

Y, en seguida, la última de las treinta corridas de primavera en las Ventas, el cuadragésimo cuarto festejo del curso. Dos imanes en el cartel: Fortes y Álvaro Lorenzo. Y una incógnita: Bohórquez, que, camadas vendidas por sistema para las de rejones de lujo, llevaba seis años sin lidiar en Madrid una corrida en puntas. La última, en un domingo de San Isidro, más que buena. Y desde entonces.

La incógnita se resolvió antes de lo previsto: desangrado, el primero de los seis, muy astifino y bien armado, pero menos toro que los cinco restantes, justísimas las fuerzas,  se apoyó en las manos sin apenas celo, se pidió sin éxito la devolución y fue protestadísimo. A la fragilidad del toro, sostenido por un capotazo terapéutico de José Antonio Carretero tras una segunda vara muy sangrada y lesiva por trasera, vino a sumarse la aparición de un imprevisto protagonista: en la tarde más cálida del año, un viento norte racheado no paró de soplar.

El primero en sufrir los estragos del viento fue Saúl Fortes, activísimo en la lidia forzada del toro -un exceso- y puesto desde el primer muletazo, acompasado en una bonita tanda de apertura y abierto fuera de rayas con el afán de alejar de tablas al toro, que había cobrado, después de banderillas, un terrible estrellón contra el burladero de capotes. En todas las reuniones se vio Fortes descubierto por el viento. Aguantó sin queja el viento y la gresca contra el palco.

El viento arreció durante la lidia del segundo, de bellas hechuras, armado por delante, tan astifino como todos. Álvaro Lorenzo tiró cuatro verónicas de mano alta, encaje posado, sueltos los brazos. El peruano Joaquín Galdós, aupado a un cartel tan de feria -Fortes y Álvaro, en el cuadro de honor de lo que va de temporada en Madrid-, intentó quitar en su turno. Lances enganchados. Fue una delicia vera Sergio Aguilar lidiar en banderillas: tres capotazos extrordinarios. En la media altura y casi enroscados, fueron prólogo de una faena parsimoniosa de Lorenzo, azotada por el viento, planteada en la segunda raya y en la paralela de tablas. En tardes de viento solo cabe torear en las Ventas en las tablas de sol, del 5 o del 6, pero, desiertos los dos tendidos, nadie cayó en la cuenta. Una faena sin variantes, muletazos en línea, claudicaciones, áspero el ambiente. Una estocada.

El tercero fue el de mejor son. De salida -el galope al trantrán tan de Murube-, al tomar engaño y al emplearse en el caballo también. Salió tambaleante de la segunda vara y se enfadó la gente mucho, pero, mientras crecía la protesta, Saúl Fortes firmó un precioso quite por gaoneras ceñidísimas, cuatro, bien voladas, ligadas, a la mexicana, la suerte cargada, el pecho suavemente inclinado sobre el viaje del toro. Y la revolera de remate. Ni una palma.

El toro pedía trato de sosiego, temple de filigrana, mano de seda. Porfió empeñoso Galdós, abusó del toreo rehilado al sentir el son del toro, su codicia y prontitud y, en la distancia o no, navegó sin ahogarse ni terminar de acoplarse ni asentarse. Una buena estocada.

Cuarto y quinto fueron toros muy grandullones. Caso 600 kilos el uno; 620 el otro. El cuarto enterró pitones antes y después de varas, y se pidió su devolución. En medio del sonoro pulso entre protestantes y presidencia, Fortes firmó con el capote cosas lindas: firmes lances de recibo, un galleo, un quite del caballo con tafallera cosido con dos mandiles. Pese al viento, un descarado arranque de faena con la izquierda -largos muletazos lánguidos- y casi nada más, pues, descubierto por sistema, el viento en remolino no pudo ni bajar la mano al toro, que, además de frágil, se puso áspero y pegajoso. Un hachazo, un desarme.

Álvaro Lorenzo fijó al gigantesco sexto con lances de exquisito compás, seis seguidos, que remató con larga elegantísima marcada abajo. Suelto de varas, ese quinto no tuvo en los engaños la fijeza de los demás, pero sí más poder que todos ellos. Adelantó por las dos manos, escarbó también, al menor tirón amenazaba con claudicar, muy poca entrega. Una faena larga pero plana de Álvaro. Con la cara entre las manos el toro antes de la igualada. La estampa más triste de la corrida. El espectáculo -la corrida más breve del curso, menos de dos horas- estaba venido abajo al asomar el sexto, que salió con alegría y fue el de más trapío de la tarde. No llegó a verse el toro bien. Indispuesta la gente, el viento implacable, abrevió Galdós con buenos muletazos de pitón a pitón, Tres pinchazos, cuatro golpes de verduguillo.

Postdata para los íntimos.- Ya apetece el salmorejo. Treinta grados a la sombra. La hermosa villa de Salteras, vergel del Aljarafe como diría un poeta, se hizo famosa hace quince años por un torero muy singular, El Cid, que acabó siendo en tantas crónicas "el torero de Salteras". Ya no es el mismo Cid que rompió hace tiempo los moldes al torear con la mano izquierda muy por abajo toros que no se sabe si le hacían sufrir o disfrutar, pensar o no pensar. Es otro torero porque los años son un retrato implacable.

De los placeres de la huerta de Salteras sabía en Sevilla casi todo el mundo de paladar, Pero no el resto del mundo. Hasta que a alguien se le ocurrió comercializar con el nombre de "Salsas de Salteras" unos frascos de salmorejo y gazpacho, cocinados con tomate del pais, que a mí al menos se me derriten en las mismísimas papilas. Oh, vergel del Aljarafe! Ayer estaba anunciado en El Tiemblo El Cid. Con una corrida de Peñajara. Pero no pudo torear porque la cornada de hace una semana en Madrid está en cura todavía. Y toreó Octavio Chacón, y cuatro orejas, y que va para torero del año. Está puesto en Madrid el domingo que viene. Chacón no es de tierra de tomates y gazpachos, sino de una de las puertas de entrada de la sierra de Grazalema, la de los pueblos blancos, donde tanto llueve en invierno y en verano. Y el tomate quiere agua de noche y subterránea, Y el sol de la primera mañana. Y no sé cuántas cosas más. De Prado del Rey no tomates, sino finas hierbas, y el alcaucil y más no sé. Cádiz es un paraíso.

 

Última actualización en Domingo, 17 de Junio de 2018 21:22