Dos faenas de firma, una de ellas inacabada, por culpa de un diluvio, y detalles caros de capa con dos toros sin mayor encanto
Corrida de bello escaparate y dispar condición de Alcurrucén
Madrid, 2 oct. (COLPISA, Barquerito).- Las Ventas. 2ª de la feria de Otoño. Ventoso, anubarrado, tormentoso. Descargó un violento aguacero durante y después del arrastre del primer toro y el festejo estuvo interrumpido durante veinticinco minutos. Piso encharcado y resbaladizo. 21.383 almas. Dos horas y tres cuartos de función.
Seis toros de Alcurrucén (Hermanos Lozano).
Diego Urdiales, saludos y saludos tras aviso. Fortes, silencio tras aviso y silencio. Christian Parejo, que sustituyó a Mario Navas, aplausos y silencio.
ANTES DEL aguacero fue una corrida. Y después del chaparrón, otra. La mejor fue la primera. Entre una y otra, casi media hora de receso y una amenaza de suspensión que no fraguó. Diego Urdiales y un hondo toro de Alcurrucén tan noble como justo de aliento, protagonistas. Viento, flameaban las tres banderas del torreón, nubes negras, se encendieron las lunes. A refugio del aire, en las tablas del 7, Diego recogió y fijó al toro, corretón y abanto de partida, se salió hasta los medios con él y remató con media soberbia. Lo cerró luego con lances de precisión aritmética.
Dos puyazos. Fortes quitó por altaneras, en el remate de la segunda tafallera perdió pie y cayó a merced del toro, que no hizo por él. Brindis a Mario Navas, que iba a haber confirmado la alternativa en esta corrida. Para honrar el brindis, una exquisita faena de corte vitista -vitista de El Viti- por lo puro de su temple, pero de acento propio también. Una de tanteo en la apertura con trincheras canónicas, una tanda luego en redondo con el toro muy remiso y en la tercera toma, a pulso, los primeros naturales a cámara lenta tirando del toro como si fuera juguete, y no lo era. Los primeros, pero no los últimos. Bajo una cortina de agua, una manta enseguida, Diego siguió. Desbandada en los tendidos, pero un coro rotundo de oles a pesar de los pesares. Breve la cosa porque no se podía seguir toreando en medio del temporal. Un pinchazo y una estocada. En pleno diluvio salió Diego a saludar.
Tras el receso, la otra corrida, que volvió a tener por protagonista principal a Urdiales, pero no sin que antes Fortes se embraguetara muy en serio en el recibo del segundo Alcurrucén y dibujara a placer un manojo de verónicas de lánguido vuelo. Una soberbia tanda de doblones en la apertura abrochada con trincherilla y medio natural fue promesa de una faena que se frustró enseguida, desarmes, la carita arriba del toro por la mano izquierda, enganchones y la firmeza tan distintiva de Fortes, siempre encajado, pero no suelto. Larga faena, final por bernadinas encadenadas y el primer susto de la tarde, porque el toro hizo hilo con él tras estocada al tercer intento en los medios, la persecución se hizo angustiosa y nadie llegaba al quite.
Urdiales firmó un quite de tres verónicas -la segunda, excelente- y media en su turno con el tercero de corrida, un toro que Cristian Parejo trató de torear en la distancia, despegado y aprovechando la inercia. A menos, se acostó el toro, que cazó a Parejo por la mano izquierda -voltereta monumental- y volvió a cogerlo en la reunión de una estocada echándose encima. Milagrosamente ileso el toro de Chiclana, que se había ganado la sustitución de Mario Navas como triunfador del verano de las Ventas
Los cinco lances con que Urdiales puso al borde de la segunda raya en suerte al toro para la segunda vara fueron una de las maravillas de la corrida. Lo fue también pero en toro aire una faena de sordos méritos -encontrar toro donde no había ni gota de codicia, solo medios viajes desganados- pero salpicada de invenciones en la media altura, muletazos empapados, despaciosos, uno a uno, puro mimo. Un pinchazo, media, un aviso y un descabello.
Un quinto de tremendo trapío, ensillado, inmenso, 600 kilos, con fijeza pero la cara arriba, cabezazos en los remates, demasiado enganchones, parecía pesarle a Fortes la muleta y solo a última hora una tanda en redondo muy bien tirada y ajustada. Pero la gente, que había vuelto a llenar los tendidos como por arte de magia, estaba ajena. Abierto de cuna, el sexto, las manos por delante, trotón y a escape hasta que Raúl Ruiz, en turno de brega, puso orden con tres capotazos. Toro venido abajo a las primeras de cambio y un pequeño calvario de Cristiàn con la espada.
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Cuaderno de Bitácora.- Sol o moscas. Nada.





