Entrega sin reservas y logros menores del torero salmantino con dos toros muy distintos de Victoriano del Río, un primero de notable aire y un gigantesco sexto que vino en oleadas
Dispar corrida cuatreña por debajo de lo esperado
Madrid, 3 oct, (COLPISA, Barquerito).- Madrid, 3ª de la feria de Otoño. Cartel de "No hay billetes". Otoñal, templado, las banderas a plomo. Dos horas y cuarto de función.
Seis toros de Victoriano del Río.
Emilio de Justo, silencio tras aviso y silencio. Víctor Hernández, silencio tras un aviso y silencio. Marco Pérez, que confirmó la alternativa, división al saludar y silencio.
Dos puyazos notables de Alberto Sandoval al sexto toro.
APLAUDIDO DE salida, remangado, cuajado, el toro de la confirmación de alternativa de Marco Pérez no terminó de emplearse en el caballo, pero apuntó en quites buena condición. Con apoyos, uno primero de Marco por chicuelinas, tres y larga, un segundo de Emilio de Justo, de dos chicuelinas y media, e inesperadamente y en réplica, un tercero de Marco mixto y profuso: mandil, tafallera sencilla, tafallera compuesta casi circular, media y revolera. Los tres quites se aplaudieron. El recibo del toro, con lances sin vuelo, no.
Estaba por saberse cómo iba a ser recibido en las Ventas el joven torero de Salamanca todavía cautivo de la etiqueta de torero precoz o niño prodigio. No tardó en resolverse el enigma: máxima exigencia. Y sin embargo no pareció pesarle el ambiente. O no se dio por aludido cuando, sometida a implacable escrutinio, la faena, bien planteada, alternando mano de tanda en tanda, se vio castigada con algún agrio pitido a partir de la primera tanda con la izquierda, despegadilla y al hilo del pitón.
Los doblones de apertura templaron al toro, y lo dejaron visto. El cambio de mano por delante en el remate fue una rica sorpresa. Bastante entero, el toro vino más traído que sometido. De su son fue muestra un circular de noria interminable. La prueba de lo mucho que pesaba por la mano izquierda fue que Marco se ayudara de la espada en la segunda tanda abrochada con farol y el de pecho al hombro contrario. Muleta diminuta, toro muy amplio, muletazos cortos por necesidad. Faena segura y de ritmo sostenido a pesar de las interferencias, incluso un pequeño coro de palmas de tango. Soltando el engaño, una estocada delantera con vómito. Aplausos en el arrastre para el toro, el mejor de la corrida. Cuando Marco salió saludar, se dividieron las opiniones.
Ni Emilio de Justo, en tarde de pocas ideas felices, ni Víctor Hernández, censurado sin mayor razón, pusieron tan caliente a la gente como Marco. Los toros que mediaron entre la confirmación de alternativa y el cierre hicieron de todo un poco. No rompió ninguno. Cuatreña la corrida entera, contra costumbre del ganadero. El tercero fue particularmente ofensivo, casi playero. Con él expuso sin cuento y sin el menor eco Víctor en un seco trasteo de valor, deslucido por los cabezazos y enganchones por la mano derecha. Ni un ole cuando salió a quitar por tafalleras en su turno del cuarto toro. Ningún reconocimiento para su entrega con el quinto, que embistió al paso y, distraído, la cara arriba, fue toro ingrato. El toro de la devolución de prendas, estrechito y engatillado, encelado en el caballo de pica, fue muy a su aire, hizo amago de rajarse y no dio Emilio de Justo con la fórmula de contrariarle. El cuarto, adormilado, pastueñito, perezoso también, tuvo fondo noble. Una faena porfiona, costosa. El sopapo trasero con que Emilio despachó al primero fue la mejor estocada de la tarde.
Tras cuatro espesos silencios volvió a escena Marco, que había quitado por delantales en el quinto. 625 kilos dio en báscula el sexto. Un volumen colosal para un torero de talla corta y peso pluma. El combate desigual -una larga cambiada de rodillas en tablas para abrir boca y superar el trago- estuvo marcado no solo por la desproporción de las partes sino por las embestidas en oleada y descompuestas del toro, certeramente picado por Alberto Sandoval, pero crudo, y por la intención de Marco de pararle los pies, fijarlo y sujetarlo. Misión imposible. Un desaire. En los mom
entos de mayor riesgo, un chungo corito de oles. Aunque se le fueron los pies para no verse arrollado, Marco acertó a cuadrar al toro y cobrar al segundo empeño una estocada letal.
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Cuaderno de Bitácora.- El primer día de otoño en Madrid. Los liquidámbares de la calle del Espejo siguen luciendo verdes de primavera. En el suelo contadas hojas amarillas. Cuando mudan a rojo escarlata las hojas antes de caer, es el momento de pasear. Los colores y el aroma de café del Santa Eulalia, un garito afrancesado que ha hecho fortuna.
Los castaños de Arrieta en el lateral del Real empiezan tímidamente a perder el tinte por las puntas. En el escaparate de Hazen, el templo de los pianos de cola, frente a la Ópera, unas hojitas de otoño repartidas entre libros y partituras, Es el escaparate de lecturas. Para todos los gustos: la obra completa del maestro Quiroga para Marifé de Triana, el libreto de Turandot y así todo.





