TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Pamplona. Crónica de Barquerito: Pleno de Tomás Rufo con dos jandillas sobresalientes.

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Cuatro orejas, botín del torero toledano en su tarde más ambiciosa del curso

 

Final feliz de la octava de sanfermines

 

Corrida brava y bastante completa de Jandilla y Vegahermosa, premiada por el jurado de la Feria del Toro

 

Roca Rey, en son menor


Pamplona, martes, 14 de julio de 2026.- 10ª y última de San Fermín. Muy caluroso. 37 grados. Lleno. 19.700 almas. Dos horas y cuarto de función.

Tres toros -3º, 5º y 6º- de Jandilla y tres -1º, 2ºy 4º- de Vegahermosa (Borja Domecq Noguera). El tercero, Castigado, número 80, 565 kilos, premiado con la vuelta en el arrastre.

Juan Ortega, oreja tras aviso y silencio tras petición. Roca Rey, oreja y silencio. Tomás Rufo, dos orejas en cada toro.

Picó perfecto al cuarto Óscar Bernal.

Tardo y distraído de salida, suelto también, el toro de Vegahermosa que partió plaza ganó apresto después de banderillas. El pulsito bueno de Juan Ortega en dos tandas, una por cada mano, y la manera de abrirlo y sujetarlo fueron clave. La apertura, sentado Ortega en el estribo, cinco por alto, el de pecho y un molinete, prendió la mecha de la faena y, sin saberlo, la de la corrida misma, que por bravura y entrega iba a ser la corrida de la feria. La más completa. Cuando doblaba ese toro primero cayó un aviso.

De Vegahermosa -el segundo hierro de Jandilla- fue un segundo que salió embistiendo del caballo de pica, aguantó sin mácula dos quites, uno de Tomás Rufo por despegadas saltilleras cosidas con gaonera y revolera y otro de réplica de Roca Rey por gaoneras ajustadas, con ese punto mecánico de su toreo de capa, abrochadas con larga y brionesa. El toro apretó en el remate. Roca se atuvo a su infalible código de conducta: de rodillas por alto -el cuarto de tanda, cambiado-, con el subrayado coral debido –“Perú, Perú, Perú, Perú…”, dos tandas de mano baja más en línea que en redondo, una con la izquierda ayudándose y algún enganchón, y un final sin ligar, muletazos sin vuelo, gesto poderoso. Y una estocada letal.

El tercero, cinqueño, fue del hierro matriz, Jandilla. La corrida se había anunciado como Jandilla y Vegahermosa, que son desde el año 20, si no antes, exactamente lo mismo. Pues este jandilla galopó y remató de salida mejor que ningún otro en la feria. Apenas picado, al relance un primer puyazo simulado, y un segundo solamente señalado, el toro, que había apuntado ya en el capote de Rufo -a pues juntos tras larga afarolada de rodillas en el salud- y en el de las chicuelinas de un gracioso quite de Ortega, rompió a embestir con colosal estilo. Y lo hizo en los medios en una primera tanda de rodillas, la mano corrida, que habría podido violentarlo porque no procedía forzar tanto. Dio lo mismo. En la vertical, y en abundantes tandas ligadas por las dos manos, separadas por pausas injustificadamente largas y cocidas en distintos terrenos, Rufo se dejó ir y se templó. No contaron los espacios vacíos tanto como la autoridad y el buen gobierno. Una estocada ligeramente desprendida. Dos orejas. Vuelta al toro, extraordinario.

De los tres jandillas cinqueños el de menos interés fue un cuarto hocicudo, que cabeceó, se apoyó en las manos, se puso probón y no quería soltarse de engaño. Ortega se buscó la vida con él sin apuros y lo tumbó de estocada caída. El quinto de corrida, el más amplio del envío, 600 kilos bien visibles, son bueno de salida, otro que salió embistiendo del caballo de pica, no terminó de convenirle a Roca Rey, que lo había brindado desde los medios. Discreto empleo, algún tirón de sobra por la mano derecha, naturales ayudados sin descararse ni soltarse, un amago de péndulo que se quedó en nada, un pinchazo y, echándose fuera -raro en Roca- una estocada.

Estaba por salir el tercer vegahermosa, que fue una bomba y no un bombón, como tantos jandillas. Un toro legítimo, que igual que el tercero de la vuelta en el arrastre, estuvo embistiendo por derecho de principio a fin, tal vez con más profundidad, por decir algo, más densos los viajes, menos fugaces. Por una y otra mano, enganchado a muleta rastrera por la izquierda, demasiado en corto cuando el toro pidió más espacio. Y un punto de especial distinción: su manera de humillar. Embraguetado, firme, seco y serio, Rufo vio el cielo abierto. Banderas bellas de apertura y una faena lanzada, poderosa, dominadora. un punto precipitada, con sus golpes brillantes y una estocada que desató una euforia no vista en esta feria. Dos orejas más.

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Última actualización en Martes, 14 de Julio de 2026 21:16