TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Madrid. Crónica de Barquerito: Una faena de Daniel Luque de mérito mayor.

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Pero no reconocida ni premiada en su valor con un aplomado quinto toro monumental

 

Retirada la corrida prevista y esperada de El Parralejo, entró en juego una cinqueña de Vellosino mansona y parada

 

David de Miranda, casi inédito en su regreso a Madrid


Madrid, jueves, 14 de mayo de 2026. (COLPISA, Barquerito).- 6ª de San Isidro. Soleado, ventoso, fresco. No hay billetes. 23. 600 almas. Dos horas y cuarto de función.

Seis toros de Vellosino (Manuel Núñez Elvira).

Castella, silencio y silencio tras dos avisos. Daniel Luque, ovación tras aviso y saludos tras aviso. David de Miranda, silencio en los dos.

CON LA EXCEPCIÓN de un segundo bien armado, la corrida de Vellosino fue toda cinqueña. Dio toda entera sensación de corrida improvisada o sin preparar. De muy desigual traza, dos toros últimos gigantes y tres primeros terciados, había entrado en remplazo de la anunciada de El Parralejo, rechazada en parte en los reconocimientos.

Mansearon los cuatro primeros. Tres de ellos trotaron de partida lamiendo tablas, incluso buscando el tercero puerta de salida. Los tres hicieron hilo en banderillas apretando a la querencia de tablas. Zurrado sin piedad en el caballo y molido a capotazos cautelares sin sentido, el primero claudicó a las primeras de cambio, estuvo a punto de llevarse a Castella por delante en un acostón, a la segunda claudicación se enfadó la gente y Castella se fue por la espada.

El cuatreño segundo vino a ser el toro problemático de la corrida. Encelado en un primer puyazo que tomó corrido por dentro, recostado luego contra el caballo, fue, con menguado poder, toro incierto y a la defensiva. Rebrincado, topò y cabeceó cuando tomó engaño sin entregarse ni una sola baza. Le tomó la medida Daniel Luque, que expuso sin cuento, dibujó fino con la mano izquierda a pesar del viento, ligó dos tandas de mérito y pareció empeñado en apurar hasta el último aliento del toro, que fue ingrato hasta para doblar. Una estocada de ley, muerte lenta, un aviso. No quiso Daniel salir a saludar.

Con el aura de triunfador oficial de Sevilla, David de Miranda se hizo respetar en el saludo del toro que buscó salida con unos lances cortos, ajustados y limpios en tablas. Apalancado en el caballo, suelto después de picado, distraído, esperó en banderillas, tuvo la embestida desentendida del manso. Apenas una decena de viajes de provecho. Una tanda de estatuarios para abrir Miranda una breve faena de quietud, linda tanda en redondo y el toro a tablas sin demora. Una estocada desprendida.

Castella se eternizó en una faena somnífera y plana de pases y tandas en remesas idénticas con un cuarto sin apenas celo, pero manejable al que perdió por sistema pasos. Faena acogida con glacial indiferencia y castigada con dos avisos, el primero de ellos antes de la igualada. Amenazó con caer el tercero por su desacierto con las espadas.

Luego llegó la faena de la tarde, que llevó la firma y el sello de Daniel Luque. Un quinto toro de 610 kilos que romaneó en la primera vara, quiso huirse después y aguantó vivo dos quites, uno apurado e improcedente de David de Miranda por saltilleras y otro de réplica gratuita de Luque por chicuelinas, tres, y media excelente. Luque brindó al público -era el cuarto y último toro que mataba en San Isidro-, eligió los terrenos de tablas del 5, donde el viento molesta menos, y se propuso y consiguió con bíblica paciencia que el toro, aplomado y perezoso, fuera poco a poco tomando engaño por los vuelos. A pulso, pisando terreno de compromiso, Daniel impuso su dominio, tiró del toro, lo enganchó por delante, hasta estuvo a punto de enroscárselo y, peleando contra el muro, ligó tandas cortas antes de echarse el toro por delante en pases de pecho, que fueron hasta dos seguidos. Por la manera de estar, su poder y sus logros, fue faena digna de mayor atención. Un aviso antes de cuadrar, una estocada excelente, el toro se acabó echando en tablas, no cundió la petición de oreja, no le dejaron dar una vuelta al ruedo que habría sido rácano premio.

El sexto, acucharadito, de serio cuajo, se empleó en un segundo puyazo, parado a las primeras de cambio, claudicó, buscó las tablas y dobló de estocada caída. Público chillón.

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Cuaderno de Bitácora.- Al inaugurarse la plaza de las Ventas, de manera oficial en 1931 pero como circo de funciones continuadas en 1934, la plaza pronto después demolida de la carretera de Aragòn pasó a la historia como la "plaza vieja". La fachada nueva, la de los desprendimientos, tomó inspiración de la de la vieja. Pero la multiplicó en dimensiones y grandeza. El aforo de los tendidos de multiplicó por dos y se ganó en verticalidad. O se perdió.
Última actualización en Jueves, 14 de Mayo de 2026 21:08