TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

  • Incrementar tamaño de la fuente
  • Tamaño de la fuente predeterminado
  • Decrementar tamaño de la fuente

Pamplona. Crónica de Barquerito: Una apacible y apagada miurada.

Correo Imprimir PDF

Faenas sembradas de tiempos y más tiempos muertos de Escribano con un lote de buen trato


Pepe Moral castigado con el lote menos propicio y espectáculo Colombo, teatral y ligero


Pamplona, lunes, 13 julio de 2026. (COLPISA, Barquerito).- 9ª y penúltima de San Fermín. Canicular. Lleno. 19.700 almas. Dos horas y media de función.

Seis toros de Miura.

Manuel Escribano, oreja y vuelta tras aviso. Pepe Moral, silencio en los dos. José Enrique Colombo, oreja tras aviso y silencio tras dos avisos.

UN LARGIO, casi interminable y tedioso espectáculo. Una corrida cuatreña de Miura -solo un primero cinqueño- de buena alzada, seria de cara -tercero y quinto, más armados que los demás-, cumplidora pero desigual y muy pegada en el caballo, ágiles, cuello largo, bastante apagada, con más fijeza de lo habitual en la ganadería. El sexto fue con diferencia el de mejor son y mejor nota. No hubo toro con segundas intenciones, aunque el quinto se enterara pronto y pusiera a las cuadrillas en estado de alarma.

Por la manera de dolerse y apoyarse en las manos fue, dentro de un orden, el más miura de libro. Con todos, salvo ese quinto, pudieron los tres de terna desplantarse de rodillas y de frente. Un detalle nada trivial, indicio manifiesto de una reducción de la vieja fiereza insolente del toro de Miura. La muerte del quinto barbeando las tablas tuvo también sello distintivo. Escribano y Colombo llegaron  a hacerlo inermes, fuera muleta, fuera espada, yo solo. Por alzada no fue corrida sencilla para las espadas. Ducho y experto, Escribano metió la mano con habilidad. Colombo cobró em el tercero un zambombazo marca de la casa pero en los bajos y el toro respondió con el arreón de la casta antes de rodar sin puntilla. Pepe Moral cobró una rara media a capón con un descabello de propina.

Fiel a su guión de siempre -protocolo previo a plantarse a porta gayola en las dos bazas, pares de banderillas muy apoyados y sin atenerse a la regla de terrenos, postureo constante- Escribano se enredó en dos trasteos de abusivos tiempos muertos, transiciones exasperantes entre tanda y tanda, paseos de circunvalación. Faenas sin hilván de fondo, de mucha seguridad -la veteranía y el conocimiento de la ganadería son todo un grado en su caso- y muchos gestos al personal buscando su complicidad. Veinticinco minutos de reloj se tiró con el primero desde el momento de ir caminando en busca de la puerta de toriles hasta la hora de echarse el toro. Y más o menos el mismo tiempo con el cuarto, y entonces el castigo de un aviso-

El lote de Pepe Moral fue el más ingrato. El segundo esperó y cortó en banderillas, y fue el único que lo hizo. Amuermado enseguida, dejó sin más estar. Con el quinto, un problema a pesar de su falta de fuerzas, no se ahogó. La pasividad y falta de competencia de Colombo con el tercero fue muy llamativa. No solo tiempos muertos, es que ni intención de acercarse al toro. La muerte fulminante del toro desató la petición de oreja más inexplicable de la feria. Y oreja. Muchos rodillazos y saltos con el notable sexto, que repitió y humilló de bravo con estilo. Una estocada corta, toro amorcillado y dos avisos. El diálogo desafiante con las peñas de sol no fue suficiente amparo. Teatro del malo.

=================================

Cuaderno de Bitácora.- Los encierros de Pamplona se han venido masificando hace tiempo. Habría que buscar una palabra todavía más expresiva. ¿Masas de corredores?

No basta para explicar ese amasijo humano de todas las mañanas, un día tras otro. Las imágenes cenitales de televisión son elocuentes. Parece imposible que pueda juntarse tal cantidad de gente en puntos tan cruciales del recorrido como Mercaderes y el agónico sprint de la calle Estafeta. En el tramo más peligroso, el de Telefónica, la densidad es menor. Con todo, no deja de ser masa. La masa ha llegado a ocultar la lámina de los propios toros que corren el encierro. El papel salvavidas de los pastores se ha hecho innecesario. La sabia decisión de prohibir corredores en la plaza ha agilizado la función final. Los dobladores, piezas clave en ese último punto del trazado, ya no tienen que pelearse con los patas. Se llama pata al corredor sin experiencia pero atrevido.

En estos primeros siete días de San Fermín, los más ruidosos y calurosos de la historia, solo ha habido tres corredores heridos por asta de toro. Uno de ellos, con una grave cornada en la cara que le ha destrozado la boca. El número de lesionados por caídas, golpes y atropellos se ha multiplicado. Un promedio de seis o siete fracturas o serias lesiones de cráneo, pecho, brazos, pies y piernas. Ya no trabajan a destajo los cirujanos, que todavía, pero el protagonismo ha pasado a los traumatólogos.

Me tomé la molestia de recopilar los lugares de origen de todos esos corredores víctimas de la masificación. Paso el listado. Azuqueca de Henares, Bérriz, Cambrils, Pamplona, Moixent, Castro del Río, Alicante, Sarriguren, Fresnillo de las Dueñas, Navás (aguda, provincia de Barcelona), Bilbao, Ayora, Burgos, Mañaria, Villava, Castellón, Almazora. Zizur, Barañáin, Durango, Segovia y Estados Unidos de América (sin especificar estado). Datos recogidos de las páginas del Diario de Noticias de Navarra.
Última actualización en Lunes, 13 de Julio de 2026 21:45